Me nace la necesidad imperante de escribirle un fragmento analítico de la debacle empresarial regiomontana, al que hace alusión en su columna publicada en SDPnoticas.com fechada el 12 de enero del 2010.
Mucho se ha especulado de los sucesos detonantes que pudieran acontecer en nuestro país por estas fechas conmemorativas al Bicentenario de la Independencia y al Centenario de la Revolución. Hasta ahora sólo se han escuchado voces disidentes que vaticinan levantamientos insurgentes por las supuestas condiciones similares de antaño. Pero no he leído ni escuchado una voz discordante que presagie un levantamiento de carácter industrial.
Después de leer los diarios, columnas y revistas online de la venta de la Cervecería Cuauhtémoc a la firma cervecera Heineken (aunque algunos medios han disfrazado la quiebra del importante grupo cervecero argumentando fusión con el consorcio europeo), me queda claro que una vez más la crisis que atraviesa México, ha puesto en descubierto la impericia en la forma de hacer Businessa los empresarios mexicanos, en especial al ícono de progreso y prosperidad que ostentan las familias pudientes de Monterrey.
Citaré una anécdota escrita por Alicia Ortiz en un artículo de CNNExpansion. Cuando Fernando García Roel preguntó por cuánto tiempo era su designación como rector del Tecnológico de Monterrey, Eugenio Garza Sada, su fundador, hombre adusto, le respondió: "Mire, ingeniero, usted puede dejar de ser rector cuando suceda una de estas tres cosas: que usted se muera... con la divina providencia no nos metemos; que usted renuncie, ése es su problema, no nuestro, o que lo corramos. Y lo correríamos si sucede una de dos cosas: que haga usted una pendejada muy grande, o bien que repita una pendejada pequeña"
Siguiendo un estilo ortodoxo de las prácticas empresariales de los hombres de negocios como Eugenio Garza Sada, los empresarios regiomontanos han cometido pequeños errores sistemáticos (por no decir, pendejadas pequeñas repetitivas) que los han orillado a su debacle para conformarse como simples espectadores insertados en consejos administrativos de empresas extranjeras.
Es tiempo que exista una Revolución, pero industrial en nuestro país, es tiempo que el sector privado se apoye del sector académico y tecnológico como único medio del desarrollo, innovación y crecimiento, es necesario hacerle ver a estas familias conservadoras acaudaladas que no vasta con erigir una universidad que sólo lleve el título de Tecnológico en su nombre, ya que en la realidad, está muy lejos de ser un verdadero centro de investigación y desarrollo que contribuya para todo el país, y sólo se ha limitado a representar a la élite y a un grupo de empresarios autistas.
Los que se creen burgueses critican mucho a la UNAM y al IPN como instituciones educativas caducas e ineficientes para los tiempos actuales, pero olvidan que a lo largo de su creación estas universidades han contribuido fuertemente al desarrollo industrial, tecnológico y científico para México. El empresario mexicano no se ha ilustrado de las naciones ricas que están sustentadas en la educación de su pueblo y la fuerte inversión en investigación y desarrollo científico como único medio de evolución en todos los ámbitos humanos. Sin embargo, nosotros primero deseamos insaciablemente las riquezas materiales sin antes invertir en ciencia y tecnología propia.
Ya pasaron más de un siglo de aquellos íconos industriales de orgullo nacional, ahora es tiempo que surjan nuevos individuos emprendedores que lleven a México a un verdadero cambio y progreso. Se requiere de empresarios liberales y revolucionarios sin temores a la innovación tecnológica.
Un emprendedor jamás debe pregonar un pensamiento conservador porque ello lo limita a buscar nuevas formas nunca antes implementadas en el mundo de los negocios.
La Revolución debe comenzar desde las Pymes, alentando y educando a todos y cada uno de los pequeños y medianos empresarios en la imperante búsqueda inalcanzable de la mejora continua, trabajar duro con la eliminación del desperdicio en sus procesos, eliminar el manejo irresponsable de sus finanzas, dar paso a la institucionalización de sus pequeños negocios; permitiéndoles así poder tomar decisiones corporativas y no patriarcales, apoyarlos en las universidades y tecnológicos con proyectos acorde a sus necesidades y del mercado.
Necesitamos desarrollar urgentemente emprendedores visionarios que olfateen el cambio, que se anticipen a las tendencias globales de los negocios, ya basta de cacicazgos con doble retórica que en el discurso se oponen a medidas regulatorias por el Estado pero que en la práctica exige intervención del mismo para su rescate. Para ese grupo regiomontano afamado por muchos articulistas especializados en temas de negocios se les debe de dar la vuelta, y dejar que ellos sigan enfrascados en buscar cómo salvar su apellido de abolengo, más que en la necesidad de transformar sus organizaciones para los tiempos actuales que requiere el Business World.
