martes 20 de noviembre de 2018 | 08:14

La historia de Colosio desde su infancia, contada por uno de sus amigos

PERSONAJE
  • Luis Donaldo Colosio

Mientras la violación de la autonomía universitaria ocurría en Hermosillo, en Magdalena los estudiantes preparatorianos liderados por Luis Donaldo se encontraban en huelga en solidaridad con la protesta generalizada en prácticamente el resto del Estado de Sonora

Luis Donaldo Colosio Murrieta nació en Magdalena de Kino, Sonora, el 10 de febrero de 1950 en un hogar feliz de un pequeño pueblo, tranquilo, muy cercano a la frontera con los Estados Unidos por el camino a Nogales.

Cursó sus estudios primarios, secundarios y preparatorios en escuelas públicas de su ciudad natal. Fue un niño muy aplicado que al terminar el sexto año de primaria destacó y fue seleccionado para viajar a la capital de la República a saludar al presidente Adolfo López Mateos junto con las y los estudiantes de más altas calificaciones del país. Desde los diez años mostró predilección por la oratoria y la declamación. Su formalidad asombraba e imponía. Fue, además, en su adolescencia, un valiente pero centrado dirigente estudiantil y un auténtico y respetado líder juvenil en su pueblo. Su precoz madurez y sus inquietudes lo llevaron a incursionar en la única estación de radio que había en ese entonces en Magdalena, al conducir programas de música grabada y poesía declamada por él mismo.

Fue un muchacho con un cerebro brillante, poseedor de un coeficiente intelectual fuera de serie, con muy buena voz, excelente dicción, memoria prodigiosa y carácter fuerte. De recia personalidad desde entonces. Es un joven adulto, comentaban respecto de su personalidad. Luis Donaldo a su temprana edad razonaba como un hombre maduro, como un viejo, solían decir los lugareños a sus padres don Luis Colosio Fernández, oriundo de Cucurpe, Sonora, pero vecino de antaño de Magdalena, y doña Ofelia Murrieta, nativa de Los Mochis, Sinaloa, quien creció en Pueblo Yaqui, Cajeme, Sonora.

En 1967, siendo presidente de la Sociedad de Alumnos de su escuela preparatoria tuvo su estreno político que lo llevó a iniciar su largo e intenso camino hacia la difícil y tremenda política mexicana, pues en pleno periodo diazordacista “el centro” decidió seleccionar a don Faustino Félix Serna como candidato del Partido Revolucionario Institucional al gobierno de Sonora. En aquel entonces el aspirante más popular para el cargo de gobernador era el licenciado Fausto Acosta Romo, a la sazón subprocurador general de la República al lado de don Antonio Rocha Cordero, el gran abogado potosino que inició el gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz como procurador y más tarde pasó a gobernar San Luis Potosí. El inquieto y sensible bachiller Colosio fue impactado de inmediato y sus ánimos se intensificaron a favor de Acosta Romo y en contra de lo que consideró una imposición para suceder al gobernador de Sonora, Luis Encinas Johnson.

Se calentaron los ánimos en todo el Estado y se concretó la determinación surgida en la Ciudad de México, con métodos legales pero sin la adecuada sensibilidad política y con algo de represión y violencia que llegó al uso de la fuerza pública, pues la policía y el ejército intervinieron. Para apaciguar los ánimos alterados se constituyó un grupo de corte fascistoide llamado la Ola Verde que jefaturaba el delegado general del CEN del PRI, el mexiquense Guillermo Molina Reyes. El joven líder estudiantil, Hilario Valenzuela Corrales, hoy funcionario de la SAGARPA, oriundo de Empalme pero radicado en Hermosillo, se había erigido como líder de los estudiantes universitarios y se había levantado en rebelión abierta formando el grupo político estudiantil al que la gente llamó Los Aguiluchos y al que Colosio se sumó desde la Escuela Preparatoria Regional Norte de la Universidad de Sonora, ubicada en Magdalena de Kino. (Recuerdo la portada de aquella edición de la revista GENTE, de corte derechista, muy bien impresa, dirigida por Manuel García Galindo, con una foto gigantesca de Hilario Valenzuela hablando a las multitudes con los brazos en alto, con un pie de foto que decía: “El niño que tambaleó al sistema”, el reportaje fue escrito por el sinaloense José Antonio Arce Caballero).

