September 15, 2019 05:58


Malas Calificaciones

Petróleos Mexicanos (Pemex)
Petróleos Mexicanos (Pemex)Cuartoscuro

Si se le quitara el apoyo, PEMEX se iría al bote de la basura

Uno de los mitos más extendidos de la modernidad liberal, es la creencia de que la objetividad absoluta, la neutralidad sin matices, es un presupuesto de cualquier conocimiento valioso, incluyendo el conocimiento de lo justo. Eso, naturalmente, es una ingenuidad a la que los verdaderos científicos renunciaron ya desde hace más de un siglo. Los filósofos de la ciencia, y los teóricos del conocimiento, han aceptado ya que la dimensión subjetiva del conocimiento es inevitable, y no solamente del conocimiento social, sino de todas las ciencias y disciplinas, porque en todas hay que partir de supuestos, y la aceptación de esos supuestos es un acto de voluntad humana, una elección deliberada, si bien inevitable, para poder construir cualquier cosa.

Todo lo anterior no es obstáculo para que fuera de las aulas universitarias, y dentro de los periódicos, las instituciones financieras, y las oficinas de gobierno, se siga teniendo un temor reverencial a todo aquello que se presenta en lenguaje técnico, dizque neutral y desprovisto de cualquier consideración contextual. Por eso impresiona mucho cualquier estudio con gráficas, numeritos y recomendaciones puntuales. Si en esa ensalada se puede meter alguna ecuación, que disfrace de álgebra lo que podría decirse en palabras, tanto mejor.

En este supuesto están la mayor parte de las opiniones de las calificadoras internacionales e instituciones financieras. Pese a que la ciencia económica de vanguardia (por ejemplo la economía conductual de Richard Tahler, premio nobel) se esfuerza cada vez más por asumirse como una ciencia social, y añadir cada vez más contexto y matices humanos a sus líneas de investigación, algunos actores económicos siguen manejando opiniones con la autoridad de axiomas, como si fueran verdades matemáticas que no admiten discusión. Lo malo es que frecuentemente se equivocan. Es más, normalmente las predicciones no resultan ciertas ni precisas, pero los que erraron se dedican, ahora, a explicar por qué ellos no estaban mal, sino que fue la realidad la que no dio el ancho de sus explicaciones. No es broma.

La semana pasada, una de las calificadoras internacionales, en una nota que naturalmente se volvió texto de autoridad a las pocas horas, dijo que la calificación soberana de México estaba en peligro. Eso significa que si México quisiera pedir dinero prestado, este será más caro, porque implica mayor riesgo al acreedor de que no le paguen. Nada más. Ahora bien, lo interesante son las razones expuestas. Hay principalmente dos que me interesan: la situación de PEMEX, y las decisiones que el gobierno federal ha tomado en el rubro de los recortes a la burocracia.

Quiero ser muy clara en lo que estoy diciendo: no es que las razones expuestas no sean razonables para preocuparse. Una empresa en problemas financieros de la magnitud que los tiene PEMEX puede representar un costo fatal para el gobierno; por otra parte, reducir de forma radical el número de funcionarios públicos que efectivamente hacen el trabajo operativo, puede reducir en la misma proporción la capacidad del gobierno. Pero las calificadoras se duelen en México de lo que celebran en otros países, o que incluso festejaban hace algunos años aquí mismo.

Casi en todos lo países, una empresa petrolera que goza del apoyo incondicional del gobierno, tiene puntos a favor de solvencia económica, porque implica que el Estado no la dejará a su suerte. En México, sin embargo, eso “preocupa” porque se le quita “autonomía” y porque puede comprometer las finanzas públicas. Pero si se le quitara el apoyo, entonces PEMEX se iría al bote de la basura y con ella, la calificación de deuda país, porque es la empresa más importante del Estado mexicano. Como puede verse, no hay escapatoria, las calificadoras nos reprobarán siempre.

Respecto de los recortes a la burocracia, en todos los países capitalistas y neoliberales, el adelgazamiento del estado se ve como un impulso a la productividad y a la responsabilidad fiscal, porque se evitan gastos innecesarios. Aunque la idea por sí misma es discutible (yo no coincido), lo raro es que, de nuevo, las honorables calificadoras festejan eso en otros países, pero lo lamentan en México. ¿Qué sucedería si el presidente anunciara el engrosamiento del aparato estatal, en lugar de su adelgazamiento? Muy probablemente se dolerían, también, por eso. Lo mismo con otras cosas como el superávit comercial de México con Estados Unidos. No es, según ellas, que México sea una potencia exportadora, aunque los números así lo demuestren. Es que la gente no tiene confianza para importar (sic.).

Es siempre alentador sacar buenas calificaciones, en lo que sea. Pero es mejor aún saber que quien te califica, lo hace con criterios consistentes, claros y desprovistos de mala fe. Mucho mejor. Ojalá se pudiera. 

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