Al ritmo de cacerolas y palos, era 1971 y un gran número de chilenos se manifestaba en contra de Salvador Allende quien recibía a Fidel Castro.

Pocos años después, y de nuevo al mismo ritmo se protestaba contra el golpe de estado de Augusto Pinochet al gobierno de Salvador Allende.

En Argentina, durante la peor crisis económica, la del 2001, los cacerolazos se organizaron de nuevo por la pérdida del ahorro de los argentinos. No se habían organizado desde 1996 cuando se protestaba contra las políticas económicas de Carlos Saúl Menem.

Al estilo murguero, con bombos, platillos, distintos tambores y banderas blanquicelestes, hicieron de su frustración y enojo un carnaval.

Una fiesta triste, muy colorida y ruidosa pero al mismo tiempo oscura y que dejaba en silencio a todo aquel que la observara "desde afuera".

Las hinchadas de fútbol de distintos equipos de Buenos Aires comenzaron a protestar en las gradas. Cantando "Oh! que se mueran todos! Oh! que no quede... ni uno solo" miles de personas que en otras circunstancias hubieran sido rivales a muerte, ese día se unían para cantar al unísono contra el gobierno y sus políticos.

Estas manifestaciones que unieron a la clase media con la baja, a militantes de distintos partidos y causas antagónicas con personas apolíticas pero igualmente enardecidas, a empleados en su hora de comida con madres de desaparecidos durante la dictadura militar, tuvieron gran repercusión en los medios de comunicación internacionales y lograron elevar la presión social a tal punto que el Presidente Fernando de la Rúa tuvo que renunciar.

Y en México, ¿cuándo hemos hecho tanto ruido juntos?

Sí, se bloqueó un mes la Avenida más importante de la Ciudad de México y se han hecho miles de mítines y marchas desde el Ángel de la Independencia hasta el Zócalo con muchos motivos, todos diferentes.

Pero, ¿no les dá la impresión de que nos ha faltado algo?

¿No será que la diferencia entre los Cacerolazos chilenos y argentinos con nuestras marchas y mítines radica en su enfoque? Que en lugar de tener una causa en común, que nos joda a todos, nos hemos empeñado en hacer de nuestras protestas una pelea "nosotros vs. ustedes", "partido vs. partido¨, ¨barbie original vs. barbie chafa¨.

Mi persepción es que, para mantenernos controlados, nos han dividido. Nos han impuesto colores e idiologías y nos lavaron la cabeza para defenderlos. Lo peor es que ya ni nos ponemos a pensar si realmente valen la pena ni tampoco nos damos cuenta que son luchas contra nosotros mismos.

Creo que ya ha llegado el momento, o más bien, ya se nos hizo tarde para ejercer nuestro derecho a manifestarnos no contra AMLO o contra Calderón, ni tampoco a favor de ellos o en contra o a favor de cualquier otra causa. Ha llegado el momento en que nos manifestemos por nosotros mismos, juntos como sociedad.

¿O qué? ¿Nos faltan motivos?