Recuerdo, también, la humareda que generaban las balas de gas lacrimógeno que disparaba La Ola Verde al entrar al edificio de la Universidad de Sonora en el centro de Hermosillo para con ello violar su autonomía. Eran imponentes los garrotes que blandían los integrantes de este grupo paramilitar identificados con un sombrero y un distintivo verde en el ala derecha. La revista POR QUÉ? Dirigida por Mario R. Menéndez, de izquierda antidiazordacista y antiecheverrista se prodigó entonces con información y fotografías más que elocuentes.

El rector de la máxima casa de estudios de Sonora, Moisés Canale fue secuestrado y vejado infamemente, y, al final de los acontecimientos, don Faustino Félix Serna, asumió la candidatura, triunfó en las elecciones aunque con un gran abstencionismo, y más tarde tomaría posesión de la gubernatura con el resguardo del ejército a bayoneta calada. Era la instrucción del presidente Gustavo Díaz Ordaz, cumplida y operada a carta cabal por el entonces secretario de Gobernación, Luis Echeverría, y por el CEN del PRI.

Acosta Romo regresó a la capital de la República y sus seguidores se quedaron frustrados, molestos, y hasta lo cuestionaron fuertemente porque se rehusó a competir contra el candidato del PRI. Sin embargo, Félix Serna integró un gobierno de conciliación llamando a colaborar a muchos de sus adversarios y el resultado de su sexenio fue extraordinariamente bueno para Sonora desde el punto de vista económico, habiendo concluido su mandato entre aplausos por el crecimiento alcanzado y por la obra pública realizada.

Mientras la violación de la autonomía universitaria ocurría en Hermosillo, en Magdalena los estudiantes preparatorianos liderados por Luis Donaldo se encontraban en huelga en solidaridad con la protesta generalizada en prácticamente el resto del Estado de Sonora en contra de Félix Serna. Estos fueron los gérmenes que gestaron a un ser humano y político extraordinario y sensible, como fue Luis Donaldo Colosio Murrieta, hombre de sólida formación humanista, política y técnica, alejado de toda tentación tecnocrática y represiva. Genes de valor, pertinencia, perseverancia y determinación gestaron a un líder que tenía todo para llegar a ser un gran estadista. Pero todo lo acabó la infamia perpetrada en Lomas Taurinas, a la luz de la perversidad y el atropello, pues Colosio nunca cometió abuso, delito o arbitrariedad alguna. La rectitud, el respeto y un escrupuloso espíritu de justicia marcó y selló su vida.

Una noche de aquel 1967, casi a las ocho, llegó un hombre firme y decidido, de voz fuerte, a las puertas de la Escuela Preparatoria de Magdalena a buscar a Luis Donaldo; se trataba de su respetado padre, don Luis Colosio Fernández, quien laboraba en el área de contabilidad de una empresa empacadora de carne propiedad de empresarios estadounidenses, instalada en la región conforme el Plan Marshall de los Estados Unidos.

El joven Colosio, quien se encontraba en la azotea del edificio preparatoriano, con antorchas encendidas, acompañado por un grupo de jóvenes que lo seguían, a un grito sonoro de don Luis bajó corriendo con algo de susto pero también con determinación y espíritu de búsqueda e indagatoria, vestía pantalones de mezclilla con la marca Levis Strauss en la cintura trasera y camisa a cuadros rojos, con él bajaron corriendo otros seis estudiantes, y al llegar a la puerta central justo al salir preguntó el dirigente: "¿Qué pasa, papá? ¿Para dónde va?", le infirió a su padre al ver la maleta que don Luis llevaba consigo, y el hombre de Cucurpe, sereno pero con firmeza, le respondió con la misma energía con la que el hijo lo cuestionó: "No hijo ¡Yo no voy de viaje! ¡El que va a viajar eres tú! ¡Te vas a ir a Culiacán por un tiempo, mientras pasa esta borrasca! ¡Ya estuvo bueno, ya basta! ¡Lo que tenías que hacer por la causa en la que crees ya lo hiciste! ¡La huelga ya no tiene razón de ser y todos ustedes corren el riesgo de que los repriman y hasta los puedan matar!". Exclamó dirigiéndose al puñado de adolescentes que no sabían qué pensar, qué decir y menos qué hacer. "¡Tú te vas hoy mismo a Culiacán a casa de tu tío Nabor Castro, pues tienes que entender que si te quedas te pueden perjudicar y no sabes hasta qué grado, y yo no te quiero muerto, te quiero vivo, hijo, y quiero que estudies una carrera profesional! ¡Allá estarás a buen resguardo, mientras te vas a Monterrey a estudiar como has deseado!".

