Columna Incómoda. Artículo huésped: José Woldenberg

Dado que el maestro José Woldenberg es una persona muy reconocida nacional e internacionalmente, que es un prestigiado intelectual mexicano, un sociólogo egresado de la UNAM, quien tuvo el mérito de haberle dado fuerza y credibilidad al Instituto Federal Electoral (IFE), sus posiciones e ideas requieren ser difundidas ampliamente y no sólo mediante un medio de acceso restringido a sus suscriptores.

 

El día de hoy, en el diario Reforma http://www.reforma.com/editoriales/nacional/656/1310109/default.shtm publica un artículo por demás interesante, el cual me atrevo a sustraer los puntos que considero necesarios para el conocimiento de mis lectores en referencia “al debate que viene” y del que se destaca la importancia de que los ciudadanos podamos tener conocimiento de los que aspiran a gobernador:

 

“Dígase lo que se diga, los debates entre candidatos presidenciales nunca han sido anodinos. Desde el primero que se realizó en 1994 todos han dejado una huella y secuelas importantes para el día de la elección.

 

“Hace 18 años, en el marco de unas campañas en las que se desgranaron, una tras otra, novedades relevantes, se acordó el debate entre los candidatos presidenciales Ernesto Zedillo, Diego Fernández de Cevallos y Cuauhtémoc Cárdenas. Su solo anuncio tuvo un enorme impacto. Su profundo significado no escapaba a nadie (…) Por primera vez en nuestra historia los candidatos reconocían implícitamente la legitimidad de sus contrincantes, la pertinencia de encontrarse para debatir, la obligación de presentarse ante el público para ser evaluados en relación a los otros. Fue un gesto civilizador en medio de un ambiente tensionado por el levantamiento armado del EZLN y el asesinato de Luis Donaldo Colosio. Y su secuela no resultó baladí. Fue un ejemplo de convivencia en la adversidad y al parecer Fernández de Cevallos incrementó su caudal de votos.

 

(...)

 

“En el 2000 hubo dos debates. El primero entre los seis candidatos (Fox, Labastida, Cárdenas, Muñoz Ledo, Camacho y Rincón Gallardo) y el segundo entre los primeros tres. Vicente Fox fue capaz de encarnar los vientos de cambio que flotaban en el ambiente y su desempeño en los debates le ganó no pocas adhesiones. Por el contrario, el primer encuentro fue un mal momento para Francisco Labastida”.

 

En este sentido, Woldenberg refiere que, para bien o para mal, los debates y los no debatientes sí influyen:

 

“En el 2006 se programaron dos debates con todos los candidatos (Calderón, López Obrador, Madrazo, Campa y Mercado). La inasistencia de Andrés Manuel López Obrador al primero algo le costó el día de la elección. Y el registro de Alternativa Socialdemócrata en buena parte se debió al desempeño de Patricia Mercado en el primer ‘agarrón’.

 

“Y es que a pesar del formato, de todas las precauciones que se toman para que se desarrollen ‘bajo control’, de los tiempos fijos, los temas pre acordados, los debates siempre resultan interesantes, cargados de una cierta tensión dramática, porque uno nunca sabe en qué momento puede saltar la liebre. Es la oportunidad para aquellos que se encuentran abajo en las encuestas, el escenario propicio para develar propuestas, críticas, desplantes e incluso para mostrar carácter, poder de recuperación (…)

 

“Y no habrá que perder de vista el clima del post debate. Los seguidores acérrimos de cada candidato proclamarán con entusiasmo y estudiada convicción que su gallo se llevó el debate de calle. Será la estela natural que dejará el evento. Como si hubiesen ensayado, los seguidores de A dirán que fue nítido e incontrovertible el aplomo, el conocimiento y simpatía de su candidato, mientras los otros se mostraron pusilánimes, incoherentes, torpes (…) Todos ellos verán lo que quieren ver. Y ahora, con las llamadas redes sociales, las baterías de partidarios y adictos, intentarán multiplicar el impacto de sus filias y sus fobias. De eso se trata.

 

“Pero también a través de las redes familiares y de amigos, de compañeros de trabajo o estudio, se reproducirán las múltiples lecturas de la confrontación. No habrá una sola interpretación del evento. Tampoco un solo podio para colocar a los vencedores. Aparecerán los resultados de las encuestas, las mediciones de los humores públicos, las largas y doctas disquisiciones sobre lo que la gente vio y evaluó. De tal suerte que el post debate se instalará, aunque sea por un momento, en los hogares, los centros de trabajo, el transporte público, las taquerías y restaurantes. Y por supuesto de eso se trata. De comentar uno de los eslabones más significativos de lo que es la política pacífica, institucional, democrática. El momento en el que los candidatos, a querer o no, reconocen que se enfrentan a otros igualmente legitimados para convertirse en presidente de la República.”

 

Y viene lo fundamental, la posición del primer consejero presidente, del IFE, al que todos los partidos políticos han reconocido:

 

“Ante la altanería y la falta de compromiso democrático de los concesionarios, ¿no sería pertinente que el secretario de Gobernación los convocara a una reunión amigable para leerles el artículo 62 de la Ley Federal de Radio y Televisión? Dice: ‘todas las estaciones de radio y televisión... estarán obligadas a encadenarse cuando se trate de trasmitir informaciones de trascendencia para la nación, a juicio de la Secretaría de Gobernación’”.

 

Dejo estas líneas del maestro José Woldenberg publicadas hoy en Reforma para conocimiento de un público más amplio.

 

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