En medio de un impresionante cerco de seguridad, Calderón inauguró un centro de salud en el estado de Morelos donde fueron replegados electricistas inconformes para que no molestaran con sus peticiones y denuncias al primer mandatario, quien solicitó a los mexicanos en un discurso mentiroso que nos sumemos sin tintes partidistas en beneficio de la salud de la población.
Ya en Davos se había comprometido a crear medidas para detener el cambio climático.
Por lo visto el pelele no está enterado, o pasa por alto, que desde hace más de DIEZ AÑOS la Subcomisión de Materiales y Desechos Peligrosos de la Comisión de Ecología y Medio Ambiente de la Cámara de Diputados determinó que el Centro de Almacenamiento de Desechos Radioactivos (CADER), ubicado en Temascalapa, debía ser clausurado, saneado y rehabilitado, ya que la peligrosidad de los materiales ahí depositados resulta perjudicial para la salud de la población y del medio ambiente.
A la fecha y con anuencia de las autoridades federales y estatales, no se ha realizado ningún trabajo de traslado, mucho menos de clausura, al contrario siguen depositando desechos tóxicos y radioactivos en ese lugar.
Este cementerio de materiales tóxico-radioactivos está asentado sobre un predio que pertenece a la Cuenca Cuautitlán-Pachuca, de donde extraen agua 34 municipios del Estado de México. O sea que la desidia, la incompetencia y sobre todo los intereses económicos y políticos del gobierno federal como del gobierno del Estado de México anteponen el negocio a la salud de la población.
Cuánta razón tiene López Obrador al decir que PRI y PAN son lo mismo, de ahí su negativa a las alianzas con esos partidos que son los responsables de tantos daños a la población, al medio ambiente y a la nación.
Estoy segura que los medios de comunicación cómplices del sistema no sacarán a la luz esta información, aunque la salud de sus televidentes y radioescuchas esté en riesgo. Lo que no toman en cuenta los prianistas bárbaros y abusivos es que las emanaciones tóxicas no respetan fronteras políticas, culturales, económicas o sociales, y al ser de lento avance las consecuencias de estas substancias harán víctimas a las próximas generaciones.
Ni Calderón ni Peña Nieto han tocado este tema tan delicado, pretenden que los daños que están ocasionando por su irresponsabilidad y avaricia les lleguen, como siempre, a los más jodidos. Pues se equivocan, todos vivimos bajo el mismo cielo y aunque ellos estén a salvo de un atentado, por los exagerados operativos de seguridad que los rodean, no están exentos de serios problemas de salud provocados por el deterioro ambiental que están permitiendo.