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Histórico

Desde Torre Latinoamericana, una estafa a miles de desempleados

mié 2 de febrero de 2011

Los teléfonos no paran de sonar en el piso 22 de la Torre Latinoamericana.

Son cuatro las telefonistas que atienden a decenas de personas interesadas en trabajar en esta empresa que, al principio, ni conocen su nombre.

Desde hace más de ocho años, en periódicos, volantes e internet, se ofrecen las "vacantes": telefonista, recepcionista, archivista, empacador, etiquetador, ayudante general, o simple y escuetamente "cinco personas que trabajen en despacho, medio día".

Lo más atractivo es el supuesto pago, desde dos mil pesos hasta cuatro mil.

. . ¡a la semana!

Por ello, tantas llamadas.

-¿Es usted la persona interesada?

(. . . ) ¿Cuántos años tiene?

(. . . ) ¿Su nivel de estudios?

-, son las preguntas del script ya memorizado por quien se dice llamar señorita Nirvana.

La mujer, de voz exageradamente amable y aguda, otorga una "cita de trabajo" a todos los llamantes sin excepción alguna, con horarios por la mañana y por la tarde, pidiendo únicamente una solicitud de trabajo elaborada o currículum, sin olvidar preguntar por quién se enteró uno de las "vacantes", pues en todos los anuncios aparecen nombres o apellidos como "Lic.

Trinidad", "Sra.

Reyna", "Licda.

(sic) Castellanos", que en realidad son claves para la estafa.

-Eso es todo, suba a la Torre por el cuarto elevador (.

. . ), si le preguntan que a dónde va, diga que al piso 22, despacho 9, con la señorita España (.

. . ). Lo espero ese día", me dijo por último la señorita Nirvana.

Si uno vuelve a llamar inmediatamente después, siguiendo el mismo guión, se puede concertar otra cita, a la misma hora, el mismo día, como si la empresa pudiera contratar a los más de dos millones 321 mil desempleados que existen hoy en día en todo el país.

Así comienza el engaño en Coremex, uno de los cinco (o más) nombres de empresas defraudadoras, localizadas por SDPNoticias.

Corporativo Empresarial de México (Coremex), Grupo Ejecutivo Mexicano (Gemex), Grupo Gerencial de Imagen y Comportamiento Empresarial (Gicem), Sistemas Actuales de Redes Empresariales (SARE), entre muchas otras, operan prácticamente de la misma forma y bajo la misma impunidad en la capital del país, aunque algunas, debido a su éxito, se han asentado momentáneamente en diferentes estados de la República, como Jalisco,  Quintana Roo, Querétaro, Hidalgo, Guanajuato.

. . Se desconoce cuándo iniciaron, pero la fórmula ha funcionado en la última década: I-Anuncios de ofertas de trabajo con sueldos atractivos, horarios flexibles, en lugares céntricos.

II- Discursos motivacionales a los desempleados.

III- La promesa de ser contratado siempre y cuando se asista a un curso de superación personal y a otro de capacitación.

IV- A la postre, se les da a vender cosméticos (casi siempre perfumes), lo cual sería la única condición para ser "contratados".

  V- La gente, desesperada pero al mismo tiempo motivada, paga aproximadamente 400 pesos por cada uno de los diez productos que se les da a vender.

Y por lo menos cuatro mil pesos por persona se embolsa la empresa que nunca contratará a nadie.

. .   a menos que quieran repetir el engaño con otros.

Es una cadena en la que la presa, después de sometérsele, puede convertirse en el cazador.

En los dos sexenios panistas --Vicente Fox, 2000-2006, Felipe Calderón, 2006-2012-, el empleo se ha vuelto más codiciado que nunca, aun cuando fue la principal promesa de campaña del actual Presidente de México, que se catalogó a sí mismo como "Presidente del empleo".

Por eso muchos aceptan trabajar de embusteros.

La estafa ocurre de lunes a sábado en las grandes urbes.

Miles la han vivido.

Y otros, apenas están por conocerla.

El embauque Como en toda recepción, en el piso 22 de la Torre Latinoamericana hay que registrarse.

El registro se hace con nombre, dirección, teléfono, hora y el despacho que se visita, en este caso, el 9, con la supuesta señorita España.

Aunque lo sean, las oficinas no parecen muy amplias.