Luis Donaldo se resistió, renegó y refunfuñó, rechazó en principio la orden de su padre y trató de negociar pidiéndole que lo dejara una semana más al frente de los estudiantes en huelga: "¡Por favor, Papá! ¡Déjeme seguir aquí una semana más! ¡Y no exagere con los riegos que menciona pues este lío ya va a terminar! ¡No corremos tantos riesgos como usted dice!", refirió el hijo reacio a obedecer, hablándole de usted a su padre, como se usaba en aquellos tiempos, a lo que don Luis le respondió con más energía aún: “¡Ni un minuto más te quedarás aquí, Luis Donaldo, vámonos ahorita mismo! ¡Ya te tengo el boleto del autobús en el que viajarás a Culiacán, pues sale dentro de dos horas”! Luis Donaldo enmudeció, apretó la sien y los labios, también los puños; y enfurecido sintiéndose impotente, obedeció a su padre. Dejó amigas y amigos, novia, organización política, y una dirigencia estudiantil que prometía mucho. El germen y el virus político ya estaban en él incubados. Abrazó a todos con lágrimas en los ojos, y casi sin saber qué decir a sus amigos y compañeros de lucha, apenas les pronunciaba algunas palabras de despedida, literalmente llorando y convocando a seguir en pie de lucha hasta el final. "¡Cabrones: No claudicaremos ¿eh?! ¡No se rajen! ¡Escríbanme y háblenme por teléfono. Manténganme informado, por favor, no sean malos conmigo!". Les conminó.

Dijo adiós a todos y también a la estación de radio propiedad del señor Rochín. El programa “Una poesía y una Canción” enmudeció pues dejó de transmitirse a partir de esa noche, ya que precisamente a las 10 era la hora en la que se transmitía para la bohemia magdalenense, en el que Luis Donaldo declamaba y ponía discos con música romántica e instrumental que gustaban mucho a las y los noctámbulos del pueblo, y casualmente a esa misma hora tuvo que subirse al autobús de la empresa Transportes Norte de Sonora, que lo llevaría a la capital sinaloense. El muchacho iba triste, sollozante, recordando todo, pensando en los asuntos pendientes que dejaba, con mucha frustración y coraje, queriendo escribirle a sus amigos desde el mismísimo autobús; no había celulares, ni internet, llevaba una libreta y una pluma atómica que eran sus armas; no había micrófono ni megáfono a bordo, todo le era traumático y estresante, pues lo habían arrancado de su naciente matriz política, sin saber que con ello iniciaba su camino al horizonte y al destino que soñaba, a su realización política.

El curso escolar estaba prácticamente terminado y en realidad su padre tenía razón: Había que abandonar el ojo del huracán político que para los Colosio estaba en Magdalena, y para los demás sonorenses se hallaba en Hermosillo por ser la capital del Estado, donde se estaba llevando a cabo lo más fuerte del proceso político estatal.

Había que volar a otros cielos, a buscar nuevos y mejores horizontes y Luis Donaldo lo estaba haciendo prácticamente sin darse cuenta ya que estaba actuando bajo la presión de sus padres, y era doloroso abandonar sus querencias, su pueblo, su naciente vocación de líder político y social, sus amores, la estación de radio y su amado programa radiofónico. Abandonaría, también, los restos del padre Eusebio Kino, ubicados muy cerca de su casa. De momento había que decir adiós a la transmisión de sus declamaciones favoritas de los poemas "La Chacha Micaila", "El Brindis del Bohemio", y "Por qué me quité del vicio", a los que sin embargo llevaría por siempre consigo, hasta la muerte, por la inspiración que le dejó "el primer declamador de América" don Manuel Bernal, el gran locutor de la XEW -su inspirador de aquel momento- y mantenedor del programa "Así es mi tierra" que Colosio seguía fielmente cada ocho días bajo el patrocinio de Casa Madero.

