Histórico

Nancy N

Max Iturbe (@_maxiturbe)

15-02-2010

Nancy N. es una chica de 25 años licenciada en psicología y originaria de Culiacán, Sinaloa.

Buena persona y excelente ex-compañera de trabajo, reside lejos de su familia y amigos debido a la ola de violencia que vive su estado.

Víctima  de la ingobernabilidad  y de las ineficientes autoridades coludidas  con el narcotráfico, llegó a vivir al estado de Jalisco desde hace un par de años, que según comenta han sido los más felices de su vida, lejos de "la muerte" que dice ella se respira en Culiacán.

Desafortunadamente hace un par de meses, por azares del destino, tuvo que regresar a su tierra, presa de la injusticia, por haber sido víctima de acoso sexual por parte de un alto directivo de la empresa donde  trabajaba.

Eso la obligó a renunciar y  a volver a su estado ante la falta de recursos para poder sostenerse por sí sola.

Desde su punto de vista fue un "terrible error" retornar  a su tierra.

Desde el primer día que tocó tierras sinaloenses, malas noticias.

Un par de amigos muertos en un "antro" victimas de las balas que se produjeron por una disputa de pequeños narcotraficantes.

"Maldita sea la hora en la que regrese", comenta.

  A raíz de eso me interesó saber más de su experiencia, a lo que ella accedió y, con lujo de detalle, me describió cada una de las muertes de sus familiares y amigos en esta guerra fallida del Estado contra  el narco.

"Está cabrón, en la tele no se ve ni la mitad de todo lo que los culichis vivimos", dijo.

  A lo largo de  la conversación pude observar que  en Nancy no cabe  el temor a la sangre ni a ver muertos, sin embargo dice estar cansada de ello.

He visto cómo matan a un par de  primos por confundirlos con narcos y, de mis amigos  ya casi no  me queda ninguno vivo".

Como si no fuera suficiente el regresar a su casa, le resulta deprimente ver como un recuerdo imborrable de lo ocurrido, la puerta llena de impactos de bala  que causaron la muerte de varias personas desconocidas, que fueron ejecutadas afuera de su domicilio.

Dice: "Lo más desagradable es limpiar la sangre, no se quita ni del piso ni de la pared".

Yo añadiría, difícil también de borrar de la memoria.

  Nancy se anima y va un poco más allá,  afirmando que sabe cómo  se maneja el narco con las autoridades, ya que  un  familiar suyo  trabaja para la procuraduría Estatal.

 Afirma: "Todo mundo aquí sabe dónde viven los narcos y no los agarran,  las autoridades no hacen nada por temor y complicidad con estos cabrones.

Hasta les ayudan a  localizar gente para levantarla".

La conversación continúa y me indica que para  muchos jóvenes sinaloenses como ella,  un pasatiempo común es  leer en el periódico local una sección que hace referencia al número de muertos que se generan por ejecuciones del narco y  buscar a sus amigos o familiares fallecidos en la nota roja como si fuera algo meritorio aparecer en ella.

  "Nomás estaba esperando el Pinche periódico y rogándole a dios que no saliera nadie de mi familia ni algún amigo".

Y desafortunadamente un par de veces tuvo que ver nombres familiares en el periódico.

Esta situación de ver la violencia y la muerte de tan cerca y convivir con ella a todas horas, le hizo  perder un poco la noción de lo que era normal y de lo que no: "Ya era nuestro pan de cada día, salir de casa con la bendición de nuestros padres y con lagrimas en los ojos despedirse de uno".

Para concluir Nancy suena muy honesta y seria  al decir que no extraña ni a su familia ni a sus pocos amigos que quedaron vivos.

Me dice: "Cabron, no me duele aceptar que no extraño a nadie ni a nada de allá, estaba harta de todo y aquí es muy tranquilo, prefiero morirme de hambre y sin empleo a morir baleada en Culiacán".

Actualmente Nancy sigue en búsqueda de empleo sin mucho éxito debido a que también en Jalisco hay mucha resistencia para  contratar gente de Sinaloa, por la mala fama que se ha hecho de sus pobladores.

Espero que esta breve historia haga un poco más del conocimiento público cómo ve la vida una Joven sinaloense (Culichi como ella se nombra) y de que difícil resulta resistir el clima de ingobernabilidad que se vive en su estado.

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