Escribí lo siguiente en el libro Así fue. La historia de la bala que truncó el futuro de México:
"En la biblia está la
explicación del comportamiento de Manuel Camacho. La suya, en más de un
sentido, es la biografía de Caín, aquel labrador que no soportó que Dios lo
viera con menos simpatía que a su hermano menor, el pastor Abel. Los celos lo
enloquecieron, lo llevaron a padecer el más profundo rencor y un día
cualquiera, ya totalmente envenenado por el odio, Caín condujo a Abel al campo
y lo mató. Es casi la historia de Camacho y Colosio. Manuel, el hermano mayor
en la familia salinista, aquejado gravemente por la envidia (no soportó que
Salinas, el padre, no lo hubiese escogido como candidato a él) cometió desde el
día del destape del sonorense el peor de los crímenes políticos que alguien
puede realizar en el viejo sistema priista: indisciplinarse. Manuel Camacho,
resentido y obsesionado, decidió el mismo domingo 28 de noviembre de 1993,
sabotear la candidatura de Luis Donaldo".
¿Qué papel jugó Manuel
Camacho en la tragedia de Colosio? Por lo menos el del traidor utilizable por
políticos mucho más poderosos y más perversos que él.
¿Buscó Camacho
beneficiarse con la muerte de Colosio? Seguramente. Lo que me consta es que
Carlos Salinas de Gortari, en esa época muy amigo de Manuel Camacho, quiso que
la viuda de Luis Donaldo, Diana Laura, firmara una carta exonerando al entonces
principal enemigo político del candidato asesinado. Diana, que me mostró la
carta, se negó a hacerlo y, de ese modo, Camacho no pudo realizar su sueño de
ser presidente de la República.
¿A qué viene esa
historia en este momento? Simple: no pocas personas, algunas muy bien
informadas y con contactos en las agencias de inteligencia del gobierno, me han
comentado en los últimos días que temen que Camacho o los perversos políticos
con los que ahora ha pactado, caigan en la tentación de repetir la historia de
1994, ahora con la pretensión de incrementar la popularidad de la izquierda "moderna",
es decir, la izquierda transa que, por lo mismo, no soporta la verticalidad con
la que actúa la izquierda verdadera.
Al que menos le conviene un hecho de esa naturaleza es al gobierno
federal, que por lo mismo deberá alertar a sus servicios de inteligencia para
prevenir, en la medida de lo posible, algo así.
Yo solo diré que, de plano, no confío en el correcto
comportamiento del enfermizamente intrigante Manuel Camacho, que en su ambición
es capaz de cualquier locura, como la de dejarse utilizar otra vez por tipos
más listos y siniestros que él.