Este fue el bautizo en política que contribuyó a decidir la vocación de un ser humano y político extraordinario y sensible, como lo fue Luis Donaldo Colosio Murrieta. Un mexicano que en su primera experiencia vivió en carne propia el autoritarismo añejo, que supo rebelarse y, sin saberlo, tomó un camino en el que el liderazgo político presupone ser un hombre de sólida formación humanista, alejado de toda tentación represiva. Bautizo político que exigió valor personal y también moderación y lucidez, que ya prefiguran al líder que llegaría a ser.

Meses más tarde, desde Culiacán, viviendo en casa de sus tíos, retomando la declamación y hasta el canto, gestionaría su ingreso al Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), al que accedió con apoyo del tío Nabor, con el esfuerzo de don Luis y con media beca que obtuvo en un principio, lo que después se convertiría en beca completa y algo más de recursos por desempeñarse como prefecto del Instituto Tecnológico. Don Luis y él habían llegado a "la Sultana del Norte" a bordo de un automóvil Volkswagen sedan de medio uso, en el que viajaron desde Culiacán hasta Monterrey por la vieja carretera Mazatlán-Durango, atravesando la abrupta serranía de la montaña conocida como "El Espinazo del Diablo". No había autopista ni supercarretera, ni puentes atirantados, ni túneles kilométricos como hoy; por el contrario las nubes, la brisa y hasta el aguanieve casi reventaban los parabrisas, y a veces la circulación era de 25 kilómetros por hora pues los camiones de carga iban a vuelta de rueda por la entonces angosta carretera. Pero los Colosio prosiguieron y llegaron, al fin, al Tec de Monterrey. Don Luis de inmediato se cercioró a detalle de la inscripción y del inicio de clases de su hijo, pues por ningún motivo quería que el muchacho se le fuera a regresar a Magdalena. Luis Donaldo se inscribió en la carrera de economía donde obtuvo siempre altas calificaciones y a los pocos años logró ser electo presidente de la sociedad de alumnos de su escuela donde se graduó como economista, y la poesía y las canciones seguían con él, ahí, entonces, conoció a Eloy Cantú, con quién armó una amistad muy cálida y fraternal. Más tarde, ya titulado se matriculó en la Warton School de Pensilvania en Filadelfia, para estudiar su postgrado en desarrollo regional, ahí también habría estudiado Rogelio Montemayor y con Colosio inició sus estudios José Luis Soberanes Reyes, su gran amigo sinaloense, compadre y compañero de muchas andanzas, quien seguramente habría sido Secretario de Despacho en el gobierno que Colosio debió encabezar.

Concluidos sus estudios en Viena, Austria, como parte del programa de la Escuela Warton, y a su regreso a la capital mexicana Rogelio Montemayor lo presentó con Carlos Salinas de Gortari, el joven y poderoso director general en Hacienda y en Programación al lado del licenciado Miguel de la Madrid, subsecretario de Hacienda primero, quien relevaría a Ricardo García Sáinz en la Secretaría de Programación y Presupuesto luego de que éste hubiese relevado a Carlos Tello Macías tras los enfrentamientos conceptuales y profesionales entre Tello y Julio Rodolfo Moctezuma, primer Secretario de Hacienda del expresidente José López Portillo quien designó a don David Ibarra Muñoz en su lugar.

Conocí a Luis Donaldo Colosio Murrieta en 1978 cuando era director general del IEPES, el Instituto de Estudios Políticos, Económicos y Sociales del Comité Directivo del PRI en el Distrito Federal; nos presentó nuestro amigo común Ernesto Millán Escalante, otro distinguido sinaloense que llegaría a ser senador, presidente municipal de Culiacán y diputado federal. A partir de entonces nació una amistad sincera, muy hermosa y fraternal; así fue desde el primer día hasta su muerte, comimos delicioso en el restaurante Ambassador ubicado en la planta baja del edificio de Reforma 18, propiedad del periódico Excélsior; yo colaboraba con don Jesús Reyes Heroles en la Secretaría de Gobernación y más tarde inicié mis funciones al lado de don David Ibarra Muñoz en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Ya en el gobierno encabezado por don Miguel de la Madrid, Luis Donaldo fue llamado por el licenciado Salinas de Gortari para ser director general de Desarrollo Regional de la Secretaría de Programación y Presupuesto bajo el mando de Manuel Camacho Solís quien se desempeñaba como subsecretario. José Luis Soberanes era su segundo de abordo y Mario Frías fungía como su Secretario Particular.

