Los sentimientos se funden en un abrazo, que pocas veces

desemboca en llanto. La familia mantiene un semblante serio, a veces sueltan

una ligera sonrisa y atajan la tristeza que, en vida, Germán Dehesa no

acostumbraba. Tal como lo explica su esposa, Adriana Landeros, él "era un

hombre con un enorme sentido del humor, que se reía de todo". Pero la muerte,

dice la viuda, no la esperaba; platicaban que podría ser el año siguiente, pero

no este 2 de septiembre.

"Hay que recordarlo con una sonrisa", dice Landeros, que

afirma que en cuanto "bajen las aguas", las cenizas del escritor serán esparcidas

en el río Papaloapan, en Tlacotalpan, Veracruz.

Este jueves, familiares y amigos -entre los que se

encuentran escritores, periodistas, músicos, actores, además de políticos, como

el Secretario de Educación, Alonso Lujambio y la titular del Conaculta, Consuelo

Sáizar-, esperan el cuerpo del escritor, que a eso de las diez de la noche, es

preparado para su velación en la funeraria Gayosso, de Félix Cuevas.

Lujambio, quien se abre paso entre las cámaras y reporteros,

describe a Dehesa como un hombre al que "le sacaba erisipela todo exceso

intelectual o todo desatino moral". Coincide en que era un hombre alegre y

asegura que tenía un modo muy peculiar de ver el mundo, la vida y la cultura

mexicana. "Ha muerto uno de nuestros intérpretes", lamenta.

Mientras tanto, la presidenta del Consejo Nacional para la

Cultura y las Artes saluda a la escritora Guadalupe Loaeza, a quien abrazó por

última vez en las exequias de Carlos Monsiváis, hace un par de meses.

A la hora de las entrevistas, Saizar bromea un poco; les dice

a algunos reporteros que ya los ve más en funerales, que en actos

gubernamentales. Consuelo afirma que Germán fue un "formidable cronista urbano,

un hombre de grandes ideas que supo poner en prosa los sentimientos de una

sociedad que, al mismo tiempo que se divertía leyéndolo, se ilustraba de una

manera absolutamente formidable y con una prosa que a mí siempre me asombró,

sus enormes personalidades estilísticas y su inagotable fuente de humorismo".

El féretro del cuerpo del escritor es recibido en medio de aplausos,

flashes y sentimientos encontrados, minutos después de las once de la noche.

A las once treinta, llega Felipe Calderón y Margarita Zavala,

con su respectivo cuerpo de seguridad, de al menos treinta hombres. El Estado Mayor

Presidencial arribó por lo menos media hora antes a Gayosso.

La pareja presidencial es recibida por la viuda, así como

por el Secretario de Educación y la titular de Conaculta.

Poco después de que entra el Presidente, llega el cronista

deportivo José Ramón Fernández, quien accede de inmediato a donde se encuentra

el cuerpo, en la capilla A, flanqueada por los medios y el Estado Mayor

Presidencial. No ocurre lo mismo con la periodista Carmen Aristegui, quien

prefiere esperar a que salga Calderón y su esposa.

Debido a lo reducido del lugar y a la gran cantidad de

medios de comunicación, la salida de Calderón, veinte minutos después, se

vuelve un caos. "Vamos a extrañar mucho su revisión cotidiana de México,

su ironía, su excelente sentido del humor y su visión de la vida", expresa

antes de retirarse. El EMP hace fila para que pase el Presidente. Y empujan a

quien no se mueve.

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A sus 66 años, el mexicano dejó pendiente un homenaje en la

Universidad Nacional Autónoma de México, el cual se tenía programado para este viernes.

Probablemente haya otros, pero de esos Germán ya no se dará cuenta.

A Dehesa le sobreviven su esposa, sus cuatro hijos, sus

inigualables escritos y un tuit: "No me estoy

despidiendo. Yo espero que falte mucho como para que ocurra algo tan ingrato. Como

en el teatro, esto es apenas la 1a...", escribió hace apenas siete días.

Más pronto de lo que esperaba, llegó

la tercera llamada.