Barcelona, un equipo para recordar

El clima de la noche es perfecto, la cancha perfecta, 22 seres humanos entregan lo mejor de sí, intentan que su cuerpo ejecute un largo viaje entre corazón y cerebro para desatar la histeria colectiva en la platea, dos entrenadores ataviados para la gran gala giran sus más precisas instrucciones y buscan hacer daño.

Sí, hay fútbol. Desde hace más de 60 minutos somos testigos de hechos que podemos intuir pero que la realidad nos hace saborear: Xavi y su juego a uno y dos toques, Özil con veloz precisión, Villa insistente a la espalda de los centrales, Casillas y la confianza a prueba de todo que inspira. Tensa calma cuando Barcelona ataca y Madrid defiende con eficiencia y su última victoria como acicate constante, un cotejo perfecto hasta que llegó la violencia. Pepe fue el personaje que desató un acto justicia. "Plancha" criminal del portugués sobre Daniel Alves.Tarjeta roja para el 3.

Diez minutos después, Guardiola decide mandar a la batalla a Ibrahim Afellay. En la segunda jugada en la que decide encarar, el holandés busca en el pico derecho del área grande al lateral Marcelo, éste resbala y el chico ex PSV devora ese fallo, cerca de línea final manda el centro, silencio, aparecerá el maestro. Messi gana en velocidad, mide la pelota que viaja a media altura, acomoda el pie, le pone la parte interna, choca el balón y llega la justicia, se cuela entre las piernas de Íker Casillas. Grite si le gusta el futbol ¡Gooooooooool!

Cachetazo al ánimo colectivo del "merengue". A pesar de ello, por momentos los de Mourinho logran jugar en cancha rival aunque sin inquietar a Víctor Valdés. Se acerca el final del partido, la historia es similar a la de los últimos años: los catalanes tienen la pelota, la pasean por toda la cancha, hacen gozar a la popular y a los millones que lo seguimos por tv. 

En una de tantas, Busquets, ese monstruo 100 por 100 Guardiola, se muestra libre adelante del círculo central. El maestro lo identifica, se la da y decide acercarse. Al notarlo, Sergi detiene la bola y dando un leve movimiento, sin tocarla, deja perfilado de frente a la portería a Lío quien arranca y se la quiere comer. Así fue, le ata un hilo a la pelota, en el otro extremo su empeine y pasa a Diarra, lo gambetea a Albiol casi a la entrada del área grande, Ramos quiere cortar pero no se acerca (aterrorizado quizá), Marcelo no gana el frente y no lo toca para no hacer penal, sigue Messi, a ver si define porque le pelota le va quedando a la derecha, no sale el arquero, el último esfuerzo -"que golazo" me traiciona la emoción y grito-, no llega Ramos, "pulga" acaricia con derecha... no más. Dulce silencio, fracción de segundos donde júbilo, incredulidad, gozo, emoción se agolpan en la mente y no encuentran otra exteriorización que un liberador y unificador grito de gloria: ¡Goooooooool!, grite y vuelva a gritar, esta ganando el fútbol.

En la lona Madrid completo, de cara a las lámparas y sin nafta. Fin del partido. Esta noche, una vez más, hubo baile. 

Cada que un árbitro pita para marcar el inicio de un partido, en cualquiera que sea la latitud, liga o circunstancia, no quedan más que doce individuos que enfrentarán a otros doce. Sí, once jugadores y un entrenador por equipo. Incluyo al entrenador toda vez que, aunque no participa dentro del verde rectángulo, ofrece el sano refugio en la mente de cada futbolista. Y bueno eso ocurrió este miércoles 27 de abril en el estadio Santiago Bernabéu en el partido que rindieron Real Madrid y Barcelona por la ida de las seminifinales ddel a UEFA Champions League. 

Durante los días previos al encuentro, fieles a su costumbre, los medios de comunicación gastaron inútilmente tinta y tiempo en reproducir las palabras de los técnicos de ambos equipos. Uno, Guardiola, nunca había dicho algo fuera de lugar, siempre se dirigió con respeto hacia todos los adversarios en turno. Pero tal fue la insistencia de la prensa que Josep tiró un par de palabras de más. El otro, José Mourinho, se siente cómodo con un micrófono enfrente. En cada uno de los clubes que ha dirigido y ante paradas importantes gana por knock out cuando de ofrecer conferencias de prensa se trata. Para desgracia de los simpatizantes del club blanco, no son más que palabras. 

Cada vez que once de azul y grana se calzan los botines hay que poner atención. La mejor expresión de fútbol que la humanidad haya visto en los últimos 20 años está al alcance de la vista y el gusto. Partes de esa danza son conocidas, juego a uno y dos toques, movimiento constante, avances acompasados y pacientes, manejo en espacios reducidos y un maestro. Uno diferente, ese ungido y facultado por el mariscal "Pep" para conducir la esférica, para inventar lo impensado, para apilar rivales como envidias y para hacernos saltar producto de la emoción que nos despierta con cada giro, con cada toque, con cada tanto. También sabíamos que el otro protagonista de esta puesta en escena, a fuerza de goleadas humillantes y soberbias exhibiciones del rival en turno, tiene mucho tiempo de querer ganar en el terreno del "como sea". 

Entiendo las palabras al final del partido por parte de José Mourinho, pero, desde mi punto de vista, debemos ignorarlas. Los partidos se ganan a cada segundo, jugada a jugada. Patear por sistema puede rendir fruto, pero cuando toman tintes lesivos y cuasi criminales el juez debe impartir justicia. Si un equipo termina jugando con once, no es casualidad, ni regalo y mucho menos instrucción directiva. Demeritar el triunfo del contrario no hace más que enaltecerlo. 

Pasados los encuentros, amigos todos, una frase describe lo visto hasta ahora: El burro no toca la flauta dos veces. 

Felices días para todos.

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