Regresé de Washington D.C. donde empecé estudios en la Universidad de Georgetown, me incorporé al sector educativo con don Jesús Reyes Heroles, quien ocupaba la titularidad de la Secretaría de Educación Pública y por acuerdo del presidente De la Madrid me designó como director general del CREA, el Consejo Nacional de Recursos para la Atención de la Juventud, donde uno de mis más eficaces y entrañables colaboradores sería Alfonso Durazo Montaño. Del CREA Alfonso fue invitado por Luis Donaldo a colaborar como subsecretario en el CEN del PRI y luego relevaría a Mario Frías en la secretaría particular. Alguna vez Colosio me dijo de Durazo: "Alfonso es el mejor de cuantos me has presentado".

Los apoyos que Colosio y Camacho me otorgaron desde Programación y Presupuesto fueron determinantes para nuestro mejor desempeño al frente del CREA, donde desplegamos una actividad trascendente a tal grado que conformaría una auténtica política pública de Estado para la juventud, que fue orgullo internacional de México en el mundo; impulsamos la institución dándole continuidad a lo que Silvia Hernández había iniciado en favor de los jóvenes durante la administración lopezportillista; me respaldaron no obstante la inquina que su jefe tenía para conmigo derivado de la guerra política previa entre los equipos de Hacienda y Programación y Presupuesto en pos de la Presidencia de la República durante la administración de don José López Portillo. Respondimos, venturosamente, con lealtad, honradez y eficacia, reconozco que si el secretario Salinas no lo hubiera permitido, tanto Camacho como Colosio habrían tenido un serio obstáculo para asignarnos los recursos. Me salvó el prestigio del maestro Reyes Heroles quien siempre abogó por mi, me defendió y apoyó, no obstante las vicisitudes generadas por CSG quién le había solicitado a don Jesús que me pidiera la renuncia desde las primeras horas de la administración delamadridista, cuando yo mismo lo enteré al ponerme a sus órdenes al frente del pequeño organismo público descentralizado; argumentaba que yo había sido uno de sus adversarios, por haber estado al lado del maestro David Ibarra cuyo equipo, del que yo formaba parte, tanto los había combatido, decía. Después, tras la partida física del gran ideólogo y político veracruzano el 19 de marzo de 1985, Miguel González Avelar, quien lo relevó en la SEP, me respaldó con respeto y aliento. Pudimos llegar a un entendimiento el licenciado Salinas de Gortari y yo con la prodigiosa intermediación de mi añorado formador político Reyes Heroles.

Colosio se convirtió en diputado federal por el distrito de la sierra de Sonora que cubría su natal Magdalena e incluía entre otras poblaciones Cananea, Nacozari, Esqueda, Moctezuma, Agua Prieta, Cumpas, Babispe y Arivechi.

En su campaña tuvo el apoyo fuerte y definitivo de Armando López Nogales, Alberto Villaescusa y Eleazar Galindo, que fueron sus incansables promotores del voto. El famoso beisbolista profesional "El Chero" Meyer fue su suplente.

La convivencia entre nosotros continuó de manera muy cercana, Luis Donaldo en la Cámara de Diputados y yo en el CREA, donde frecuentemente le facilitábamos una oficina privada y los teléfonos para que operara políticamente; fue delegado de la CNOP en mi natal Sinaloa y presidió la Comisión de Presupuesto de su legislatura en su calidad de hombre cercanísimo del titular de la SPP.

Quiso ser delegado general del CEN del PRI en Sinaloa bajo la presidencia de don Jorge de la Vega Domínguez, en relevo del doctor Samuel Ocaña, ex gobernador de Sonora, pasadas las elecciones de las que salió triunfante Francisco Labastida como gobernador, sin embargo nunca pudo lograrlo, pues a lo máximo que llegó entonces en la estructura del PRI había sido a la delegación cenopista, merced a la cual lo pude ver operar en mi Estado con el dirigente estatal de la CNOP, Juan Burgos Pinto. Recuerdo nuestras charlas en Choix y en Culiacán. De Mazatlán fuimos a Villa Unión, a comer con "El Cuchupetas", el famoso y acreditado cocinero propietario de uno de los restaurantes de mariscos más famosos de nuestro país por lo delicioso de sus platillos.

