El presidente de EE.UU., Barack Obama, se vio este jueves obligado a suspender de nuevo su gira por Indonesia y Australia, que debía comenzar el domingo, y aplazarla a junio por su propuesta de reforma sanitaria, que se juega su futuro en los próximos días.

El portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, dijo en la rueda de prensa diaria que Obama telefoneó hoy al presidente indonesio, Susilo Bambang Yudhoyono, y que durante el día tenía previsto hacer lo propio con el primer ministro australiano, Kevin Rudd, para informarles de su decisión.

Obama, agregó Gibbs, "lamenta profundamente el retraso" en una visita donde iba a pronunciar un discurso al mundo musulmán y a analizar la cooperación para la seguridad, pero "la aprobación de la reforma sanitaria es de una importancia primordial", declaró el portavoz.

"El presidente está decidido a continuar en esta batalla hasta el final", añadió. Tras un largo y accidentado proceso que se ha prolongado casi un año, la reforma sanitaria ha entrado ya en su etapa definitiva, en la que se juega salir adelante finalmente o quedar aparcada durante años.

Hoy la mayoría demócrata en el Congreso publicó en Internet el texto del proyecto de ley, un requisito imprescindible previo para que la medida se someta finalmente a votación en la Cámara de Representantes.

Tras su publicación, es necesario esperar 72 horas para que el público pueda revisar el documento, por lo que la votación no podrá celebrarse antes del domingo por la tarde. Obama tenía previsto partir hacia Asia a las 10.00 hora local (14.00 GMT).

El presidente estadounidense se juega su futuro político en esta reforma, su principal prioridad legislativa. Si sale adelante, previsiblemente podrá comenzar a remontar en las encuestas -tras una etapa de caída de su popularidad- y aprobar otras medidas complicadas, como la reforma del sistema de regulación financiera.

Si la reforma sanitaria fracasa, el mandato presidencial recibiría una grave herida, que algunos comentaristas consideran podría ser mortal.

Por ello, en palabras de Gibbs, "el presidente cree que ahora mismo el lugar en el que tiene que estar es Washington, para ver que esto llega a un final con éxito". De momento, este mismo viernes ya tiene previsto celebrar un mitin en Fairfax, en las cercanías de Washington, para promover el apoyo popular a la medida.

Obama ya había aplazado tres días su viaje, previsto inicialmente para hoy, con la esperanza de que la iniciativa quedara aprobada al menos en la Cámara de Representantes antes de su partida. Los líderes demócratas han peleado hasta el último momento para arañar los 216 votos necesarios en esa Cámara que permitan dar por aprobada la legislación.

No solamente tienen en contra de modo unánime a la oposición republicana, sino también a legisladores demócratas moderados, a los que les preocupa el impacto de la propuesta en el ingente déficit fiscal de EE.UU.. Otros, de creencias católicas, reclaman que la reforma prohíba el uso de fondos federales para practicar abortos.

Congresistas liberales, en cambio, critican que la medida no establezca un sistema sanitario público. Estos últimos, sin embargo, parecen haberse inclinado finalmente a favor de la iniciativa después de que uno de sus representantes más significativos, Dennis Kucinich, diera el miércoles su apoyo al proyecto de ley.

Y los moderados podrían reducir sus titubeos después de que la Oficina de Presupuestos del Congreso, el brazo auditor del Capitolio, haya informado hoy de que la propuesta reducirá el déficit en 130.000 millones de dólares en sus primeros diez años y en 1,2 billones en la década siguiente.

Pero aunque la iniciativa quede aprobada en la Cámara el domingo, aún serán necesarios los votos del Senado, un proceso que también podría dar lugar a algún traspié. Por eso, y ante las críticas que podría recibir si el texto descarrilara en su ausencia, Obama ha optado por lo seguro. Su visita al país en el que pasó cuatro años de su infancia tendrá que esperar tres meses más.