Paredes rosas, cuatro telefonistas ancladas al lado de la mesa de la entrada, unos salones al fondo, y cerca de cuatro departamentos divididos por paredes de madera, es lo que se observa desde el centro de la sala de espera en la que (además del ruido de los teléfonos) una televisión, en la que aparecen caricaturas animadas, rompe el silencio.

Las caras de los desempleados no dicen mucho.

Si acaso, para esta "cita de trabajo", se ocupan la mitad de las sillas rojas del lugar.

Y se desocupan cuando un "asesor financiero"  los llama para comenzar con el embauque.

-Señor.

. .  fulano de tal, señorita.

. .   tal, pasen por favor-, invita el sujeto, de peinado para atrás, enjuto y ataviado con traje de marca.

-Bienvenidos, mi nombre es (.

. . ). Soy asesor financiero de esta empresa, cuyo nombre es Corporativo Empresarial de México (Coremex), dedicada a la venta de cosméticos y capacitación de personal.

Pero no le vamos a vender nada, como muchos piensan.

Actualmente tenemos varias vacantes, de las cuales les hablarán más adelante (.

. . ). Cuando usted habló por teléfono, se le pidió una hora y media o dos para la entrevista, ¿no hay ningún problema?

(. . . ) A continuación pasará con mi compañero para hacer un breve cuestionario.

Así conducen a uno hasta un salón del fondo a la derecha, donde aparece un farsante más.

De nombre Moysés Valdez (se sabe que en realidad se llama Óscar), quien asegura ser "ejecutivo" de la empresa, da a conocer los puestos disponibles en Coremex, a los que clasifica en junior, senior y máster.

"Se puede ir ascendiendo", anima.

¿Y por qué ganarían tanto dinero en una semana?

Valdez pregunta al aire y acepta que son naturales las dudas.

El hombre treintón se responde a sí mismo: es debido a que la empresa no ofrece "prestaciones de ley", como el seguro social, préstamos, aguinaldos.

. . por lo cual están obligados "por ley" a dar un mejor salario a sus empleados.

Porque esto es legal.

Eso dice.

Al completar un simple cuestionario del por qué se quiere trabajar aquí y si se estaría dispuesto a tomar un "curso de superación personal", lo que es fundamental para el engaño, los buscadores de empleo esperan ansiosos un "resultado".

En cuestión de minutos, aparece otro "ejecutivo" que se hace llamar Marco Antonio Martínez, quien pide que quienes escuchen su nombre salgan a la sala de espera.

Quienes no, se quedan dentro del salón.

Quedamos cinco de siete.

Martínez da la "gran noticia": ¡Felicidades!

, han sido aceptados.

"Aceptado.

Corporativo Empresarial de México.

Pase para evaluación otorgado a: Calificó_ Día __ de __, de __, a las ___.

Invitado por España.

Despacho L-9. Información impartida por: Sr.

Moysés Valdez.

Requisitos: Block blanco, pluma y lápiz No.

2 Nos reservamos el derecho de admisión", se lee en un papel de tinta azul, que entregan previo a conducirnos a la salida por el elevador.

La única salida.

El curso de superación que se convierte en un chiste A las 2:55 PM de un jueves, ya nos esperan dos de los "ejecutivos" --a uno se le había visto antes como recepcionista-, quienes observan uno a uno a los que se forman en el cuarto ascensor de la planta baja de la Torre Latinoamericana que, al ser el más lejano de la entrada del edificio, es de suponerse que la mayoría de los que acuden a él es porque van al piso 22. Al salir del ascensor, se ve una larga fila, formada en su mayoría por adolescentes, quienes esperan para ingresar a un salón del fondo, en sentido opuesto de la recepción.

Para entrar, se pide el pase otorgado un día antes y, primero, se ingresa a las mujeres, quienes son colocadas en la parte de adelante del aula, mientras que los hombres se quedan atrás.

El calor es asfixiante; el salón es amplio, blanco, sin ventiladores, con un pizarrón y lleno de sillas en la que estamos sentados 56 personas, muchas de traje sastre.

La mayoría son jóvenes, pero no falta quien resalta por sus canas.

Hay un solicitante que llama la atención por su acento: es argentino y también busca trabajo.

. . al parecer, tampoco advierte el embauque.

El primero en impartir el curso, que pronto se tornará en un duelo de chistes, es Marco Antonio Martínez.

Él, de sonrisa burlona, moreno, flaco, cabello parado, trata de "romper el hielo" en el salón del piso 22: -¿Les dijeron que el curso es de.