Sobre su deseo de ser delegado general del PRI, en mi carácter de miembro del CEN y amigo del presidente licenciado Jorge de la Vega Domínguez, yo mismo le transmití varias veces la solicitud de Colosio, pero nunca me dió respuesta alguna, ni un sí ni un no, no obstante que lo apreciaba y sabía de su cercanía con Salinas de Gortari y, ¡oh! los vaivenes y lo raro de la vida y de la política: A Luis Donaldo Colosio le correspondió relevar en la presidencia del Partido Revolucionario Institucional al mismísimo licenciado Jorge de la Vega Domínguez. Así es la vida y así es la política.

Primero fue designado oficial mayor del Comité Ejecutivo Nacional del PRI y en esa calidad fungió como coordinador de la campaña presidencial, y más tarde fue elegido presidente, donde en el marco de la XIV Asamblea Nacional, donde tuve el honor de representarlo en la mesa que se desarrolló en Tlaxcala, tuvo posibilidades de realizar reformas que actualizaron los documentos básicos del partido: Entre otras innovaciones se creó el Consejo Político Nacional, la Fundación Siglo XXI que hoy lleva su nombre, la Escuela de Cuadros hoy ICADEP; se fortalecieron las organizaciones de las mujeres y de los jóvenes y se impulsó una política internacional.

Comentaré ahora un pasaje interesante para mí, aunque quizá no lo sea para los lectores: Siendo presidente del PRI Luis Donaldo obtuvo que el alto mando del país me aprobara como candidato a diputado federal para integrar la LV Legislatura del H. Congreso de la Unión, pero a los dos días, no obstante que él me había enviado a Guamúchil, cabecera de mi distrito, a preparar la convención correspondiente, que me elegiría como candidato, me habló con urgencia un jueves, me pidió que me trasladara de inmediato a la Ciudad de México y me solicitó que invitara a María del Carmen, mi esposa, para que me acompañara y cenáramos la noche del viernes previo en su casa, con Diana Laura y con él, la verdad es que me extrañó mucho una invitación tan apresurada y horas antes de la mañana del sábado en que yo rendiría mi protesta como candidato; por supuesto que me imaginé lo peor y así fue; me sacaron de la lista por las reflexiones que posteriormente a la aprobación hecha por el presidente en mi favor a solicitud de Colosio hizo en mi contra Patricio Chirinos -quien después sería candidato a gobernador de Veracruz y yo el coordinador del CEN del PRI por acuerdo de CSG, Colosio, Don Fernando Gutiérrez Barrios y Dante Delgado, quien era el gobernador substituto de Veracruz.

Mis opositores en la mesa de decisiones, argumentaron que podría yo rebelarme ante las reformas a los artículos 130 y 27 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Sé que Colosio, quien les dio garantías de mi lealtad y de mi seriedad, me defendió en exceso en la mesa en la que participaban el presidente, José Córdoba, Patricio Chirinos, don Fernando Gutiérrez Barrios y el mismo Luis Donaldo. A veces intervenía Manuel Camacho, sobre todo cuando revisaban los nombres para el Distrito Federal que él gobernaba. La cena en casa de los Colosio Riojas fue deliciosa y muy grata, entre hermanos realmente. Luis Donaldo no encontraba la forma de explicarme las razones por las que me habían sacado de la jugada, estaba muy tenso y apenado y llegó un poco tarde, pero Diana Laura, quien ya estaba informada del "palo" que me habían propinado, le ayudó a salir del hoyo sentimental y del trance amargo en el que mi amigo se encontraba en ese momento. Ya nada se podía hacer. Por don Fernando, quien me ofreció una Dirección General (que agradecí pero no acepté) en la Secretaría de Gobernación de la cual era titular, me enteré de la forma como Colosio me defendió reiteradamente ante el licenciado Salinas y los miembros de la poderosa mesa, al darles la garantía de que yo no me opondría, ni agitaría o conspiraría contra las reformas salinistas. No hubo remedio ni nueva reversa. Recuerdo que el Secretario Gutiérrez Barrios me narró los hechos y me dijo que él no sabía cuánto me quería y apreciaba el Presidente del PRI y que la noche anterior se había percatado del nivel de cariño y respeto del líder sonorense para conmigo. Me expresó esa mañana: "Le aconsejo conservar por siempre esa magnífica relación que tiene usted con el licenciado Colosio, pues es su verdadero amigo. Me consta pues rayó en la insistencia que ante la negativa de un presidente es sinceramente un exceso, que no es usual", me dijo don Fernando a quien Dante Delgado le había hablado siempre muy bien de mí, debo reconocerlo.

