Esta es
una actualización a mi columna "AMLO: Lo mejor de su discurso" que se
publicó anoche en www.sdpnoticias.com.
El periodista Jaime Avilés, de La Jornada, por su talento y, desde luego, por la fuerza del medio
en que publica, tiene muchos lectores. Desde muy temprano este lunes he
recibido llamadas y correos electrónicos preguntándome qué quiso decir el señor
Avilés al mencionarme en su crómica. He respondido que lo que quiso decir fue
lo que dijo. Ni más ni menos. Aquí el link: http://www.jornada.unam.mx/2010/07/26/index.php?section=politicaarticle=005n1pol.
Sintetizo lo expresado por don Jaime Avilés:
Que en
el mitin de Andrés Manuel López Obrador el jefe de Gobierno del Distrito
Federal, Marcelo Ebrard Casaubón, estuvo presente de dos maneras:
Regalando botellas de agua con el
escudo y el lema de su administración"Ciudad con Ángel", y prestando
el templete.
"Estuvo presente, asimismo, cuando
entre las ocho y las 10 de la mañana estrellitas de Televisa y amantes de
los ejercicios de relajación tomaron clases de yoga impartidas por Dalilah
Polanco, al término de los cuales Natalia Gil, organizadora del evento, le
dio las gracias tanto a Marcelo Ebrard como a Federico Arreola".
Es de gente de
bien agradecer al que te ha facilitado las cosas. Fue lo que hicieron los yoguis,
entre los que había figuras de Televisa, sí, pero también luchadores sociales
comprometidos con la resistencia civil encabezada por Andrés Manuel López
Obrador. Me refiero a que fue justo que le dieran las gracias a Ebrard por
haberles facilitado un pequeño templete para su evento. A mí me dieron las
gracias realmente por nada.
Intervine en el
asunto del yoga porque me lo pidieron Natalia Briseño y Alejandro Islas, dos de
los organizadores. Ellos, desde hace tiempo, pidieron prestado el Zócalo
durante seis domingos consecutivos. El gobierno de la Ciudad de México les hizo
caso y, hace dos semanas, empezaron sus actividades. Cuando se enteraron de que
ayer se iba a celebrar una asamblea de AMLO más a menos a la misma hora en que
habían programado sus lecciones de yoga, con sentido de la responsabilidad y
con ganas de evitar el menor problema se pusieron en contacto conmigo. Me
identifican como alguien que se reúne con frecuencia con López Obrador y me
pidieron que hablara con este y su equipo de logística para encontrar la forma
de que los dos eventos se realizaran sin contratiempos.
Hablé de eso con
López Obrador (antes lo había hecho con Polimnia Romana, del equipo de
logística del gobierno legítimo) y de inmediato Andrés Manuel le dijo a Nicolás
Mollinedo: "En el Zócalo cabemos todos, por favor te poner de acuerdo con los
organizadores del yoga y por nuestra parte les das todas las facilidades para
que realicen su evento sin problemas. Cuando terminen ellos, empezamos nosotros".
Así las cosas,
Nicolás Mollinedo y Alberto Islas se pusieron de acuerdo y hubo, en el Zócalo,
yoga de 8:00 a 9:30 horas y el lanzamiento de la campaña presidencial de AMLO
de 10:00 AM a 13:00 horas.
Desde luego, me
pareció un exceso que me dieran las gracias en público por simplemente haber
transmitido un mensaje.
Ahora continúa mi
columna "AMLO: Lo mejor de su discurso".
El
tono. Moderado. Conciliador. Incluyente. Sobre todo en lo referente a los
empresarios mexicanos. A estos, a los más grandes, los más ricos, AMLO no les
exigió de ninguna manera ser tan solidarios como Bill Gates y Warren Buffet donando
partes considerables de sus fortunas a causas filantrópicas. Ni espera de
nuestros potentados que, como los de Alemania, ofrezcan voluntariamente pagar
impuestos adicionales en estos tiempos de crisis. Nada de eso. Andrés Manuel
López Obrador a los hombres y mujeres de negocios mexicanos solo les prometió
que, si él llega a la Presidencia en 2012, van a tener que pagar impuestos. Ni
muchos ni pocos, solo los impuestos que personas con los niveles de ingresos
que ellos tienen pagan en otros países. Es exactamente lo que El Peje decía en
2006. Y es precisamente lo que llevó a la oligarquía nacional a calificarlo
como un "peligro para México". Ojalá las clases medias, que sí pagan
puntualmente sus impuestos, entiendan que es sensato lo que plantea López
Obrador. Sensato y atendible y, por lo tanto, plausible.