Ante la crisis gobierno y empresariado han encontrado puntos de desacuerdo debido a que cada uno de ellos busca el beneficio propio, este signo clarifica la gravedad de la situación actual en la que cada cual busca su propia sobrevivencia.
Mientras que el empresariado (encarnado en los grandes corporativos trasnacionales que buscan mantener sus multimillonarias ganancias) insiste en mantener la serie de privilegios fiscales que el gobierno le ha venido otorgando históricamente el gobierno, por otro lado, busca la venia de los hombres del dinero para que estos paguen impuestos, aunque sea un poco.
Tales ruegos significan una auténtica derrota del modelo económico neoliberal en la que los subsidios son criminalizados y el libre mercado es el primer mandamiento de una teoría económica que ha demostrado su fracaso en la práctica.
El libre mercado, cuya única función es la de perpetuar compadrazgos entre gobiernos y hombres de dinero (que no de negocios), termina por ser una mar de piratas en las que los ganadores no son los mejores estrategas y empresarios con iniciativa.
El empleo, el progreso y beneficio social son cosas que no significan nada para estos modelos agotados.
El empleado, el trabajador, se reduce a un simple pasivo que puede ser liquidado de inmediato si las necesidades financieras de una empresa lo requieren.
Antes despidos masivos que un descenso en las ganancias; esto es la deshumanización de los modelos de producción capitalistas.
La función social de las empresas tampoco es algo de que sentirse orgulloso, dichas responsabilidades terminan cuando un obeso empresario sale a cuadro con un enorme cheque de cartón sin valor real ante la audiencia del teleton para decir que ya son "sensibles a las necesidades del pueblo" o bien sellar sus productos con la marca "Socialmente responsable" por haber pagado una certificación que a nada obliga ni a nadie sirve.
Los hombres del dinero en México no son hombres de negocios; son simples oportunistas que contaron con los favores de las administraciones para la adjudicación de beneficios a cambio de jugosas retribuciones económicas.
No me imagino a Carlos Slim, por ejemplo, haciendo un esfuerzo de ningún tipo al habérsele vendido Telmex con todas las facilidades de parte de Carlos Salinas.
¿Son esos nuestros "capitanes"?
Claro que no faltará el despistado que diga que, a pesar de los ardores personales, dichos "empresarios" contribuyen con mucho a la economía nacional y que sus impuestos, los que llegan a pagar, corresponden a los que la ley determina.
Y ese es precisamente el problema: que la ley, la ley de ellos, está hecha a modo de que los delicados hombres del dinero en México no paguen más de lo que quieren pagar, no se van a quejar de las leyes, no se van a quejar de los impuestos pues ellos están más que felices por tener en el bolsillo esa carta llamada "Pago diferido de impuestos" cuya práctica permite que el consorcio pueda eludir el pago de impuestos mediante la adquisición de bienes que son deducibles.
De tal forma que el patrimonio de la empresa aumenta y el pago de impuestos se evita.
Y todo dentro de la ley.
¿Pues no que muy fregones en los negocios?
Porque lo que hacen no es de empresarios, es de auténticos ladrones.
Y son ellos quienes se desgarran las vestiduras de diseñador cuando uno de sus empleados, Calderón en este caso, les implora que paguen un poquito más de impuestos: "¿Quién se cree ese oficinista para decirnos cuando y cuanto pagar?
" han de mascullar entre dientes la rabiosa cúpula empresarial.
Comentarios: morfosdp@gmail.
com Para saber más:http://www. jornada. unam. mx/2008/07/19/index.
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