¿Aquél que muere de hambre, tiene derecho a robar?

“Todos los hombres nacen iguales, pero es la última vez que lo son", decía  Abraham Lincoln.

 

En mi columna anterior hablé sobre la pobreza en nuestro país y las condiciones inhumanas en las que vive una gran parte de la población.

 

Ahora me gustaría plantear una pregunta: ¿aquellos que mueren de hambre tienen derecho a robar?

 

En un marco ético de “ojo por ojo, diente por diente” en teoría si podrían, sobre todo en un país donde tienen el ejemplo de aquellos que los gobiernan.

 

Es muy difícil establecer juicios de valor a este respecto y la situación actual de nuestro país nos plantea grandes cuestionamientos. ¿Acaso el fin justifica los medios?

 

Podríamos pensar que el hambre es una de las razones por las cuales ruedan cientos de cabezas diariamente, ocurren miles de asaltos, robos y secuestros.

 

Contados son los afortunados que no han caído en las garras de la delincuencia organizada. Todos, por lo menos, nos enteramos lo que le ocurrió "al primo de un amigo".

 

Mi respuesta hacia esa pregunta sería un rotundo no. No me parece que esa sea la solución a la pobreza. Solamente lograría que la mediocridad fuese una constante y la sangre una costumbre.

 

Me parece que el cambio solo lo podemos lograr a través de nuestra propia transformación personal.

 

Preguntarnos: ¿Estoy conforme con la forma en la que vivo? ¿En la que me es imposible salir a la calle sin temor? ¿Alojo en mi vida a un huésped llamado miedo?

 

"No hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran", dice aquel sabio refrán.

 

Por eso, antes de hacer cualquier cosa debo preguntarme: ¿estaría conforme si alguien me hiciera eso, o me disgustaría? Si la respuesta es esta última, entonces no puedo hacerlo. Iría en contra de mis principios.

 

No tengo que tratar de convencer a los demás, la respuesta esta en mí. Esto viene desde no darle una mordida a un policía, con tal de evitarme algunos tramites, hasta robarle algo a alguien, sea quien sea.

 

Lo más fácil termina siendo lo mas difícil. En algunas ocasiones facilita la llegada a la cárcel o al panteón. Aunque en nuestro país hay mas inocentes que culpables tras las rejas, causado por lo mismo.

 

Corrupción y conveniencia, dos palabras que viajan en las mentes de los mexicanos, en su mayoría. Sería ideal desaparecerlos de nuestros diccionarios; por el contrario, no puedo imaginarme lo mal que va a estar la república: en un futuro no muy lejano.

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