Sin duda alguna los lamentables hechos sucedidos en la estación del metro Balderas son una tragedia. Pero, y con afán reflexivo y participativo, ¿Qué lo hace más memorable o trágico que otros eventos mucho más terribles que sucedieron ese mismo día o tan sólo un día antes?
También es evidente que los sentimientos de quienes vimos, aunque sea en video, la brutalidad con que fueron ultimados un policía preventivo y un ciudadano se crispan desde el miedo hasta la indignación; pero ¿Y si no lo hubiésemos visto tendría el mismo impacto en nuestra indignación de oficio? De entrada lo dudo.
Decenas de muertos resultaron de las fiestas patrioteras, algunos por los habituales pleitos de borrachos, otros tantos sumados a la cuenta de los grupos de narcotraficantes, etcétera. Muchos de ellos fuera del Distrito Federal y ninguno grabado y expuesto a los ojos impresionables ciudadanos que temen ver arruinados sus desabridos festejos. Sin restarle gravedad al incidente del metro en la Ciudad de México, bien podemos seguir sosteniendo que las víctimas de hechos mortales son más impactantes, en lo mediático y social, si estas suceden en la capital. ¿Esto parece justo?
Tantos cuestionamientos se basan en los efectos que causan en la opinión pública, la incredulidad ante la violencia, la sospecha recurrente por ver tanta violencia injustificada. ¿Si esto hubiese ocurrido en el metro de Monterrey y Guadalajara habríamos reaccionado de la misma forma? Nuestra visión corta y centralista impide ver más allá que nuestras tragedias de a metro. El protagonismo político que ha recaído sobre Marcelo Ebrard hacen del D.F. un botín mediático demasiado suculento para que las fuerzas del gobierno de facto lo dejen por la paz; si sucede en el D.F. entonces sucede en México entero. La propagación del miedo donde antes nos sentíamos medianamente seguros se ha ido pero será la necesidad más inmediata lo que hará que nos traguemos ese miedo cuanto antes. El miedo, en este caso, fracasó antes de sonar el primer disparó.
Hace unos horas escuchaba la opinión de alguien que le dió la autoridad de experta y trataba de explicar que el comportamiento del asesino del metro podría tratarse de un CopyCat (un imitador) del secuestrador del avión de hace algunos días. Sin ser experto me atrevo a decir que tal cosa es exagerada y la influencia psicótica sobre los males del primer mundo aún no los padecemos quizás por nuestra practicidad y cinismo que tenemos arraigados los mexicanos; digamos que nuestros locos son más tradicionales, más folklóricos si es que esta expresión describe esta realidad. Y basta ver la nota roja diaria para darnos cuenta de ello; sin embargo, y mientras nuestros "expertos" americanizan a nuestros enfermos mentales, habrá que seguir formando juicios dentro del debate no postulado que difiere si es lo mismo un asesino que mata a dos o un gobierno que mata a miles al día por omisión.