La guerra de Calderón enfrenta a la PGR, SCJN,SSP y SEDENA

La decisión más rápida de Felipe Calderón al iniciar su gobierno, fue la de combatir al crimen organizado de una manera peliculesca como  estrategia de legitimación después de las especulaciones que causó, nacional e internacionalmente, su cuestionada victoria electoral en el 2006 sobre el izquierdista Andrés Manuel López Obrador.

Las consecuencias de esa decisión, a todas luces mal calculada, son a estas alturas pavorosas. Simplemente la estrategia se salió de control. Hoy la sociedad teme por igual a los policías federales y a las fuerzas armadas que a los más sanguinarios delincuentes que existen en el país. No solo sicarios del narcotráfico, sino los emergentes carteles de secuestradores, extorsionadores o asesinos por contrato que han proliferado en el país cobijados en el manto de sangre provocado por la guerra de Calderón.

El gobierno pasa de la ineficacia al cinismo con un desprecio por la sociedad que espanta. Se anuncia que TODOS los policías adscritos por la Secretaría de Seguridad Pública para proteger el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México han sido removidos de sus funciones y trasladados a otros puntos del país.

Esta decisión se toma como consecuencia del escándalo mediático que desató la balacera en la Terminal 2 del AICM entre dos grupos de policías federales relacionados con el tráfico de drogas y que dejó un saldo de tres muertos. De los agresores dos aún están prófugos.

Nadie sabe si esa decisión es una estrategia publicitaria de la corporación o un remedio suficiente para detener el fenómeno de la poderosa capacidad corruptora del crimen organizado entre los cuerpos de seguridad del estado.

Decía Napoleón que el escenario ideal para cometer un crimen es una guerra. Y en la guerra de Calderón se han cometido muchos crímenes entre los propios elementos de las diferentes corporaciones policíacas del gobierno, e incluso entre integrantes de las fuerzas armadas, cuya presencia en este escenario de enfrentamientos sigue siendo debatida por los especialistas de los medios y comentada hasta el cansancio por la sociedad.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación, institución que ha perdido niveles de credibilidad, autonomía y confianza social, ahora sirve de nota al periodismo anti gobiernista por el affaire de un colaborador de confianza del ministro Sergio Valls de nombre Carlos de la Barrera Vite, al que ligan en operaciones que realiza nada menos que el cartel del Chapo Guzmán.

La nota no es la espectacularidad con que se realizó la detención del colaborador del juzgador. Sino la de un presunto enfrentamiento entre la PGR y la Corte.

A quién sirve ese enfrentamiento?

Obviamente no le sirve al ministro Valls que ha declarado que si su colaborador filtró información a la delincuencia organizada fue cuando estuvo en la SIEDO y no en la Corte a sus órdenes. En todo caso queda en evidencia que el control de calidad que el ministro Valls tiene para seleccionar a su personal es prácticamente nulo y se le cuelan tipos del perfil de Carlos de la Barrera Vite.

Menos le sirve al presidente Calderón que a estas alturas del sexenio es cosa históricamente juzgada. Ya nada de lo que haga Calderón como presidente hace un mal mayor a México que el que le han ocasionado muchas de sus decisiones y tampoco, justo es decirlo que los ha tenido, sus logros se incrementarán de manera sustantiva.

Para la Procuradora Marisela Morales el asunto es meramente de procedimiento. No tiene tintes políticos que la PGR capture a un servidor de la delincuencia organizada. El personaje en cuestión, Carlos de la Barrera, sirvió de personero en litigios como el del presidente de la cooperativa Cruz Azul Guillermo Álvarez de una manera interesada. No es pues un ciudadano que se distinga por su honorabilidad.

El asunto del enojo de ciertos segmentos castrenses por la decisión de revisar el fuero militar, era una solicitud de los abogados practicantes y de los estudiosos del derecho por su obsolescencia y contraposición a las nuevas condiciones sociales de la nación. Tampoco puede considerarse un elemento de enfrentamiento entre las entidades involucradas artificialmente en este caso.

Es simplemente un nuevo crucigrama que le hereda Felipe Calderón a Enrique Peña Nieto con este fuego mediático y  cruzado entre la Corte, la PGR, la SEDENA y la SSP que atizan ciertos comunicadores. Las prioridades del virtual presidente electo, se las cambian ya con harta frecuencia los desenlaces del mal gobierno panista.

Y lo peor del caso, es que Calderón lo hace sin darse cabal cuenta de ello.

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