Los ciudadanos mexicanos tenemos una gran gama de servicios que en parte son subsidiados con dinero del estado para así abaratar su adquisición. Por ejemplo, el servicio de Transporte Colectivo Metro está subsidiado y ello se refleja en el costo del boleto el cual es de dos pesos; sin el subsidio el costo sería mucho mayor. De la misma forma las gasolinas, algunas operaciones agrícolas y agropecuarias, la salud pública, cuentan con subsidio que, de cierta forma hacen de estas materias accesibles al gran público consumidor. Sin embargo el subsidio en México ha dejado ser un beneficio del paternalismo-socialismo que dejó los largos años de dictadura priísta ya que hoy la razón de ser de este fenómeno económico ( fenómeno en su acepción folklórica más no de asombro) es la de sostener la endeble infraestructura con la que cuenta el país en su diaria jornada.

Desde el mes de Septiembre de este año la administración del gobierno de facto publicaba estudios, además encargados a firmas privadas, sobre la competitividad de ciertos sectores, entre ellos el energético, además sobre los costos que representaba al estado subsidiar a las industrias que mueven al país. Los números que ellos manejan son alarmantes, no podrían esperar otra cosa, pero el énfasis sobre el exceso de subsidios se centró, precisamente, sobre los costos de la energía eléctrica.

El Instituto Mexicano de Competitividad (IMC), autor del estudio en cuestión, menciona que el Presupuesto de Egresos de la Federación para el año 2010 ya había apalabrado 35 mil 16 millones para la operación de Luz y Fuerza del Centro (hoy seguro que Hacienda ya anda viendo si esa cantidad tapa un poco el agujero financiero de Calderón), pero no sólo eso, el mismo IMC señala, con especial atención, sobre el déficit con el LyFC operaba y era del 57% en promedio. Es decir: LyFC, según el IMC, requería de un subsidio que representaba más de la mitad de los ingresos que la paraestatal generaba por sí misma. Curiosamente, y de forma un tanto amable, el IMC también señala el 34% de déficit que padece la Comisión Federal de Electricidad (CFE ). Pero a esta última le fue concedida una gracia que raya en lo magnánimo.

Al margen de las mediocres paraestatales con las que contamos ( y la consecuente suerte con la que sobreviven) la esencia del subsidio parece ser uno de los grandes enemigos a combatir en esta administración de derecha católica. Una de los ingredientes para una verdadera receta neoliberal es la eliminación de los subsidios para que las empresas privadas ofrezcan una "mejor" opción al consumidor, opciones relativamente benéficas desde el punto de vista del voráz capitalismo. El FMI es el autor de tal receta y Carstens, como buen catador de recetas y ex segundo al mando de dicho organismo, tiene a bien preparar el horno para tal menjurge.

En la preparación se han roto más de 40 mil empleos, mucho descontento social y la certidumbre sobre qué este país está conducido con una cuba bien cargada y un garrote bien sujeto. Privatización, eliminación de subsidios, eliminación de puestos de trabajo. ¿Qué de bueno puede salir de ello? Pregunta demasiada justa si observamos a un país hambreado, hambriento y con una enorme facilidad de armarse.

Siguiendo una lógica muy simple reflexionemos:

Retirando los subsidios se elevan los costos de adquisición de servicios (luz, gas, etc..) ->Con una crisis de desempleo nunca vista tales servicios serían impagables ->El capital privado ofreciendo servicios no mejora el panorama pues no hay trabajo con que pagar dichas materias ->Tapando agujeros del gobierno con dinero que ya había sido destinado a infraestructura es como alimentar a Carstens en un comedor popular.

No tiene ningún sentido.

Con datos de: http://imco.org.mx

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