Los 33 mineros atrapados bajo 700 metros de profundidad cumplen un mes bajo
tierra mientras se aceleran tareas de rescate con el propósito de tenerlos a más
tardar en noviembre en la superficie.
"Hoy conmemoramos que los 33 valientes hombres quedaron aislados. Este es un
momento de recogimiento, de esperanza, no de celebración,no hay nada que
celebrar todavía. Estamos trabajando duramente en esa dirección", dijo el
domingo el ministro de Minería, Laurence Golborne.
Los alrededor de 200 familiares que permanecen acampados junto al mineral
recordaron a las 13,45, la hora en que se produjo el derrumbe que bloqueó la
mina hace un mes, con bocinas y silbatos.
Golborne y los emocionados familiares subieron hasta uno de los cerros donde
se clavaron 32 banderas chilenas y una boliviana, por el joven minero de esa
nacionalidad, Carlos Mamami.
También se cumplieron dos semanas en que una sonda logró con dar ellos en el
fondo del mineral de oro y cobre San José, a unos 850 kilómetros al norte de
esta capital, y comprobar que estaban con vidas. Un gran suspiro de alivio
dieron los chilenos, pero al mismo tiempo surgió la preocupación por la ardua y
lenta tarea que implica al rescate.
El domingo una segunda sonda más rápida que la utilizada con anterioridad,
proporcionada por una gran empresa minera, comenzó a operar entre los cerros que
circundan el mineral. Con su puesta en marcha se acentúan las esperanzas de que
el rescate sea antes de lo previsto. Esa sonda por perforar con mayor rapidez
lograría su objetivo dentro de dos meses.
También debía llegar hasta el lugar, enclavado entre cerros del desierto
chileno, una tercera sonda que la estatal empresa petrolera utiliza en sus
prospecciones y que sería la más veloz de todas las maquinarias.
El mes de la tragedia estuvo precedido por emotivos breves contactos el
sábado mediante video conferencia de los mineros con sus familiares y con uno de
los sobrevivientes uruguayos de la tragedia de los Andes, quienes viajaron al
norte para alentar a los familiares y a los trabajadores.
"Cuando todo esto termine y pasen los años, y sean viejos como nosotros,
estos problemas que están pasando acá les van a parecer minúsculos al lado de la
alegría que es la vida", le expresó el uruguayo Ramón Sabella a Luis Urzúa, el
jefe del grupo de 33 mineros.