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Columnas

La mitomanía de @marellanesc

@marifersv94 dom 28 dic 2014 06:18

Margarita Arellanes ha hecho un excelente trabajo para probar que su palabra no vale nada. Esta mujer no cumple sus promesas. A pesar de que hace dos años y medio dijo en una entrevista abierta[1] ?no al chapulineo?, la ahora ex alcaldesa pidió licencia esta Noche Buena[2] para desprenderse de su cargo, dejando de dirigente del cabildo a la regidora Norma Mata Espinoza, y dedicarse de lleno a su campaña para buscar la candidatura por su partido, el Acción Nacional, para la gubernatura en las elecciones del 2015.

Pero bueno, además de romper su palabra de no dejar la alcaldía de Monterrey antes de tiempo, Arellanes no cumplió con la mayoría de sus promesas de campaña del 2012. Entre la larga lista de promesas rotas[3], está la de crear trescientos espacios públicos y reconstruir las canchas en el río Santa Catarina.

Tampoco se cumplió lo de cambiar la zona del Barrio Antiguo a Centro Cultural ni la creación de una ciclo-ruta recreativa. Además, quedaron en el aire las clínicas de futbol, el programa de combate el acoso escolar y el programa de asegurar que los fraccionamientos facilitaran el acceso a personas con discapacidad.

Parece que también olvidó la creación de una comisión de evaluación y seguimiento a cien acciones de gobierno con instituciones educativas, cámaras empresariales y organizaciones no gubernamentales. Además, no cumplió con la promesa de construir diez nuevas canchas de futbol rápido con una inversión de cuatro millones de pesos. Tampoco habilitó diez nuevos centros de mediación comunitaria ni creó el programa Pavimento Seguro en tu Colonia.

Sin embargo, la ex edil regia ya tenía fama de incumplida y corrupta desde antes de convertirse en alcaldesa de Monterrey. Cuando era delegada de la SEDESOL en Nuevo León, se le acusó numerosas veces de desvío de recursos al PAN, con esto dejando en la miseria a miles de familias afectadas por el huracán Alex y poniendo en el spotlight su escandalosa riqueza.

No se olvida el polémico escándalo en el 2012 cuando se descubrió que Arellanes otorgó contratos a una empresa fantasma por ocho millones quinientos mil pesos ?para construir viviendas?[4]. Al hacer esto, desechó siete propuestas mucho más económicas sin importarle que la empresa fantasma no tuviera ni experiencia ni registro ante el IMSS[5].

Parece que de su padrino político, Fernando Larrazábal, no sólo aprendió las mañas, sino también la falta de responsabilidad al convertirse en otra chapulín más. Una de las cosas que amerita preocupación es que si se encontró que el rey de los casinos, Rojas Cardona, financió su campaña del 2012 para la alcaldía, ¿qué tal si vuelve a formar alianzas con delincuentes para ganar las elecciones del 2015? No me sorprendería, dada su mitomanía[6] (otra cualidad adquirida de su mentor). Su adicción a la mentira es evidente desde que es figura pública.

Particularmente, hay un tema actual, interesante y especialmente sospechoso. No es secreto que en el segundo piso del Museo Metropolitano de Monterrey se encuentran actas del Ayuntamiento regio que van desde los 1500s hasta la fecha. Llevan años sin ser consultados o tocados y están en condiciones deplorables. Incluso lleva el lugar diez años sin un director (podría decirse que es una bodega abandonada con actas de toda la historia del cabildo regio). Lo interesante es que justo antes de pedir licencia para dejar su cargo de alcaldesa, otorgó una licitación por once millones de pesos a una empresa de Culiacán, Sinaloa para que se encargue de darle mantenimiento al lugar y ordenar toda la bola de archivos mezclados. Uno podría pensar que como buena alcaldesa está dándole la importancia debida a documentos históricos y quiere preservarlos de la mejor manera. Pero también podría uno decir que hay algo ahí sobre ella que está tratando de localizar entre los documentos para poder destruirlo. ¿Por qué podría alguien decir eso? Porque desde que otorgó esta licitación para el proyecto no otorgan acceso al archivero a ningún periodista. Parece que, probablemente, la barbie regia tiene algo que le preocupa sea encontrado en alguno de esos documentos. Pero bueno, todo esto es circunstancial. Aunque no deja de ser lo suficientemente sospechoso; amerita una futura investigación de un buen periodista que se atreva a encontrar y revelar la verdad.