Colosio llevó como secretario general del CEN al excelente político campechano Rafael Rodríguez Barrera, quien fue su relevo inmediato aunque temporal, cuando el sonorense fue designado titular en la Secretaría de Desarrollo Social, a donde llegó acompañado de Alfonso Durazo, Rafael Reséndiz, Liévano Sáenz, José Luis Soberanes y Samuel Palma, entre otros connotados colosistas camino a la candidatura presidencial, camino surgido e iniciado aquella noche de Magdalena, cuando Luis Donaldo dejó las antorchas preparatorianas encendidas, en busca de otras mayores y emprendió su marcha a bordo del autobús que lo llevó a Culiacán y, más tarde, el mismo camino y el destino lo llevarían a Monterrey, a Filadelfia, a Viena y a la Ciudad de México, donde ocuparía los cargos y posiciones aquí descritos y detallados, hasta convertirse en el candidato presidencial de la esperanza.

De allí, a recorrer lo que pudo en unos cuantos meses de campaña, parte del país, entre otras entidades por el Distrito Federal, Hidalgo, Michoacán, Jalisco, Colima, Sinaloa, Baja California Sur y Baja California, donde en Tijuana, en el horroroso espacio de Lomas Taurinas, cuando la infamia la consumaron con dos disparos y, al cegar la vida del hombre noble, limpio, digno, valiente y brillante que fue Luis Donaldo Colosio, cerraron el camino, acabaron con la vida, con el sueño y con la realidad, y con ello destruyeron el porvenir y el paso iniciados por el político sonorense que había sido llamado a ser uno de los grandes presidentes de México.

Aquella noche de las antorchas encendidas en la azotea de la escuela preparatoria de Magdalena, cuando su padre don Luis Colosio Fernández fue por él, prácticamente a la fuerza, al lugar donde se fraguaba su verdadera personalidad, con la sensibilidad humana que siempre lo caracterizó hasta llegar a convertirse en la esperanza de México, nadie imaginaba lo que ocurriría veintisiete años después, para desgracia de los mexicanos que aún no nos reponemos del impacto y de los efectos tan nocivos de aquel crimen y de aquella felonía aún no suficientemente aclarados, no obstante investigaciones, libros, novelas y películas realizadas en torno a un magnicidio que retrasó el progreso integral de México y que enlutó a los mexicanos.

No hay reposición posible de Luis Donaldo Colosio Murrieta ni caben las comparaciones, pero es válido y hasta justo y necesario seguirlo y concretar sus pensamientos de rigor y de justicia lo mismo que de innovación democrática. Quede su legado de ética política, de compromiso, de reciedumbre, de pasión y de patriotismo como testimonio y ejemplo a seguir por las nuevas generaciones. Es plausible que se recojan y se realicen sus ideas, sus ideales, sus sueños y sus proyectos. Sostengo que a veinte años de la partida de Colosio, bajo circunstancias distintas hay un parangón entre él y Enrique Peña Nieto quién está empeñado en realizar, a su modo, muchos de los sueños de Luis Donaldo que comparte. Celebro que así sea por el bien de México, pues creo en el proyecto de Peña Nieto como creí en el de Colosio. Ambos patriotas y excelentes mexicanos, preocupados por su pueblo.

Lo expreso sinceramente, lejos de la geometría política o ideológica que a veces hace tanto daño, -no obstante que mis convicciones me ubiquen del centro progresista a la izquierda razonada, dentro de la Constitución, como diría el presidente López Mateos-, consciente de que hay diferencias de criterio y concepciones distintas entre quienes participamos en la integración de este libro, y sabedor de que en nuestro mundo nadie es monedita de oro.

