La noche del 23 de febrero, el Centro de Estudios Espinosa Yglesias convocó al “ex”presidente Salinas de Gortari a reunirse con un grupo de “ex”funcionarios de su gobierno, “ex”banqueros y se fue en contra de sus “ex”amigos. En el marco de los aplausos en el hotel Marriott, el señor Salinas de Gortari expresó lo siguiente: “es importante recuperar por parte de México el control del sistema de pagos”.
Quizá el señor Salinas sabe bien que muchos de los mexicanos tienen memoria corta, y por tanto, hoy sale con este tipo de declaraciones, que si bien son políticamente correctas, olvida que la cimentación de la estructura financiera que permitió la entrega de la banca a capitales extranjeros fue precisamente la dispuesta durante su sexenio.
El expresidente Salinas, acusó a Ernesto Zedillo de haber filtrado información a un puñado de empresarios, para que estos mediante argucias financieras vaciaran las arcas nacionales, y con ello vendría el desplome de la economía mexicana y la presión de los estados unidos por elevar las tasas de interés de un 7 al 110 por ciento.
Si se le diera crédito al dicho del expresidente Salinas, tendríamos que disculparnos por todas las maldiciones y mentadas de madre que en su nombre hemos pronunciado millones de mexicanos.
Por fortuna, la memoria social trasciende más allá de la dinámica y la prisa de la memoria de la clase política, y valdrá la pena recordarle al señor Salinas de Gortari, que este país, cuenta con un largo historial de saqueo por parte de sus gobernantes corruptos y grises, y que en todo caso, la entrega del patrimonio de la nación a los poderes de la iniciativa privada fue encumbrada justamente en su administración por sus hermanos, familiares y amigos cercanos.
Lo paradójico del evento organizado por el Centro de Estudios Espinosa Yglesias, es que el expresidente Salinas defendió su proceso de reprivatización de la banca a principio de los noventa, siendo que uno de los perjudicados en aquel momento fue Don Manuel Espinosa Yglesias, a quien se le pusieron todas las trabas para evitar que recuperara el banco de comercio hoy controlado por los españoles del banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA Bancomer).
Sin duda, el expresidente Salinas es un hombre polémico. Conozco historias que reconocen que gracias a las reformas tributarias hechas en su sexenio, hubo quien amaso fortunas que les permitieron alcanzar cierto bienestar social. Hay quien también agradece la reducción de los tres ceros al peso porque le dio fluidez a la economía. Pero también conozco historias que sostienen que fue el autor intelectual del asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta y de la desaparición de decenas de periodistas.
Lo cierto es que desde mi punto de vista, el expresidente Salinas hizo más daño que bien a la nación. La privatización fue voraz en su sexenio. La represión se reescribió más contundente. Los círculos del poder adquirieron mayor fuerza, tanto que hoy son intocables e indestructibles.
Me da pena leer que aquel hombre poderoso al que conocí y estreché la mano en 1988 en su casa de San Ángel, cuando trazaba los primeros planes de su campaña electoral, y más tarde ya como presidente de México en un evento de su programa emblemático “Solidaridad”; hoy se vea reducido a dictar conferencias que a nadie le importan y que su voz lejos de escucharse y tener resonancia en la opinión pública, causa la mofa de los que en su momento fueron sus más cercanos amigos.
En otros momentos de la vida pública y política, la voz de Salinas era prácticamente ley. Terminado su sexenio sus declaraciones en el extranjero venían acompañadas de temblores. Hoy, su nombre sigue siendo útil para los discursos, pero sólo eso. Se dice que Beltrones, Paredes, Rojas, Peña Nieto y demás priístas responden a los intereses políticos de Salinas. Pregunto: ¿no será sólo a los intereses económicos?
Definitivamente el expresidente Salinas no es más que un diluido papá cuervo. Hoy sus hijos de las clases política y económica, comienzan a sacarle los ojos. En el mismo evento del Centro de Estudios Espinosa Yglesias, sus cercanos descalificaron las privatizaciones y señalaron los errores. Uno que otro trató se salir a flote, pero el barco para entonces ya estaba hundido.
Salinas seguirá siendo un hombre de poder, pero dudo mucho que siga siendo el hombre de decisiones.
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