La boda real y la beatificación

La Boda Real y la beatificación que habrán de celebrase en estos días me tienen muy preocupado, desde hace semanas el insomnio se ha apoderado mi. Inevitablemente me frustra el hecho de no haber sido convocado en calidad de invitado, claro, no soy de la realeza, tampoco soy empresarios potentado y mucho menos soy parte de la Familia Real. Bueno soy un simple plebeyo, al igual que la novia.

 

Estas historias rosas me dan mucha envidia. Crecí con historias absurdas de princesas y de príncipes. Le debo sin duda mi gran resentimiento social a Walt Disney. Me creí la historia de la Dama y el Vagabundo (vaga mundo) aplaudí cuando Blanca Nieves despertó con el beso del príncipe (nunca repare que la princesa debía tener un aliento de horror) y me maravilló cuando la Bella Durmiente despertó con el primer beso de amor (la verdad me daba mucha pena ver besos, me sonrojaba los 6 años de edad). Una de mis peores pesadillas fue ver a una fila de escobas cargando unas cubetas de madera e inundando un cuarto.

 

Después el odio y el resentimiento se fue  apoderado de mi, la pobreza en el barrio, el hacinamiento, los pleitos de las pandillas y de las vecinas y luego el “bullyng” cotidiano al que me sometían los compañeros de grupo en la primaria oficial, me hicieron saber que los cuentos de hadas y princesas eran eso, puro cuento. La nobleza a la que más me acerque fue a la de La familia Burrón. Después no me emocione mas, ni  siquiera lloré cuando mataron a la mamá de Bambi. Mi infancia había quedado rota.

 

Por eso y por muchas cosas más, no me queda claro por qué el mundo entero se prepara para ver dos eventos dignos de sociedades del medievo y por demás ridículos.

 

Lo de la beatificación de Juan Pablo II es lo que menos entiendo. De verdad no pretendo engañar ni ofender a nadie. Sé que Juan Pablo Segundo es una imagen mítica para millones de mexicanos. Hay quienes conservan sus estampas, sus bendiciones, platos de cerámica y figuras con la imagen de papa polaco. Bien a bien, jamás entendí las razones del porque éste ciudadano era como el gran abuelo bondadoso de la patria mexica.

 

Asumí como un agravio que se postrara ante el ayate que contiene la imagen de la virgen de Guadalupe y se dirigiera a ella como “morenita”, me pareció un acto de manipulación descarado y vil.

 

Después, eso de decirnos que México siempre fiel, parecía el eslogan de una campaña chafísima de venta de algo. Y sí, era la venta de una gran ilusión. ¿Qué hizo milagros? ¿Qué todo mundo lo quería? ¿Que fue un gran papa? Qué sé yo. Lo que sí sé, es que jugó un papel acertadísimo en la lucha de Ronald Reagan contra la caduca política socialista en Europa del Este.

 

También sé que durante su pontificado el tal Marcial Maciel era consejero especial de la llamada Santa Sede y que mucha de la protección y de la mucha impunidad que gozó el pederasta Maciel, se debió a su relación con el Vaticano que gobernada Juan Pablo II. Para decirlo fuerte y claro, se va a beatificar a un hombre que protegía al pederasta Marcial Maciel.

 

Ya lo de la boda real es cosa de chunga. Me da mucha flojera saber que millones se aprestan a ver por televisión la boda del Príncipe William de Inglaterra y Catherine Middleton.

 

Gracias al buen tino y acuciosidad en la búsqueda de datos por parte de Zazil Carreras (@ZazilCarreras), sabemos qué: la tal Catherine Middleton es hija de un despachador de vuelos, de nombre Michael Francis Middleton. Y es que la Chica, Kate,  originaria de la ciudad de Reading en el condado de Berkshire, Que conoció al Príncipe William  en la Universidad de Saint Andrews.

 

Que de acuerdo a los cálculos realizados por Street Alive, una organización dedicada a las relaciones vecinales en Inglaterra, este viernes se llevarán a cabo unas 5 mil100 fiestas callejeras, para celebrar la unión matrimonial del segundo en línea a la sucesión del trono, se estima que en cada una participen de 80 a 100 vecinos. Que Otros tantos, calculados en millones, celebraran de forma privada la que allá es considerada la boda del siglo.

 

Que según el Times, casi 16 millones de personas, o sea, el 34% de la población de Reino Unido, festejará de algún modo.

 

Un 67% seguirá los actos desde casa por televisión, mientras en el mundo serán algo así como 2 mil millones de televidentes, también que un 12% lo hará en reuniones de amigos.

 

Mientras que menos de un tercio de los varones se dice interesado en la celebración, algo menos de dos tercios de las mujeres muestra interés en la misma.

 

Que la boda será precedida de un gran acuerdo prenupcial que proteja los intereses del príncipe y de su futura esposa.

 

Que en el caso del príncipe William, al ser heredero de la reina, cuya fortuna se estimó en 290 millones de libras (467 millones de dólares) en 2010, y al ser también heredero de parte de la fortuna de Diana, de casi 34 millones de dólares, la cantidad es bastante jugosa.

 

Pero Middleton no es precisamente una cazafortunas. Al provenir de una familia adinerada, de existir un acuerdo prenupcial, tendría que asegurar que su fortuna también se mantuviera a salvo, y que su estándar de vida después de un posible divorcio fuera elevado.

 

O sea, dinero y más dinero.

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