Me nace la necesidad imperante de escribirle un fragmento analítico de la debacle empresarial regiomontana, al que hace alusión en su columna publicada en SDPnoticas.com fechada el 12 de enero del 2010.Mucho se ha especulado de los sucesos detonantes que pudieran acontecer en nuestro país por estas fechas conmemorativas al Bicentenario de la Independencia y al Centenario de la Revolución. Hasta ahora sólo se han escuchado voces disidentes que vaticinan levantamientos insurgentes por las supuestas condiciones similares de antaño. Pero no he leído ni escuchado una voz discordante que presagie un levantamiento de carácter industrial.Después de leer los diarios, columnas y revistas online de la venta de la Cervecería Cuauhtémoc a la firma cervecera Heineken (aunque algunos medios han disfrazado la quiebra del importante grupo cervecero argumentando fusión con el consorcio europeo), me queda claro que una vez más la crisis que atraviesa México, ha puesto en descubierto la impericia en la forma de hacer Businessa los empresarios mexicanos, en especial al ícono de progreso y prosperidad que ostentan las familias pudientes de Monterrey.Citaré una anécdota escrita por Alicia Ortiz en un artículo de CNNExpansion. Cuando Fernando García Roel preguntó por cuánto tiempo era su designación como rector del Tecnológico de Monterrey, Eugenio Garza Sada, su fundador, hombre adusto, le respondió: "Mire, ingeniero, usted puede dejar de ser rector cuando suceda una de estas tres cosas: que usted se muera... con la divina providencia no nos metemos; que usted renuncie, ése es su problema, no nuestro, o que lo corramos. Y lo correríamos si sucede una de dos cosas: que haga usted una pendejada muy grande, o bien que repita una pendejada pequeña"Siguiendo un estilo ortodoxo de las prácticas empresariales de los hombres de negocios como Eugenio Garza Sada, los empresarios regiomontanos han cometido pequeños errores sistemáticos (por no decir, pendejadas pequeñas repetitivas) que los han orillado a su debacle para conformarse como simples espectadores insertados en consejos administrativos de empresas extranjeras.Es tiempo que exista una Revolución, pero industrial en nuestro país, es tiempo que el sector privado se apoye del sector académico y tecnológico como único medio del desarrollo, innovación y crecimiento, es necesario hacerle ver a estas familias conservadoras acaudaladas que no vasta con erigir una universidad que sólo lleve el título de Tecnológico en su nombre, ya que en la realidad, está muy lejos de ser un verdadero centro de investigación y desarrollo que contribuya para todo el país, y sólo se ha limitado a representar a la élite y a un grupo de empresarios autistas.Los que se creen burgueses critican mucho a la UNAM y al IPN como instituciones educativas caducas e ineficientes para los tiempos actuales, pero olvidan que a lo largo de su creación estas universidades han contribuido fuertemente al desarrollo industrial, tecnológico y científico para México. El empresario mexicano no se ha ilustrado de las naciones ricas que están sustentadas en la educación de su pueblo y la fuerte inversión en investigación y desarrollo científico como único medio de evolución en todos los ámbitos humanos. Sin embargo, nosotros primero deseamos insaciablemente las riquezas materiales sin antes invertir en ciencia y tecnología propia.Ya pasaron más de un siglo de aquellos íconos industriales de orgullo nacional, ahora es tiempo que surjan nuevos individuos emprendedores que lleven a México a un verdadero cambio y progreso. Se requiere de empresarios liberales y revolucionarios sin temores a la innovación tecnológica.Un emprendedor jamás debe pregonar un pensamiento conservador porque ello lo limita a buscar nuevas formas nunca antes implementadas en el mundo de los negocios.La Revolución debe comenzar desde las Pymes, alentando y educando a todos y cada uno de los pequeños y medianos empresarios en la imperante búsqueda inalcanzable de la mejora continua, trabajar duro con la eliminación del desperdicio en sus procesos, eliminar el manejo irresponsable de sus finanzas, dar paso a la institucionalización de sus pequeños negocios; permitiéndoles así poder tomar decisiones corporativas y no patriarcales, apoyarlos en las universidades y tecnológicos con proyectos acorde a sus necesidades y del mercado.Necesitamos desarrollar urgentemente emprendedores visionarios que olfateen el cambio, que se anticipen a las tendencias globales de los negocios, ya basta de cacicazgos con doble retórica que en el discurso se oponen a medidas regulatorias por el Estado pero que en la práctica exige intervención del mismo para su rescate. Para ese grupo regiomontano afamado por muchos articulistas especializados en temas de negocios se les debe de dar la vuelta, y dejar que ellos sigan enfrascados en buscar cómo salvar su apellido de abolengo, más que en la necesidad de transformar sus organizaciones para los tiempos actuales que requiere el Business World.Ahora es tiempo no sólo para una Revolución de conciencias como lo ha expresado Andrés Manuel López Obrador, se necesita otra Revolución, pero Industrial. Ya se dejó pasar una oportunidad en el 2006 por parte de la burguesía mexicana, es momento que la clase media una vez más, sea la que se vuelva a levantar en rebelión, pero esta vez quenosea para rescatar a la élite, sino para redimir a México y a sí mismos mediante una Revolución Industrial impulsada desde abajo, apoyada fuertemente por las instituciones académicas como son la Universidad Autónoma de México y el Instituto Politécnico Nacional que hasta ahora, siguen y seguirán siendo semilla del desarrollo y avance científico e industrial para la nación.