¿Campañas de odio?

Dice María Mercedes Gómez en el texto "Los usos jerárquicos y excluyentes de la violencia", que  los delitos de odio puede entenderse como una forma de violencia dirigida a personas que pertenecen a un grupo específico, ya sea social, racial o étnico o que tengan una tendencia sexual o religiosa catalogada como "diferente". Te ataco porque eres diferente a mí. Una forma muy rudimentaria de entender el mundo.

 

Hay varios opinólogos preocupados por la creciente violencia verbal en redes sociales creada por algunos simpatizantes fundamentalistas de grupos o subgrupos de políticos, que han incrementado su virulencia en estos tiempos electorales, camuflados en el anonimato de internet.

 

Incapaces de dar la cara y discutir con argumentos, esconden en insultos y agresiones su falta de razonamiento y contundencia repitiendo dogmas y descalificaciones fáciles. Estos extremos desde luego, no son exclusivos de ningún espectro ideológico, insultantes los hay de todos sabores. Los extremos se tocan.

 

Quienes se preocupan, ven en ellos una campaña de odio que anticipa a la violencia. Pues no, no lo veo así. Fuera de los círculos virtuales, no ha habido un solo episodio grave que haya transfugado al mundo de a pie, lo más arriesgado quizá fue el zapatazo que le aventaron a EPN en su visita a la UIA, o la gritería a Quadri, pero en donde nunca estuvo en realidad en riesgo su integridad física. Los guerrilleros de las redes sociales, al menos hasta ahorita, están contenidos atrás de su teclado. Por paradójico que parezca se trata de actitudes antidemocráticas, que sin embargo son comunes en las democracias. Sí, en las democracias hay espacio para las mentadas de madre, los gritos, insultos y majaderías, en donde no existen son en los regímenes totalitarios.

 

Que quede claro, no estoy de acuerdo con ello, me parece además que esos desplantes no solo no contribuyen a sumar puntos a su causa, sino que la socavan, que enturbian el paisaje y el diálogo político. Utilizar la fuerza antes que el razonamiento es una abdicación de la inteligencia. Pero aunque indeseable y quizá hasta perturbador, no es una anormalidad en las democracias del mundo. 

 

Idealmente las pasiones políticas tendrían su cauce a través de discusiones de frente, abiertas, ricas en argumentos, plantadas sobre hechos y datos, reconociendo la posibilidad de encontrar en el adversario nuevas rutas, etc. Pero un mundo idílico y transparente es casi imposible encontrarlo en el mundo de la política, en donde los intereses de grupo, siempre se han antepuesto a los intereses de construir un mejor país. La mezquindad de este generación de políticos en nuestro país es formidable.

 

¿Cuántas marchas anti Berlusconi se realizaron en Italia? ¿fueron alimentadas por el odio?, ¿o más bien por los excesos del primer ministro Italiano?. Sin duda también allá a la genuina indignación de los manifestantes se le sumó también algún grupo político para llevar agua a su molino, ¿Es sorprendente?. Creo que no.

 

El amor y el odio están estrechamente vinculados en el cerebro humano, de acuerdo con un estudio sobre el origen de estas emociones, que sienten hombres y mujeres por igual.

 

Investigadores que estudian la naturaleza física del odio – entre ellos John Romaya, del laboratorio de neurobiología de la fundación Wellcomehan – han encontrado que algunos de los circuitos nerviosos del cerebro que lo causan son los mismos que se usan cuando se siente el amor romántico, aunque ambas emociones parezcan polos opuestos.

 

Una diferencia importante entre el amor y el odio parece radicar en que grandes zonas de la corteza cerebral –asociadas con el juicio y el razonamiento– se desactivan cuando se siente amor, mientras con en el odio sólo se desactiva una zona pequeña.

 

Por eso coincido con @JSHM, si no nos asustamos por las matracas que jubilosamente celebran de manera totalmente acrítica al candidato que se pasea por la plaza pública, porque hemos de asustarnos por una mentada de madre. 

 

Al fin y al cabo, el amor y el odio están estrechamente ligados.

 

Blog: lulyann.com

Twitter: @lulyann

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