Andrés
Manuel López Obrador ha comenzado el peregrinaje presidencial en su natal
Tabasco. "No hay que perder el tiempo" dijo. "Si esperara, le daría ventaja a
Peña Nieto."
Su
agenda está concentrada en el acercamiento con la ciudadanía. La intención es resolver los problemas que
nos aquejan. Asegurarnos que sí hay otra opción que desea voltear hacia
nosotros a la hora de gobernar. Cuando a uno le remueve el corazón esa
condición, comparte ideales con aquellos que se sienten igual. No conozco a
ningún otro líder mexicano que esté dedicado a organizar, a despertar a la
gente, para que ellos mismos se encarguen de vigilar los tiempos, sobre todo
los electorales. Pero nadie es indispensable para el cambio. Porque se trata de
que la transformación se de en el corazón del pueblo, en los habitantes, en los
que votan finalmente alcanzando el éxito. La revolución de las conciencias
mexicanas. AMLO enarbola una bandera basada en la fraternidad en la igualdad.
Además es de espíritu firme, no titubea ni se corrompe. Por lo que naturalmente
millones nos sumamos a su movimiento. Como lo hicieron las mayorías en torno a
González o Lula, quienes no han perdido la autoridad moral, el punto compartido
que caracteriza sus liderazgos y también el hecho de que no atesoran el culto a
la personalidad. Pero fueron los españoles y los brasileños los que se
organizaron, los que se unificaron en la idea de cambiar las cosas. Los que se
sacudieron la incivilidad, el conformismo, el "más vale malo por conocido que
bueno por conocer". Los españoles y brasileños dejaron de quejarse para
movilizarse. La inercia que doblegó a
los sistemas anquilosados en el poder no fue la centrada en la personalidad del
líder, fue la unión de la gente en torno a un proyecto nuevo que revitalizara
la vida pública nacional. La comprensión de que las leyes serán igualitarias,
sin privilegios indebidos. Somos nosotros los que debemos exigir la igualdad,
el respeto a los derechos humanos y civiles, a la libertad en sus diferentes
expresiones.
El
movimiento de resistencia civil pacífica iniciado luego del fraude, pertenece a
todos los mexicanos porque se impidió la legalidad, se defraudó a más de quince
millones de ciudadanos. Pero es un "lastre" como dice Federico, que ya dejamos.
Porque se volvió a levantar el ánimo de la gente. Pero para que unidos,
decidamos hacer frente a los motivos de la decadencia nacional, se deben
reconocer estas causas y partir hacia adelante. Por ello estamos aquí.
Estoy
en desacuerdo, que sería "el acabose" de la izquierda, si no se presenta AMLO a
las elecciones del 2012 apoyado por Marcelo Ebrard.
¿Dónde
dejan toda la vida y elementos valiosos que ha generado el influyente
movimiento civil pacífico, amalgama de
fuerzas políticas y sociales diversas, que se perfila con tanto brío que la
desesperada oposición simula públicamente copiar sus principios, sus políticas?
Nadie es indispensable, nadie necesita para
triunfar, sólo una opción. Si esta se
da, magnífico. Si no, adelante y con mayor empuje. Faltaba más.