Los que se van a caer (y los que no) de la nube: AMLO, Margarita, Narro, Manlio, Meade, Osorio

Cornelio Reina
Si no cambian se caen de la nubeinternet

Popularidad

Hay dos maneras de lograr popularidad en la política: la primera, gastar enormes cantidades de dinero en campañas de publicidad y promoción del tipo que sea en radio, prensa, televisión e internet; la segunda, simplemente actuar como la gente normal, sufrir las incomodidades de la gente común y corriente, y rechazar el dispendio y las manifestaciones ostentosas de poder.

AMLO

No hay político mexicano más popular que Andrés Manuel López Obrador.

Su buena imagen no la debe a la cantidad de spots de TV en los que ha aparecido, algo que ha hecho y hace porque tiene derecho, desde luego, y porque sería irresponsable con sus seguidores no hacerlo.

Su popularidad sobre todo la debe a que viaja en aviones comerciales, nunca en aeronaves oficiales o privadas, esto es, solo para él; come y desayuna y cena en restaurantes baratos; camina por la calle como si nada; no cuenta con aparatosos equipos de seguridad, sino nada más con uno o dos asistentes necesarios para su trabajo complejo de dirigente del tercer partido político más importante en México.

Los que tienen mejor prensa

Otros políticos tienen más y mejor prensa que AMLO y no son populares. ¿Por qué? Por fantoches, arrogantes, exhibicionistas, porque no se les ve en las incomodas salas de espera de los aeropuertos, porque solo comen –y desayunan y  cenan– en restaurantes de lujo, porque jamás se dan la oportunidad de rodearse de gente normal, a la que ya no conocen y por lo tanto no entienden.

¿Por qué la popularidad de Margarita Zavala?

Por la misma razón. Su vida después de haber residido seis años en Los Pinos es la misma que tenía antes de que su marido llegara –desgraciadamente de mala manera– a la Presidencia de la República.

La gente comprende que ella no es él y, por consecuencia, no castiga a la señora Zavala por los errores enormes de su esposo, Felipe Calderón.

Margarita Zavala actúa como una mujer de clase media alta perfectamente normal, con la ventaja para ella de que no le gusta andar a la moda ni traer ropa y accesorios caros.

Se le ve en todas partes haciendo la misma vida que el resto de la gente. Es la única razón de que ella sea, y no los poderosos panistas Rafael Moreno Valle y Ricardo Anaya, la militante del PAN mejor posicionada en las encuestas.

Manlio, Osorio Chong, Meade

En el PRI sobran personajes competentes. En Morena, excepto AMLO, nadie tiene el talento para la política de Manlio Fabio Beltrones o Miguel Ángel Osorio Chong, dos tipos simple y sencillamente brillantes en la práctica de su oficio.

Diga lo que diga Andrés Manuel sobre el ITAM, no hay en Morena ningún economista tan preparado y confiable como José Antonio Meade, el actual secretario de Hacienda, ni como el anterior, Luis Videgaray.

¿Por qué Beltrones, Osorio y Meade no tiene la popularidad de AMLO y Margarita?

Porque, quizá por exceso de trabajo, quizá porque no han entendido que ciertas formas de hacer política ya no las soporta la sociedad, viven lejos de la gente común y corriente.

Se justifican: viajan en aviones oficiales o privados porque tienen trabajo de más y no están como para perder el tiempo en largas esperas en los aeropuertos.

¿Dicen eso en serio?

¿Es tan difícil ser funcionario público de primer nivel y viajar como la gente común y corriente? El caso Narro

En las columnas políticas, desde hace meses, han aparecido comentarios acerca de un funcionario público, integrante del gabinete presidencial, que se mueve por el país haciendo su trabajo exactamente como lo hacen las personas normales que viajan para cumplir con sus obligaciones laborales.

Lo que hoy dice Francisco Garfias, en Excélsior, lo han dicho ya numerosas veces otros columnistas:

“Vaya sorpresa que se llevaron los pasajeros que el martes viajaron a Zacatecas por vía aérea. En el mismo vuelo comercial iba el secretario de Salud, José Narro. Iba como representante del Ejecutivo a la toma de protesta del gobernador de la entidad, Alejandro Tello”.

“Nos reportan que el exrector de la UNAM ‘causó revuelo’ en el aeropuerto de la capital de esa entidad, donde llegó sin escoltas, como un pasajero más, sonriente y de muy buen humor. ¡Goooya!”.

Narro no perdió tiempo en el aeropuerto esperando sus vuelos México-Zacatecas de ida y vuelta, que quizá se retrasaron –raro sería que hubieran salido a tiempo–, y no lo perdió porque seguramente siguió coordinando la dependencia que encabeza por teléfono.

Mucha gente con cargos importantes en las empresas productivas hace eso: trabajar mientras espera, a veces demasiadas horas, que los vuelos salgan.

¿Perder el tiempo? Narro lo ganó, sin duda. No hay tiempo mejor invertido para un político que el que se pasa al lado de la gente, sin intermediaros, sin poses, sin hacerle al mamón.

Increíble que tantos políticos encumbrados no entiendan algo tan sencillo.

Hay en ello una explicación a la sorprendente posición que logró Narro en una encuesta de Facebook –realizada con rigurosa metodología, lo entiendan o no los encuestadores profesionales que insisten en fracasar haciendo lo mismo de siempre– publicada hace unas semanas por SDPnoticias.

Dejaron ir al que más olía a pueblo. El caso Aristóteles

Hay otros priistas sencillos, es decir, que actúan como cualquier persona de clase media. Uno de ellos es Aristóteles Núñez, exjefe del SAT.

Desgraciadamente, Aristóteles renunció a su cargo por solidaridad con el exsecretario de Hacienda, Luis Videgaray.

Una pena que al señor Núñez –un funcionario decente que nunca dejó de actuar como un ciudadano común y corriente– no se le haya ubicado en un cargo menos técnico y más político que el SAT.

Si a Núñez se le hubiera dado otra responsabilidad, el PRI tan escaso de buenos aspirantes a competir en el 2018, tendría otro contendiente de nivel.

Osorio, Meade, Manlio

Si estos tres políticos salen más de sus oficinas y aceptan pagar el costo de “perder el tiempo” moviéndose como la gente, serán poderosísimos aspirantes a la Presidencia. Si no lo hacen, tal vez llegarán a Los Pinos en 2018, pero sin popularidad. Su ascenso, hasta el momento, lo deben más al poder que tienen y para el que trabajan que al reconocimiento de las personas sencillas que están hartas de tanto político que se la pasa en la nube más alta, a 20 mil metros de altura, como decía la canción de Cornelio Reyna.

Una nube de la que se van a caer, y bien feo, si no cambian sus formas…

 

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