El arroz con mango y el cuestionado triunfo del PRI

Dice Martha Hildebrandt que los orígenes de la expresión arroz con mango se pueden rastrear en Venezuela, en Cuba y en algunos países de América Central. Su uso denota una singular e inoperante combinación de elementos, por lo que aplica para señalar una mezcla incongruente, fuera de toda lógica.

Y esta expresión bien pudiera aplicarse al cuestionado triunfo del PRI en las urnas.

Según sea la línea editorial, los distintos enfoques de sesudos analistas coinciden en que el triunfo del PRI no es tal, frente a las evidencias que demuestran que Enrique Peña Nieto no ganó la elección, la compró y este hecho va más allá de simpatías políticas o personales. Lo cierto es que a nadie conviene esta democracia simulada.

Pero el arroz con mango no termina ahí. Quienes no votaron por Andrés Manuel López Obrador argumentan una imposición a la inversa. En algunos casos, ni siquiera votaron por el PRI o el PAN por considerarlos una mejor opción para México, sino en contra de AMLO. Lo que sea, excepto el líder de las izquierdas, fue la consigna.

En cualquier caso, hay un factor de resiliencia en el tema ¿cuánto estamos dispuestos a tolerar en un político, su partido, seguidores y defensores a ultranza? Esto es importante porque hay quien despreocupadamente afirma que el retorno del PRI no significa el retorno a la censura ni un preludio del movimiento del 68. Asombra además la certeza con la que sostienen este argumento.

Discrepo respetuosamente de lo anterior en base a mi experiencia personal, por lo que no trataré, estimado lector, de disfrazar mi opinión en la objetividad que invocan los periodistas, tampoco me escudaré en los números, cifras y porcentajes de los data lovers o en la sabiduría de los académicos convertidos en oráculos de Delfos.

Vivo en Veracruz, específicamente en Fortín de las Flores. Aquí los Presidentes Municipales han sido una desgracia disfrazada de democracia a la sombra del aparato electoral del PRI. He sido testigo de cómo opera la infamia disfrazada de texto-servidor llamado Hugo Morales Alejo, quien cobra doble al trabajar para los ayuntamientos de turno y pretender extorsionar a todo aquel que denuncie los desvíos y malos manejos de los corruptos servidores públicos, que buscan el poder para servirse y no para servir.

En el periodo del ex Gobernador Fidel Herrera Beltrán, se despenalizaron los llamados Delitos de Honor, como la difamación y la calumnia, en aras de garantizar la protección de los periodistas en su trabajo profesional, pero parece que la ley funciona sólo para desactivar a quienes se atreven a denunciar la corrupción. 

Así opera el PRI. 

Enrique Peña Nieto no ganó la elección, en todo caso la compró. En  Veracruz los texto-servidores como Hugo Morales Alejo son indispensables para que todo siga igual, para conservar el statu quo de los políticos de foto, insufribles, frívolos y carentes de austeridad, compromiso y respeto por la gente, quienes se saben además amparados por la más abyecta impunidad. Puedo perfectamente imaginar el escenario en gran escala, a nivel nacional. Sin duda.

Desde mi perspectiva, el amasiato entre el ex candidato del PRI y algunos medios de comunicación, no sólo es un hecho sino un factor sine qua non para garantizar su arribo a la Presidencia de México.

Es más, de llegar a gobernar, Enrique Peña Nieto deberá pactar, antes que nada, con los poderosos empresarios de la comunicación y la información en México. Gobernará por aire, el aterrizaje político no podrá ser posible debido a la crisis de legitimidad que empañará la administración de los intereses que está destinado a proteger, por encima de quienes habrá jurado servir. Menudo arroz con mango.

¿Usted qué opina, estimado lector?

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