Volviendo al tema, justamente mientras escribía este artículo me llegó una notificación de que Margarita Arellanes Cervantes me bloqueó de Twitter, lo cual se me hizo muy gracioso. Lo único que hice para merecer tremendo deshonor (entiéndase el sarcasmo)  es haberle enviado el siguiente mensaje:

Y cincuenta minutos después: ¡pum! Bloqueada por la ex presidente municipal, como muestra la siguiente captura de pantalla:

Estos politiquillos[7] de ahora, ¡tan predecibles! Me ha tocado antes que me bloqueen senadores del PRI (me imagino que porque soy anti-PRIísta) y Gerardo Fernández Noroña (por decirle que me parece que sus intenciones (v.g. la desobediencia civil y su activismo) son una pantalla para una agenda oculta y que parece que quiere ser el nuevo López Obrador); y ahora Arellanes Cervantes.

Por supuesto que no me ofende en lo absoluto, es sólo que me causa gracia esta pobre reacción infantil de la ex mandataria ante la crítica y cuestionamiento de una ciudadana. En fin, la barbie regia (como la apodan algunos medios), ha demostrado ser una más de las ratas (no en manera despectiva, sino con el objetivo de ésta metáfora) de la mafia del gobierno en su búsqueda insaciable por el queso mexicano: el poder y el dinero.

Arellanes argumenta que su chapulineo está justificado dado que tiene el apoyo de doce mil firmas panistas. Yo me pregunto de dónde salieron esas firmas y si son legítimas. Debería de investigar su partido o un organismo externo si las firmas que tiene fueron conseguidas de manera ética o si, como se rumora, pagó por ellas. Empero, independientemente de eso, aún y teniendo el apoyo de la mitad de los regiomontanos, es su deber por ley el acabar con su mandato (además del deber moral y social de cumplir su palabra). Espero que alguien con recursos necesarios interponga un amparo en contra de su chapulineo, como se hizo anteriormente con otros chapulines (aunque nunca ha procedido dado las influencias políticas que tienen este tipo de garrapatas del poder). Aunque la razón por la que este tipo de amparos no proceden es debido a la corrupción del sistema, porque jurídicamente Margarita Arellanes las llevaría de perder en este asunto. Pero claro, el sistema que tenemos nunca ha sido justo ni lo será ahora. No obstante, creo que este tipo de recursos deben de promoverse aunque haya corrupción para poner el ejemplo y porque, algún día, serán efectivos. Tiene que surgir la cultura de la denuncia entre la ciudadanía.

En fin, cada vez sale un prueba más, de las numerosas que se le conocen (y que no se le conocen aún), de que Margarita Arellanes es una demostrada adicta a la mentira. Además, ahora miente deliberadamente, descaradamente, en televisión abierta y sin esconderse. Como cuando en mayo del 2012 dijo al público abiertamente ?no al chapulineo? y este 24 de diciembre, sin vergüenza alguna, pidió licencia, para dejar de hacer el trabajo que por ley le corresponde, para poder dedicarse a una campaña más de mentiras en búsqueda de la silla de Gobernador de Nuevo León.

Se entiende perfecto que un funcionario público del poder ejecutivo de los tres niveles de gobierno o del poder legislativo local y/o federal no se conformen con un sólo puesto y busquen al terminar su gestión un nuevo puesto. Se comprende perfectamente, pues un político tiene una vida laboral corta: tres o seis años. Es entendible que se preocupen, pues ¿cómo le harían para mantenerse a sí mismos y a su familia toda la vida con lo que ganen en tres o seis años de trabajo en el sector público? Yo personalmente buscaría sin lugar a dudas al terminar mi periodo de trabajo otro puesto en el gobierno para seguir trabajando. Esto no tiene nada de malo, mientras se haga al terminar la gestión y no antes (como hacen los chapulines).

No se comprende ni se justifica en lo absoluto, que Arellanes mienta consciente y descaradamente al pueblo (que seguramente gracias a esa mentira fue que ganó la alcaldía) y que independientemente de lo anterior se atreva a romper una promesa al pueblo que votó por ella. Esto demuestra falta de honestidad, de responsabilidad, de sinceridad, de estrategia política, de seguridad, de metas definidas y, sobre todo, de evidente mitomanía.