La guerra de Felipe Calderón

ya acabó con la tranquilidad y el desarrollo en Monterrey y en muchas otras

ciudades del noreste de México. Ahora empieza a destruir a las zonas

turísticas, como Puerto Vallarta, donde hubo granadazos en un bar lleno de

gente (en la Sultana del Norte, como de costumbre, las granadas explotaron en

la calle).

¿Tiene sentido la

guerra de Calderón que es ya abierto terrorismo? No, desde luego. Lo probaré

con la erudición de hombres sabios.

Pido permiso a

Voltaire para alterar una de sus frases famosas: "La guerra

de Felipe Calderón no suprime la barbarie, la perfecciona".

Ahora modifico

una expresión de Óscar Wilde: "Que un mexicano muera por la guerra de

Calderón no significa nada en cuanto al valor de esa guerra".

Cambio enseguida lo dicho por un anónimo en internet: "La

guerra de Calderón es una masacre de gentes que no se conocen, para provecho de

gentes que sí se conocen pero no se masacran".

Estas palabras de John F. Kennedy convenientemente enmendadas,

vienen al caso: "Los mexicanos debemos ya fijar un final para la guerra de

Calderón. Si no, la guerra de Calderón

fijará un final para nosotros los mexicanos".

Calderón no entendió a Franklin: "Jamás hubo una

guerra buena o una paz mala".

Mary Robinson diría a los diputados federales del PRI:

"El iPad los hará testigos de los horrores de la guerra de Calderón, pero no

proporciona medios para evitarla".

La guerra de Felipe Calderón confirma lo expresado por

un tal Alberto Navarro: "La humanidad camina hacia la barbarie... El 90 por

ciento de las víctimas durante la Primera Guerra Mundial eran soldados. Ya en

la Segunda, la mitad fueron civiles. Ahora, el 95 por ciento de las víctimas

son civiles".

Los partidarios de la guerra de Calderón tendrían que

leer a Erasmo de Rotterdam: "La paz más desventajosa es mejor que la guerra más

justa".

Karl Kraus diría: "El diablo es optimista si cree que

puede hacer peor gobernante a Calderón".

Y bueno, Calderón confirma que es verdad lo dicho por

un anónimo: "La guerra es el arte de destruir hombres, la política de

engañarlos".

En qué engaño viven los que creen todavía en el señor Calderón.

Pero esto no es lo peor.

Mucho más lamentable es que, irreflexivamente, la

gente que posee más poder en México trabaja para que llegue a Los Pinos alguien

todavía peor que Calderón: el mexiquense Enrique Peña Nieto.