Por Rubén Barrera.
Corresponsal Washington, 18 Ene (Notimex).
- Cuando este martes juramente como el cuadragésimo cuarto presidente de Estados Unidos, Barack Obama habrá completado un histórico viaje con el cual el rostro multicolor de este país se habrá fusionado de cierta forma.
El de Obama es un viaje único en la vida política de este país, renovando la capacidad de asombro y el espíritu de perseverancia reflejados en el azaroso recorrer que lo llevó a atravesar medio mundo en una eterna búsqueda interna.
Desde la tranquila vida en Hawai, hasta la lucha por los desposeídos en las calles de Chicago, donde descubrió su identidad racial, hasta los pasillos del poder de Washington, la odisea personal de Obama ha fascinado a propios y extraños.
En Oahu, la remota población de Hawai donde creció, con su madre y abuelos, Obama o Barry, como era conocido entonces por sus compañeros de escuela, vio el mundo de manera simple a pesar de su condición de hijo de madre blanca y padre negro.
Quizá ello se debió en gran medida a la ausencia, en Hawai, de barreras raciales tan evidentes como en el territorio continental estadunidense.
"Nadie parece consciente del color (de su piel)", habría escrito su padre, Barack Hussein Obama, sobre su percepción de la vida en la isla, mientras estudiaba en la Universidad de Hawai poco antes de conocer a Ann Dunham, la madre del futuro presidente.
Hasta el día que concluyó su estudios de bachillerato, Obama soñaba con ser jugador profesional de basquetbol, pero su mundo se transformó durante sus años de formación universitaria en Harvard.
Esa transformación lo llevó a Chicago, donde nuevas fuerzas le dieron forma a su identidad, lo reencontraron con sus raíces negras y se identificó como tal, y donde aprendió el arte de la política como pocos novicios políticos entonces.
Chicago, empero, nunca pudo suplantar al carácter moral de Obama, formado en la cultura del esfuerzo y perseverancia de una familia que llegó hasta los confines del país en la búsqueda del eterno bienestar.
A ello se sumó el amor que recibió de sus allegados, en particular de su madre Ann y Madelyn Dunham o Toot, su abuela, las dos mujeres que más influencia tuvieron en su vida antes de conocer a Michelle, su esposa.
Obama ha reconocido en reiteradas ocasiones la influencia que su madre y abuela tuvieron en su vida, para explicar cómo pudo crecer como un niño mestizo, librar sin dolor la batalla interna en busca de su identidad, y entender mejor el rostro social de su país.
"La gente tiene éxito porque son amados y se pide mucho de ellos, no porque sean negros o blancos", dijo la escritora Shelby Stelee al explorar el sentido de identidad de Obama.
Como hijo de un matrimonio birracial, la niñez de Barack Obama transcurrió empero sin el referente que lo reafirmara.
Después que su padre los abandonó a él y su madre, Obama creció y vio el mundo desde la perspectiva de los blancos, pero con un sentido de responsabilidad y perseverancia inculcado sobre todo por su madre, que a decir de muchos fue una manifestación de su condición social.
El futuro presidente ha recordado cómo, mientras residían en Indonesia, su madre lo despertaba a las cuatro de la mañana para repasar las lecciones de inglés.
Aunque los dos vivieron juntos por 12 años, y la mayor parte de su adolescencia ella estuvo con frecuencia ausente, las lecciones de vida y su juicio quedaron para siempre en su memoria.
El recuerdo de su padre, sin embargo, también ha estado presente, como lo reflejó en sus escritos titulados "Sueños de mi Padre", aunque siempre visto como una figura distante.
No obstante, Obama ha recurrido a su experiencia como un niño que creció sin su padre para establecer puentes de entendimiento que en ocasiones le han valido críticas.
Durante la campaña, Obama generó reacciones encontradas durante un discurso el Día del Padre donde llamó a los jóvenes afroamericanos a adoptar una actitud de mayor responsabilidad, ante la elevada tasa de nacimientos fuera de matrimonio entre los jóvenes afroamericanos.
"Necesitamos que los padres se den cuenta que la responsabilidad no termina en la concepción.
Necesitamos que se den cuenta que lo que te hace un hombre no es la capacidad de tener un hijo, es el coraje de criarlo", precisó entonces.
Las declaraciones generaron una ruda respuesta del reverendo Jesse Jackson, quien lo acusó de denigrar el carácter de los afroamericanos, aunque después ofreció disculpas.
De manera similar, Obama generó reacciones de condena por grupos opuestos al aborto después de una declaración en marzo pasado que fue interpretada como una convalidación de esta práctica.
"Les voy a ensenar primero sobre valores y moral, pero si cometen un error, no quiero verlas castigadas con un bebé", dijo Obama al referirse a la posibilidad de que cualquiera de sus hijas, Sasha o Malia, pudieron quedar embarazadas antes del matrimonio.
Obama generó denuncias infundadas por lo difuso con que muchos vieron sus antecedentes religiosos.
Determinar cuál es su verdadera fe religiosa consumió parte del proceso de las primarias y la campaña presidencial, y fue utilizado por algunos para avivar temores falsos, cuando fue acusado incluso de profesar en secreto como musulmán.
"Entender quién es Barack Obama es entender nuestros tiempos.
Entender quién es religiosamente, significa entender las tendencias religiosas que están dando forma nuestra sociedad", dijo Stephen Mansfield, autor del libro "La Fe de Barack Obama".
Aunque Obama ha dejado en firme su fe cristiana, lo ha hecho sin el apasionamiento o la visión social que permean en la mayor parte del movimiento religioso afroamericano, moldeado en gran parte en los días del movimiento de los derechos civiles.
Aún en las salas de oración, Obama ha promovido el sentimiento práctico de la religión, como lo ha hecho en la arena política.
"Necesitamos abrazar a Cristo porque tenemos pecados que lavar, porque se es humano y porque necesitamos un aliado en este difícil viaje", durante uno de los sermones pronunciados en Chicago poco después de haber anunciado su separación de la Iglesia.
Para Mansfield y otros estudiosos del fenómeno Obama, esta visión simple de la religión, sin apasionamientos ni sectarismo refleja una actitud pragmática que quedó evidenciada de manera plena durante su campaña y que se espera lleve a la Casa Blanca.
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