Luego del magnicidio, el 24 de marzo, durante la madrugada acompañé a Diana Laura y al féretro desde Tijuana al Distrito Federal, por la mañana al llegar a la capital de la República montamos guardia en el auditorio Plutarco Elías Calles del edificio del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, como veníamos de desaliñados, sin dormir, más tarde estuvimos en la Funeraria Gayosso de Felix Cuevas, donde se veló y al día siguiente, el 25, Pedro Joaquín Coldwell, mi familia y yo fuimos temprano al Panteón "Dolores" ubicado en la Avenida de los Constituyentes, donde se pretendía cremar el cuerpo del que fuera nuestro candidato presidencial y, supe que con una orden de Diana Laura, su esposa, se suspendió esa intención que habría sido funesta y nefasta para las investigaciones posteriores que deberían llevarse a cabo.

En las idas y venidas estaban Santiago Oñate Laborde y Miguel Montes García, quienes, me consta, habían sido grandes amigos de Colosio, al igual que Pedro y Dante. De Don Miguel Montes hablé con Luis Donaldo en Culiacán la noche del 22 mientras cenábamos unos sándwiches fríos con unas coca-colas sin gas, que le había llevado el mayor Castillo (su jefe de ayudantes), a la Suite 5001 del Hotel Executivo ya entrada la noche. Me dijo que tenía grandes planes, de primer nivel, para el brillante abogado guanajuatense. Después, fuimos también, a Magdalena de Kino, donde acompañamos a su familia, a sus padres, a sus hermanas y a su hermano en especial, cuñados, amigos, lo entrañable, en su casa; luego llegamos al panteón municipal y allí estuvimos, al pie del cañón, como decimos allá, muy impactados por la pena y el dolor que nos causó la muerte de nuestro querido amigo, respetado e inolvidable jefe y líder que vive en nuestros corazones, en nuestros cerebros y en nuestros sueños, ideas e ideales.

Todavía recuerdo la emoción que aquella tarde del 25, en pleno sepelio, me causó el hermoso corrido "Sonora querida....", el segundo himno de los sonorenses, cantado a capela por el excelente cantante vernáculo sonorense Gilberto Valenzuela, "El Sahuaripa", mientras el féretro bajaba metros bajo tierra y don Luis Colosio, Diana Laura y sus hijos allí estaban, al frente, vigilantes, sollozantes y atentos a todo. Salimos enseguida, cuando acabó todo. Vibrante Diana Laura, y fuerte, no obstante la debilidad que le provocó su enfermedad terminal, vestida de negro, soplándole el viento su bella cabellera, pronunció palabras inolvidables para mi, llenas de dolor y de amor hacia su esposo: "...Las balas del odio y el rencor cegaron la vida de Luis Donaldo...". Tomé del brazo a mi amigo José Luis Soberanes, para subir la rampa y salir del cementerio. Íbamos caminando, desolados, cuando pasamos frente a Raúl Salinas de Gortari y Carlos Cabal Peniche. En ese instante Raúl le solicitó a José Luis hablar unos minutos, y lo hicieron. Mientras, me quedé ese tiempo con Cabal Peniche recordando que nos habíamos visto apenas el día 22 anterior en Mazatlán. Ahora hablábamos de cuán malo era el destino. ¡Y en serio, laicismo aparte, es válido preguntar y reclamar acerca de cuán malo es el destino y de cuán injusto, o acaso es el demonio, pero es menester indagar! Porque Dios no se lleva a persona alguna a balazos o por accidente, ni es injusto ni es malo; yo soy laicista, juarista y reyesheroleano en lo político, pero soy cristiano y creo en el poder de Dios. Se puede ser todo eso.

Soberanes y Salinas concluyeron su conversación, regresaron. Ya era tardecita y mi paisano y yo proseguimos, una vez más, por la rampa para salir, ahora sí, del panteón de Magdalena a subirnos al vehículo que nos conduciría con rumbo al aeropuerto a tomar el avión bimotor que nos llevaría a Hermosillo, para subirnos al Boeing grande que nos trasladaría de la capital sonorense a la Ciudad de México esa misma noche. Así fue, y es entonces cuando empezó la historia de los faxes para impulsar la posibilidad del gran Fernando Ortiz Arana como opción política tras la desaparición de Colosio, pero esa es otra historia que no involucró a Luis Donaldo y por ello no me ocuparé del tema, pues el candidato sustituto fue el doctor Ernesto Zedillo Ponce de León, quien se desempeñaba como coordinador de la campaña colosista y triunfó ampliamente en las elecciones.

Se ha publicado mucho sobre este interesante proceso de selección.