jueves 25 de abril de 2019 | 10:06

Gates y Slim. A comer maíz transgénico 

Jane de la Selva jue 14 de febrero de 2013

Ayer Carmen Aristegui entrevistó a Bill Gates, quien visitó la capital mexicana para asistir al corte de listón y lanzamiento de su misión filantrópica compartida con Carlos Slim: la inauguración de un centro de investigación para la tecnología relacionada con el maíz y el trigo, para continuar con la cruzada global de alimentar al mundo hambriento. 

La fundación CIMMYT (Centro de Investigación para el Mejoramiento del Maíz y el Trigo) apoyada por la familia Gates, en la que ahora coparticipan los dos hombres más ricos del orbe, abarca la atención a la pobreza alimentaria en países como Brasil China India Pakistán y otros. 

Carmen le cuestionó al magnate de Seattle, si los granos utilizados para sembrar en masa estos cereales, eran los llamados transgénicos. Éste le respondió afirmativamente. 

Por lo que siguió la pregunta obligada a esta afirmación: ¿Y cómo harán en países como México donde está arraigada la idea de que la siembra del maíz transgénico es considerada una plaga, puesto que contaminaría las especies locales, lo que haría desaparecer la sana especie natural consumida hasta hoy, cuya genética no ha sido modificada? 

"El maíz autóctono puede seguir sembrándose por quien así lo desee" --contestó Gates con la tranquilidad y amabilidad que le caracteriza-- "... La siembra del grano molecularmente reestructurado que produce triple cantidad de alimento comparado a la siembra llevada a cabo con semillas endémicas, no se reproducirá más que donde se acuerde hacerlo... y cada agricultor decidirá con libertad..." 

Si Bill Gates y Carlos Slim van a sembrar masivamente el maíz transgénico en nuestro territorio, el pueblo mexicano sería alimentado, al cabo de unos cuantos años, exclusivamente con ese tipo de maíz celularmente modificado para resistir los embates del clima, los asedios virales, y así reproducirse con garantía de copiosidad e uniformidad. Es decir nuestras tortillas serán "transgénicas2. 

No obstante, la fundación CIMMYT, no ha cumplido con el deber humanitario de dedicarse a investigar qué daños orgánicos a corto o largo plazo podría ocasionar en la especie humana consumidora la ingesta de maíz o trigo transgénico. Si lo hubiesen hecho habiendo obtenido al respecto un dato favorable ya lo hubieran publicado, por lo que persiste este temor e incógnita en todas las sociedades del mundo. 

En Brasil, donde la práctica de la siembra transgénica de variedades de semillas para alimento tanto de humanos como de ganado es práctica común de los años modernos que lanzaron a esta nación como potencia en crecimiento, a su vez, esta acción alimentaria masiva, ha ido dilapidando poco a poco la selva amazónica lo que se ha convertido en un desastre ecológico de actual gravedad para el planeta sin que se preocupen los científicos del CIMMYT por ello. 

Esto causa suspicacia. 

Si la ciudadanía mexicana, los agricultores mexicanos, decidieran no permitir esta siembra masiva de productos modificados genéticamente, exigiendo al gobierno o a estos mismos particulares asociados a él, se les apoye con el capital necesario pero para la igualitaria producción de semillas no modificadas ¿qué poder legal tendrían contra esta misión de CIMMYT en México, cuándo los que promocionan este "negocio transnacional" de producción de sepas transgénicas, que bien pudiera estar disfrazado de "ayuda humanitaria", son los dos hombres más poderosos del mundo en "solidario apoyo económico para subsanar el hambre global"? 

Sin duda la autosuficiencia alimentaria es vital para el progreso. Pero no a costa de causar un riesgo, un efecto nocivo irreversible en la salud de la población en pobreza, siendo que, como de costumbre, las sociedades más marginadas son las utilizadas sin ninguna piedad como materia experimental.