En un supino acto de totalitarismo Calderón, Carstens, y la serie de focas amaestradas del mass media habituado a aplaudir lo que salga de la sala de prensa de Los Pinos, ha decretado que ya no estamos en recesión (evitando por todos los medios decir: "Crisis", "Catástrofe","Catarrito", etc.
). Tan temerario dicho va acompañado con la triunfalista sentencia que pretende sacar a todo el pueblerío a dar vueltas por el Ángel pues según, incluso, vamos creciendo 2.5% en el índice económico.
Pero el decretazo (práctica que se está convirtiendo en la marca que dejará Calderón cuando por fin se vaya) tiene una falla igualmente monumental que la desafortunada fanfarria pues si bien es posible que la economía mexicana haya tenido un ajuste, consecuencia directa del crecimiento en la economía de Estados Unidos, esta permanece en números negativos; esto debido a que el desplome de los índices económicos llegó hasta el -10.3%, por lo que no hace falta ser un genio de la economía neoliberal como Carstens para concluir que seguimos en -7.8% por debajo del crecimiento.
No sólo no ha terminado la crisis sino que el ritmo de recuperación es tan lento que ya no es posible que en los tres años restantes alcancemos el crecimiento del 6% anual que prometió Fox al inicio de las administraciones de derecha en México; no olvidemos que Calderón se presumió así mismo como el "candidato del cambio pero de la continuidad".
Aparentemente acostumbrado a que las cosas se hagan a su modo Calderón ha caído una vez más en sus propias trampas.
Sin embargo esta vez no se trata de decretar solamente la muerte de una anciana por gastritis.
Los malabares lingüísticos de quien habita Los Pinos son cada vez más preocupantes y no por las consecuencias que desencadenen sino más bien por que, en este caso, las palabras de Calderón no significan absolutamente nada; todo, irremediablemente, se va por el caño de la desesperación.
Mientras que la fantasía calderonista no termine de aterrizar en la el piso de la realidad cotidiana tendremos que conformarnos con remedos de gobierno y remedos de soluciones.
El paramilitarismo oficiado por los munícipes de Nuevo León ha tenido un débil llamado de la Secretaría de Gobernación, un simple llamado entre compadres que más bien parece una súplica opcional; y recurriendo al lugar común de la comedia: había escuchado de la soberanía de los municipios pero.
. . Pero esta pretendida soberanía, que no lo es debido al sometimiento de estados y municipios ante el gobierno federal mediante la asignación de presupuestos y excedentes petroleros, tiene la conveniente atribución de focalizar problemas que son consecuencia directa de la anarquía y debilidad de un estado.
El crecimiento y expansión del narco, de pronto dejó de ser un problema y, de acuerdo al discurso federal, ahora es más importante cerrar las heridas e integrarse al llamado a la unidad: muertos de hambre o de bala, pero unidos.
Comentarios: morfosdp@gmail.
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