August 21, 2019 14:19

La hora de la cultura

Julio Glockner
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Al final del día, el próximo responsable de la gestión cultural en Puebla será una persona que honra con creces los principios ideológicos de la 4T. Además de ajustarse con escuadras a la definición ofrecida por el presidente de la República en una mañanera. Interrogado por un reportero sobre los temores que envuelve al gremio de la cultura y la ciencia por los recortes, el presidente de México respondió que nunca como en su gobierno “se había apoyado tanto a la cultura”, particularmente la de los pueblos originarios.

Amén de aclarar que “todo es relativo, porque habría que definir qué entendemos por cultura, porque si se trata de apoyo a la cultura, les podría decir que nunca se había apoyado tanto a la cultura como ahora, en mi concepción de cultura. Porque la cultura es lo que tiene que ver con (lo que hacen) los pueblos y nunca los pueblos originarios, los integrantes de nuestras culturas, habían sido atendidos como ahora. Imagínense que todos los programas sociales, el objetivo preferente son los pueblos indígenas, que es la verdad más íntima de México, es lo más importante culturalmente hablando”.

Se trata de una definición generosa la que ofrece el presidente de México, pues por primera vez se pone por delante a los negados de siempre, y contradice los moldes tradicionales que han dominado las acciones de la cultura y las artes. Una definición sin jerarquías de por medio, que concierta muy bien con los principios de las corrientes antropológicas.

Julio Glockner, el próximo titular de la dependencia que encarecerá la gestión cultural, es antropólogo, formado en la ENAH, de finales de los setenta, comprometido con el indigenismo y los derechos autonómicos de los indios. Hasta donde recuerdo el suyo sería el segundo caso en el país. En el que un antropólogo de academia asume la máxima magistratura cultural en una entidad. El primero se registró en Chiapas, con el nombramiento de Andrés Fábregas.

En sus primeras declaraciones públicas, Glockner, ha manifestado que es la hora de los antropólogos, tal vez con el fin de ponderar que ahora sí la acción cultura tendrá un carácter igualitario, sin los viejos distingos entre la baja y la alta cultura, entre el arte y las artesanías, entre el folclor y la música clásica. Sobre la base de que en materia de creación, en una sociedad democrática, el deber del estado es la subvención a los creadores, en una relación de pares.

Por lo demás, ciertamente se requiere del concurso de los antropólogos (soy el primer apuntado), pero me parece que también se requiere de la palabra de los arquitectos e historiadores del arte,  porque hay proteger y visibilizar la arquitectura del siglo XIX, la más vilipendiada por razones ideológicas, pues erróneamente se le asocia con el porfiriato y la hacienda.

Hay que revisar el estado que guardan las colecciones en resguardo de los museos, y actualizar su discurso museográfico, pues la mayoría corresponden al canon de los sesenta y setenta. Porque, hay que recordarlo también, además de ser poderosísimos medios de comunicación, los museos estudian , protegen y resignifican el patrimonio cultural.

Puebla es de los pocos estados con una producción artesanal importante (la talavera cuenta en esta categoría) que no cuenta con escaparate digno para su difusión, capacitación y experimentación de nuevos modelos. En esa misma tesitura, hace falta un espacio para albergar las expresiones pictóricas, escultóricas, fotográficas, modernas y contemporáneas.  Hace falta incentivos para los teatreros. Y reconocer a sus principales protagonistas. Pienso en Juan Tovar, quien el año entrante cumple 80 años de vida.

Hay un patrimonio igualmente importante, como el arquitectónico y musical, que se va de las manos sin que nadie repare en él. Me refiero al que tiene que ver con el universo digital.

El gobierno panista redujo lo que llamó “servicios culturales” al fomento de los artes, la lectura y música. Sin lugar a dudas acciones importantes, pero no suficientes para una población pluriétnica y pluricultural como Puebla. La nueva gestión tiene el deber de superarlos y abrir nuevos caminos de protección y creación intelectual.

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