Hay un

pacto entre Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard Casaubón, refrendado

esta semana: será candidato de izquierda el que esté mejor posicionado.

¿Qué

significa el que esté "mejor posicionado"? Simplemente: "El que tenga más

popularidad"?

¿Cómo se

puede determinar quién es más popular entre AMLO y Ebrard? Solo hay dos formas:

la primera, inadecuada y que dejará insatisfecho a todo el mundo, las

encuestas; la segunda, absolutamente democrática, unas elecciones primarias

abiertas a toda la población.

Aunque

AMLO, que es el aspirante de izquierda con el que yo simpatizo, está por

delante de Ebrard en todas las encuestas publicadas y no publicadas, considero

que por ningún motivo debe hacerse de la candidatura presidencial por la vía de

los estudios estadísticos. Aquí mis razones.

1. ¿Qué encuestador escogerían ellos?

Ninguno es aceptable porque ninguno tiene credibilidad, como quedó plenamente

demostrado en las elecciones de julio pasado.

2. El PRD ya probó que no es capaz de

respetar los resultados de las encuestas cuando se trata de procesos internos.

En la última elección para elegir dirigentes, se pactó que ganaría el que

saliera adelante en las encuestas de salida. En los sondeos ganó Alejandro

Encinas, pero Jesús Ortega no lo aceptó. El conflicto fue enorme y fue

resuelto, a la mala, por el tribunal electoral.

3. Roy Campos trabaja para Televisa,

que es una empresa claramente interesada en que Andrés Manuel López Obrador no

llegue a la Presidencia. Roy, además, realiza encuestas para Marcelo Ebrard

Casaubón, lo que le resta imparcialidad. Desde luego, si Roy Campos fuera un

profesional honesto, que a pesar de todo creo que sí lo es, en el caso de que

le propusieran participar en la selección del candidato de izquierda, tendría

que negarse a hacerlo por el simple hecho de que ha trabajado para uno de los

contendientes.

4. Ana Cristina Covarrubias ha sido

durante años la encuestadora de AMLO, lo que tendría que llevarle, por

honestidad profesional, a rechazar participar en el ejercicio para determinar

quién es más popular entre López Obrador y Ebrard.

5. Francisco Abundis, de Parametría,

trabajó en la campaña de 2006 para Ebrard. Desde ese año no es aceptable para

el equipo de AMLO. Me consta que uno de los principales colaboradores de López

Obrador, Octavio Romero, se negó en una reunión a hablar frente a Abundis porque

le parecía poco confiable. Esta es una percepción que no ha cambiado.

6. María de las Heras, que trabaja

mucho para el PRI, en algún momento, hace unos 20 años, colaboró con Manuel

Camacho Solís, principal estratega de la precampaña de Ebrard. Ella, por

honestidad intelectual, no podría aceptar participar en el ejercicio en el que,

en cualquier caso, será vetada por los colaboradores de AMLO. Lástima porque es

la mejor encuestadora de México.

7. Federico Berrueto y Liébano Sáenz

trabajan para Televisa y Milenio, dos medios muy hostiles a López Obrador, y

claramente están interesados en llevar a la Presidencia al priista Enrique Peña

Nieto. Eso, y el hecho de que sus encuestas siempre son las peores de todas,

los descalifica.

8. Ulises Beltrán, encuestador muy

identificado con Carlos Salinas de Gortari, no será aceptado ni por AMLO ni por

Ebrard. A estas alturas ellos no van a poner a la iglesia en manos de Lutero.

9. Rafael Giménez es un excelente

encuestador que trabaja para Felipe Calderón. Esto lo descalifica.

10. El principal mérito de GEA/ISA no es

estadístico, sino político: dio al sistema político mexicano al actual director

del CISEN. Por lo tanto, esta casa encuestadora no puede ser tomada en cuenta

por la izquierda.

11. Berumen no es un mal encuestador,

pero todavía no tiene suficiente prestigio.

12. IPSOS es una casa encuestadora que ha realizado poco

trabajo electoral.

13. Las encuestas de Reforma, que fueron muy buenas, ya no lo

son.

14. Las encuestas de El Universal, que nunca han sido buenas,

cada día son peores.

No hay

encuestadores confiables, pues, para algo tan complejo y de tanta trascendencia

como elegir al candidato presidencial de izquierda. Lo único que queda es la

democracia: elecciones internas abiertas a todos los ciudadanos mexicanos.

¿Que es

difícil organizar unas elecciones internas? Sin duda. Pero si los partidos de

izquierda no son capaces de hacer algo como eso correctamente y con civilidad,

menos aún podrán aspirar a la Presidencia.

La única posibilidad

que la izquierda tiene de justificar la no organización de unos comicios internos

radica en que uno de los dos aspirantes decline a favor del otro. El que se

sienta más débil que lo haga. Si ambos se sienten fuertes, pues que vayan a las

urnas sin miedo y sin complejos.

¿Que las

elecciones internas dividirían a la izquierda? Falso. Dividirían más las

encuestas cuchareadas realizadas por "expertos" que reiteradamente han probado

dos cosas: a) que anteponen sus intereses a su profesionalismo, y b) que cada

día son menos atinados.