August 15, 2019 03:27

Construir edificios sin destruir el futuro

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Que tenga la garantía de permanencia, empero, no significa que los ejemplos de constructoras particulares puedan sobrevivir sin adecuarse al entorno.Internet

La industria de la construcción es una de las más tradicionales y lleva ese título con mucha honra. Eso le ha permitido, entre otras cosas, mantenerse como una de las principales actividades económicas en todo el mundo, tanto en la riqueza que genera como en la cantidad de empleos que dependen de ella y ha salido avante (como industria) de grandes crisis económicas mundiales, y de cambios tecnológicos que han desaparecido sectores industriales completos de un plumazo. 

La clave para las empresas es comprender que no deben ser constructoras de edificaciones específicas, pues eso sí las pone a merced de una decisión política (eliminación del subsidio a la vivienda, por ejemplo) o de una tendencia generacional (los millenials, centenialls o similares que aspiran a un modo de vida en el que no caben bien ni las casas tradicionales, ni las hipotecas). Lo que este sector económico controla, junto con toda la industria inmobiliaria, es la transformación, administración e innovación del espacio físico, del espacio vital donde las personas realizan todas sus actividades sociales, económicas, espirituales y casi cualquier otra. Y eso jamás pasará de moda, porque no es una tendencia, sino una necesidad humana básica de todos los tiempos.

Que tenga la garantía de permanencia, empero, no significa que los ejemplos de constructoras particulares puedan sobrevivir sin adecuarse al entorno. En los tiempos que vivimos, dos temas se han vuelto aristas neurálgicas para proyectar la viabilidad del negocio a largo plazo: la integración tecnológica y la sustentabilidad ambiental. Dedicaremos este artículo a hablar de esta última, debido a que ha sido motivo de controversia por los microsismos sufridos en la Ciudad de México hace algunos días.

Luego del fenómeno, una posible explicación se hizo bastante popular en los medios: los sismos ocurrieron por las obras y la extracción permanente de agua del subsuelo de la capital. De ahí, se siguió el ciclo noticioso normal, donde los columnistas citaron términos geológicos sin saber qué significaban y otros los refutaban con la misma técnica. Es lo de menos. Lo importante es que va ganando cada vez más visibilización la responsabilidad social que tienen la industria de la construcción y el propio gobierno para garantizar su cumplimiento.

Buscando artículos académicos sobre la planeación de la eficiencia acuífera en la industria de la construcción, me fue muy difícil encontrar textos latinoamericanos que hablaran sobre el tema y que no fueran notas periodísticas o llamados a misa en un contexto general de que tirar el agua está teniendo consecuencias cada vez más riesgosas en el corto plazo. Específicamente, sobre el manejo de sustentabilidad del agua en el sector de la construcción en México, nada.

El mejor texto que econtré fue uno de 2014, de investigadores de una universidad de Sri Lanka. Los hallazgos fueron desalentadores. Según ellos, las partes interesadas en el sector (stakeholders) reconocen que no está aún desarrollada la línea de planeación ni ejecución de construcciones basadas en la eficiencia del uso de agua y la subsumen, en el mejor de los casos, en la eficiencia energética, que es un tema distinto y que, bien o mal, ya tiene los reflectores globales encima.

En la Ciudad de México, que ya no tiene hacia donde crecer, trece de las dieciséis alcaldías dependen para su suministro de agua potable del sistema Cutzamala, sobrexplotado y que, por el aumento poblacional en el estado de México, a quien también surte, requiere de ampliaciones y proyectos de reingeniería que, además de enfrentar una fuerte oposición social, sólo serán un parche temporal.

Nuestro nivel del debate público en los espacios de opinión deja mucho qué desear. Eso ha hecho del catastrofismo un estilo periodístico más que una licencia literaria. Pero las falsas alarmas no deben impedirnos ver los verdaderos focos rojos que pueden tener consecuencias económicas y ecológicas irreversibles en menor tiempo del que pensamos. La sustentabilidad en el uso de la agua para las nuevas construcciones, en todos los estados de la república, es un tema que merece estar en la agenda legislativa nacional.

 

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