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Columnas

Reforma energética: una decisión antidemocrática

@Eximio34 jue 26 dic 2013 10:59

No importándoles el valor histórico de esta lucha, ni el bienestar económico del país, ni mucho menos la opinión de la mayoría de los mexicanos, las canallas hordas del PRI y PAN conciliaron un acuerdo soez y sucio para legalizar la inmersión de empresas privadas, nacionales y extranjeras, en Pemex.

Es una obligación perenne de los mexicanos responsables no olvidar y continuar informando a los demás mexicanos, acerca del acto antidemocrático que la LXII legislatura y el gobierno entreguista de Enrique Peña Nieto han cometido en contra de los intereses de la nación y, sobre todo, en contra del pueblo de México, a saber, la aprobación de la reforma energética, misma que representa una apertura para que capitales extranjeros inviertan en Pemex y obtengan ganancias millonarias derivadas de la explotación de nuestro petróleo.

 ¿Nuestro petróleo? Ja ja ja Suena irrisorio, ahora que sabemos que lo que antes fue nuestro, ya no lo es. Para ello se reformó el artículo 27 constitucional, uno de los pilares obtenidos tras la revolución mexicana. No importándoles el valor histórico de esta lucha, ni el bienestar económico del país, ni mucho menos la opinión de la mayoría de los mexicanos, las canallas hordas del PRI y PAN conciliaron un acuerdo soez y sucio para legalizar la inmersión de empresas privadas, nacionales y extranjeras, en Pemex.

 Insisto, el acto que cometieron fue completamente antidemocrático. Lo fue porque los presuntos representantes del pueblo —a saber, diputados y senadores, funcionarios públicos y hasta el mismo presidente— deben, por obligación, escuchar y obedecer al pueblo en sus demandas. Éste, en un 80% —una mayoría abrumadora que fue ignorada por el PRI y por el PAN—, se oponía a la inversión privada en áreas estratégicas de Pemex. Pero aun así, la opinión de las mayorías importó muy poco y la cuestionada y para muchos nefasta reforma energética, fue aprobada.

 http://aristeguinoticias.com/0309/mexico/80-contra-inversion-privada-en-areas-estrategicas-de-pemex-consulta-prd/

 Un acto antidemocrático, contrario a la voluntad de la mayoría de los mexicanos, opuesto a lo que el pueblo deseaba para su patrimonio, fue consumado.

 De lo anterior se concluye, fácilmente, que los presuntos representantes del pueblo son, en realidad, cualquier cosa menos representantes del pueblo, pues no escuchan la voluntad de éste, ignoran la opinión de éste, aprueban reformas lesivas a los intereses de éste, suben los impuestos, destinan menos recursos para programas sociales, educación y cultura; se aprueban bonos por 84 mil pesos por un trabajo mediocre, etc.  Son unos canallas que persiguen intereses personales e ignoran los intereses colectivos. ¿Pueden llamarse representantes del pueblo? ¿Puede una persona como Ninfa Salinas, hija de uno de los mexicanos más adinerados del mundo llamarse representante popular? ¿Puede alguien como Carlos Romero Deschamps, cuya hija pasea a sus perros en jets privados y cuyo hijo maneja Ferraris como manejar un vocho para un mexicano cualquiera, llamarse representante popular? ¿Puede alguien como Ricardo Monreal propietario de extensos terrenos en Zacatecas llamarse representante del pueblo? ¿Puede alguien como Enrique Peña Nieto, quien viaja en un avión de más de seis mil millones de pesos nombrarse a sí mismo representante del pueblo de México? ¿Puede alguien que haya aprobado o simplemente apoyado la reforma energética llamarse mexicano?

 Pero mis estimados lectores, así es la política en México: nefasta. Las personas que tienen más dinero, más “contactos”, más poder, son los presuntos representantes del pueblo. Las personas que se valen de la corrupción, nepotismo, amiguismo, compadrazgo, gatopardismo, etc., para escalar puestos, son los que nos gobiernan. Las personas menos preparadas, con menos competencias y destrezas, son las que se encuentran en la función pública.

 Debido a todas esas razones y muchas, muchas más, que se derivan de la putrefacta y sucia política mexicana, es que se consiguió —a pesar de que el pueblo no quería— la aprobación de la reforma energética.

 Sobre las consecuencias de ésta, deseo —deseo que pediré para mis adentros cuando esté comiendo las 12 uvas el próximo 31 de diciembre— que no haga más grande la brecha entre ricos y pobres en nuestro país, brecha que día con día, reforma tras reforma, se hace más y más grande.

 Cito a Ricardo Alemán, analista de El universal, quien apoyó denodadamente la reforma energética al aseverar sobre ésta que “…sólo el tiempo dirá si fue buena, mala o regular la reforma; si será bien operada, si el gobierno de Peña Nieto y sus aliados hicieron lo correcto al abrir a la inversión privada  la materia energética o si —en su caso—, PRI y PAN cometieron la mayor equivocación de la historia.”

 Ojalá que, por el bien de México y de todos los mexicanos, la reforma energética no traiga consecuencias tan nefastas como las que desde ya se empiezan a vislumbrar. Ojalá que me equivoque y el pueblo de México pueda crecer económicamente. Pero, lamentablemente, la evidencia indica que esta decisión antidemocrática perjudicará a los mexicanos más pobres y a la clase media, mientras los únicos beneficiarios serán las grandes empresas.

 Una decisión antidemocrática para el beneficio de unos pocos. Eso es la reforma energética.