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¿Conversión o reconversión sexual?

La homosexualidad dejó de ser considerada una enfermedad desde 1973. Foto: Cuartoscuro

Pretender "curar" la homosexualidad se me hace tan absurdo como curar lo regiomontano

Las terapias de conversión sexual se tipificaron como delito grave en la Ciudad de México (que se agravan cuando se practican sobre un menor de edad).

"Convertirse" en algo realmente no me parece grave, ya que quienes normalmente acuden a un psicoanalista buscan su conversión (quieren convertirse en gente cuerda), quienes quieren convertirse en vegetarianos abandonan los placeres de la carne y quienes quieren convertirse al judaísmo se hacen la circuncisión, abandonan el cerdo, toman el pandero y bailan el “Hava Nagila Java”.

Del mismo modo, quienes quieran convertirse en heterosexuales están en su derecho; sin embargo, al parecer, estas terapias están mal nombradas, pues ni son terapias ni convierten a nadie en nada, sino que violan los derechos humanos y parten del principio de que la homosexualidad es una enfermedad.

Pretender "curar" la homosexualidad se me hace tan absurdo como curar lo regiomontano, lo americanista o lo zurdo. No tiene sentido, pero lo peor es que los métodos que usan los centros de dichas terapias me recuerdan las "terapias rudas" de los llamados anexos (lugares donde la policía o los parientes de un alcohólico lo ingresan).

Como lo he dicho en otras ocasiones, yo pertenezco a un grupo tradicional de Alcohólicos Anónimos, pero en las juntas he escuchado testimonios de personas que han pisado los anexos (el más conocido por sus "terapias rudas", es "el Rebaño Sagrado") y no es para nada una estancia agradable. Entre otras cosas, escuché que al alcohólico que recae (es decir, que vuelve a beber), le arrojan tazas de café caliente en tribuna.

Pocas personas entran por su propio pie a los anexos, aunque existen (sobre todo porque en algunos encuentran ahí un lugar para dormir, comer, y hasta ropa, gracias a donaciones). Incluso supe del caso de una persona que se recluyó voluntariamente, pues sentía la necesidad de una "terapia ruda", ya que de otro modo le resultaba imposible dejar el trago. El personal del anexo se quedó extrañado, ya que normalmente los ingresan amarrados.

Yo opino que una persona que quiera quitarse sus tendencias gays, o dejar de serlo (aunque tenga años de experiencia, como Mauricio Clark), tiene derecho a tomar la terapia que quiera, siempre y cuando cumpla dos requisitos: 1.- Que sea por propia voluntad. 2.- Que no se le torture física ni mentalmente.

Las personas que ingresan a los anexos, casi siempre, es porque los llevaron sus parientes cercanos (así como los niños que toman clases de natación, van porque los llevan sus papás, pues ellos preferirían estar jugando). Me parece que en los centros donde dan las mal llamadas "terapias de conversión" pasa lo mismo (o los meten autoridades religiosas, policíacas, políticas o empresariales), particularmente por prejuicios y/o porque se sienten amenazados (¿en algunos casos, excitados en secreto? Sabe).

Y digo que es mal llamada "terapia de conversión" porque no están convirtiendo, sino reconvirtiendo, ya que pretenden hacer que una persona heterosexual, convertida en otra de su preferencia sexual, se reconvierta en lo que originalmente era (en el peor de los casos, ahora convertida en una persona traumada).

Lo del trauma (independientemente de que sea resultado de una tortura) tiene que ver con una denigración de lo femenino (paradójicamente, existen videos para que una persona heterosexual se feminice, llamados "hypno sissy", donde al interesado en ser mujer se le dicen cosas como: "¡Acepta que eres inferior a los hombres!", un tema que debería investigar la sexología).

Pero además, allí se les encierra, se les violenta el cuerpo, se les priva de comer, se les priva el sueño, se les dan toques eléctricos, se les golpea, les hacen operaciones quirúrgicas y hasta provocan embarazos no deseados, puras cosas que solo podría aceptar alguien que deseara convertirse en masoquista (como las mujeres del jet set mexicano que voluntariamente se inscribieron como esclavas en la secta NXIVM, que aparte secuestraba chicas que no estaban interesadas en ser marcadas ni recibir latigazos).

Yo propondría terapias más blandas, como llevarse a la banda LGTTTBVWXYZ a un parque de diversiones masculino (como un rancho, si quieren hacerlos hombrecitos), o femenino (como el santuario de la mariposa Monarca, si quieren hacerlas mujercitas), con canciones, chupe y bocadillos. Nomás no se vayan a equivocar con las excursiones y generen más testosterona o estrógeno donde no querían.