. . ? -, hace un espacio para que los demás respondan que de 3 a 9 de la noche.

-Son seis horas.

Seis horas aguantando la silla, el calor, a sus compañeros de lado.

Yo les pregunto, ¿no hay ningún problema?

-, insiste, motivando a que le respondan que no lo hay.

-¿Pero no hay algún problema si salimos después?

(el animoso auditorio le asegura que no) ¿O qué pasaría si salimos antes?

. . . Mejor, verdad, mucho mejor.

. .  Por ejemplo, a las 8:59 (risas).

. .  Porque en un minuto pueden pasar muchas cosas, se puede romper un récord, morir alguien, nacer alguien o, incluso, hacer a alguien (risas).

¿Ah, sí?

 ¿Tan rápido?

  (más risas).

El monólogo de Marco Antonio Martínez puede ser simpático en un inicio, con supuestas anécdotas chuscas del Metro, de su familia, de los apodos.

. .   depende del humor de los asistentes, tolerarlo más de dos horas, en las que repite lo ya dicho con tal de terminar su tiempo, con la aparente finalidad de integrar y motivar al grupo.

Antes de las 6 de la tarde, es el turno del supuesto Moysés Valdez, a quien Marco Antonio pide recibir con un fuerte aplauso.

Así se hace.

Se aplaude de sobremanera.

Los charlatanes se saludan de abrazo, como se saludarán todos los "ejecutivos" a la hora de cambiar de turno.

El tema deja de ser la "integración" y se comienza a hablar del contrato.

Continúan los chistes.

Siguen los enredos.

De la Torre Latinoamericana los envían a una nueva dirección, donde aseguran que conocerán a los directivos.

Donde conocerán la verdad.

  El aroma de un fraude En la céntrica calle Fray Servando Teresa de Mier número 50, la gente se da de bruces contra la realidad de la estafa.

Hasta aquí llegan cientos de aspirantes a ocupar "unas cuantas vacantes", para lo cual deben de tomar un curso de capacitación de por lo menos tres días.

Hay un ejército de desempleados, que son reclutados por aproximadamente veinte timadores.

O más. El "curso" que observo es tomado por cerca de cien personas, por la tarde, en el piso 3. En el piso 4 hay otro grupo.

Si se hacen cuentas, sumando los que vienen por la mañana, cerca de doscientas personas acuden a este lugar cada semana; ochocientos, al mes; casi diez mil, al año.

. .  en Coremex; hay que sumar otras empresas que ofrecen empleos fantasma en la calle de Balderas,  José María Izazaga, en la avenida Insurgentes.

. . céntricas, todas.

La técnica del convencimiento incluye luces de colores, música, baile y recurrentes chistes de parte de los "directivos" de la empresa, quienes se hacen llamar Ricardo Nava, Daniel Álvarez o Daniello, Ambrosio Galindo, Ramiro Ramírez, Rodrigo Rodríguez, Arlette María Olmedo Arcilla, Fernando Medina, Óscar Salas, entre otros.

Más de seis horas son dedicadas a convencer a los "próximos empleados" que deben tener una "mente de campeón": buena autoestima, actitud mental positiva y decir que todo es fácil y sí se puede.

¿Y por qué no podrían vender diez perfumes, si ya los convencieron que todo lo pueden?

Por eso la mayoría acepta por lo menos diez productos de la marca "D´Glamour".

Son de 3 mil a 5 mil pesos lo que desembolsan.

A pesar de la falta de una fuente de trabajo, algunos pagan en cuanto les entregan los perfumes, ya que se les promete ser "contratados inmediatamente".

Otros no pueden esconder su cara de sorpresa.

No falta quien, molesto, se para y se va sin decir nada.

Es comprensible quedarse atónito por esto.

A la hora de la firma del "contrato", después de haber vendido los productos de belleza, algún "ejecutivo"  signa el documento que, cuando se lee, sólo da a entender que alguien cumplió con las ventas.

Es un comprobante.

Cuando se piensa el engaño no da para más, los timadores invitan a unírseles.

Tienen el historial perfecto, ya que nadie ha pisado la cárcel por esto.

Si se acepta ser parte de ellos, se comienza pegando volantes por toda la ciudad (con un nombre o apellido falso que los identifique), o puede ser uno de los que conteste las decenas de llamadas y hasta aprender a dar "los cursos".

Ganar de las ventas a base de mentiras.

Vivir de la pantomima.

Porque, con otros, sigue la estafa.