El "despeine" aún no aparece... dicen

En la Universidad Iberoamericana, los alumnos que mostraron su repudio a Enrique Peña Nieto dieron pie a una discusión en algunos medios, entre quienes consideran que este hecho es irrelevante y que es réplica de lo que en la campaña de 2006 ocurrió con el entonces candidato panista. Y quienes sostienen que es un hecho insoslayable que demuestra no solo el aventajado margen de rechazo entre la comunidad académica del país a la figura del candidato priísta sino también la reconocible respuesta y condición contestataria del universitario mexicano y celebran el hecho.

Enrique Peña Nieto fue, nuevamente, mostrado tal cual es, igual en el grito dentro del foro: “ahora en inglés…” (Cuando terminaba su discurso inicial) en donde hizo una pausa y se sentó lentamente para detener una reacción mediática, pero fue notoria su incomodidad, acomodó su saco y con tibieza recorrió su pluma para luego descomponer el rostro que fingía una risa cómplice.

Enrique Peña Nieto fue tomado como lo que demuestra su bajo perfil intelectual, evidenciado en sus fallidas exposiciones y la mala reputación de sus asesores, cuando un alumno con sarcasmo, al preguntarle y observar el rostro desencajado del candidato, definió el término “anomia” por la presunción de que Enrique no conocía su significado.

Enrique Peña Nieto respondió a algunos cuestionamientos, mintió, pero en uno en particular espetó con cinismo una verdad pesada: “yo ordené el operativo en Atenco…”: él ordenó la represión, las documentadas violaciones a las garantías individuales, los golpes, las agresiones sexuales tumultuarias, las muertes.

Enrique probó la fuerza de la protesta social.

Peña se escondió al son de: “¡Cobarde!”, “¡Fuera, fuera, fuera!”, “Se ve, se siente, Enrique delincuente”, “¡La Ibero no te quiere!”, “Atenco no se olvida”, “¡Peña, asesino!”.

El candidato priísta resolvió salir apurado. Cuidar las poses y recrudecer el paso. Callar las gargantas con su salida. Olvidar el trago amargo y refugiarse en lo que a él gusta: la aceptación sin cuestionamientos, el apacho, los besos, los abrazos, su “zona de confort”: la ignorancia social.

Muchos podrán afirmar que con gritos no se gana nada. Pero el fondo, no son los gritos, sino lo que reclaman: justicia y dignidad para un caso, por mencionar uno, Atenco. Pediría al lector que imagine por un momento: ser un agraviado, despojado, golpeado, violado, madre o padre de un asesinado, de un joven detenido. De la mujer u hombre sin rostro que conoció la represión y aguarda justicia. Que ve a su victimario encumbrado. Que no encuentra eco en los medios sin responsabilidad social. Que fue arrebatado de su dignidad, de su libertad, de cualquier elemental justicia. 

La cúpula priísta pide una investigación sobre los jóvenes que participaron del acto, sería recomendable que recordaran las motivaciones de esos jóvenes y pidieran investigaciones sobre la aceptada responsabilidad del caso Atenco.

Televisa oculta información. Milenio sale a la defensa abierta. Twitter hace eco del hecho. YouTube muestra su fuerza. Por desgracia, insuficiente.

Así Enrique volvió a ser exhibido, con control de daños, nadie vio nada, nadie gritó. Tampoco nadie murió en Atenco, nadie fue violado, nadie fue golpeado, la protesta social fue respetada. Y a Enrique, dicen, nadie lo despeina. A la mitad de la campaña. Nadie. Por ahora. Ni Atenco, ni Montiel, ni Paullete, ni Mónica, ni el gasto en comunicación documentado en "papelitos" denostados por "intelectuales orgánicos" (ergo, un empleado de Televisa: Aguilar Camín), ni su relación con Salinas, ni la flagrante defensa de las televisoras, ni la "campaña de contraste" de Josefina, ni cientos gritándole que no lo quieren, ni su ignorancia, ni su cinismo, ni un expediente que aguarda en la PGR, ni las redes de prostitución infantil que relacionan a varios ex gobernadores priístas, ni los pactos con el Narco, ni los desfalcos a los gobiernos estatales priístas, ni Moreira, ni Marín, ni Ruíz. Ni siquiera su incumplimiento del Compromiso. ¿Quién entonces? 

 

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