Los choferes de AMLO

Al parecer en nuestro país, si te identifican con López Obrador tienes que ser pobre. O pertenecer a los carmelitas descalzos. Está absolutamente prohibido progresar de alguna manera, o llegar a algún puesto bien pagado.

La historia es bastante larga. Desde que AMLO era jefe de gobierno. No deja de ser curioso cómo este tipo de información merece los titulares en la prensa, ávida de noticias como la que dice que si sales a la calle a protestar eso te descalifica de manera automática para algún cargo.

Puedes ser una rata asquerosa, robarte muchos millones de pesos, pero el castigo son las portadas en la revista Hola o Caras. Es innegable que los mexicanos tenemos la escala de prioridades invertida. No sé ni me importa si los ex choferes de López Obrador tienen las capacidades necesarias para los puestos que les han sido asignados.

Lo que sí sé, es que si este mismo criterio aplicara para senadores diputados y secretarios de estado, pues la inmensa mayoría tendría que renunciar de inmediato.

Es tal la desesperación del gobierno que buscará de todas las maneras posibles desprestigiar al Peje. Hacer del nombramiento de un chofer o ex chofer un asunto de Estado tiene tintes tragicómicos.

Aquellos que critican este tipo de nombramientos deberían de dejar de jugar al caballo lechero y quitarse los limitadores de visión. Que para empezar tenemos al presidente menos calificado en la historia (Si soy honesto, pocos presidentes se salvan).

Ahora, si vemos las credenciales académicas de muchos funcionarios, deberíamos hasta canonizarlos en los altares de la meritología. Pero sucede que no importan las maestrías y los doctorados a la hora de tomar una decisión que puede precipitar a un país al barranco.

Allí están Salinas y Zedillo que con todos sus doctorados y maestrías llevaron al país a una de sus peores crisis.

Siempre que veo notas como esa no puedo dejar de pensar en el inmortal libro de Gabriel Zaid, De los libros al poder. Esa corriente que nació con Miguel Alemán, la denominada corriente tecnócrata donde los hijos de los generales tomaron el timón del país a base de títulos académicos dejando de lado la experiencia política de sus antecesores.

Con base en esa formación pensamos en aquellos con los méritos necesarios para un cargo público. Los títulos como medallas que imponen autoridad. Fulano es doctor en economía de un instituto prestigioso, ergo está calificado. Pero si a esas vamos, allí están Carmencita Salinas, Romero Deschamps, El gober precioso y otros impresentables, cuyo mayor mérito es pertenecer al PRI y ser disciplinados.

El asunto de fondo tiene que ser entonces jerarquizar la información. Armar todo un circo por el nombramiento de un ex chofer es poner los huevos en la canasta equivocada. Mirar una cantidad estratosférica de diputados de representación proporcional que día a día toman decisiones fundamentales, y que por supuesto nadie votó por ellos, eso, eso sí debería ser prioridad.

Pero como decían los romanos, al pueblo pan y circo. En México ya ni pan, solo les queda el circo.

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