Un NL de dos sopas: o destitución del Bronco o aceptación de soborno

Jaime Rodríguez
Jaime RodríguezCuartoscuro

El Bronco está en los peores términos con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador

¿Los diputados locales del Congreso de Nuevo León pueden ser sobornados por el gobernador constitucional Jaime Rodríguez Calderón? La esencia de la política es el soborno. Es parte de nuestra historia de corrupción e impunidad. Si el Bronco está dispuesto a “relanzar” su imagen con una partida de diversas dependencias de 100 millones de pesos, ¿cuánto está dispuesto a soltarle a los legisladores? Mucho, sin duda.

A diferencia del gobernador priista Rodrigo Medina de la Cruz, el Bronco puede acabar en la cárcel no 19 horas o 18 horas sino meses, cuando menos. En Nuevo León se habla de un castigo ejemplar al gobernador, pero hasta ahora todo han sido líneas discursivas de golpeteo mediático –sólo el senador de MC, Samuel García, se ha atrevido a hacer denuncias formales. Los diputados tienen hasta diciembre para acatar las resoluciones judiciales de condena a Rodríguez Calderón, mientras más se tarden, su credibilidad actual, de por sí muy exigua, se convertirá en crisis de representatividad: si no se destituye al Bronco, los diputados serán “destituidos” de las próximas elecciones intermedias.

El Bronco está en los peores términos con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador; los medios de comunicación regiomontanos, no podía ser de otra manera, son empresas de información, no periodísticas, aceptaron la lana de “relanzamiento”; la ciudadanía ya condenó al Bronco y su corrupción estructural y familiar. Si los diputados se hacen patos, aceptan soborno, moche, también serán condenados en las urnas.

En Nuevo León el tiempo no sólo trabaja en contra del Bronco, trabaja, sobre todo, en contra de los diputados. Si no pasan de la palabrería y discursos vanos a la acción, irremediablemente perderán, y así serán señalados en los litigios electorales –mediáticos y de redes sociales– que se aproximan.

Si los diputados no destituyen al Bronco, cavarán su propia tumba electoral para sí mismos y para sus partidos. La disyuntiva política se impone: destitución o soborno. Un Nuevo León de dos sopas: o destitución del Bronco o aceptación de soborno.

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