No conozco a Margarita Zavala. Es decir, si juzgo a la
esposa de Felipe Calderón lo hago basado solo en sus apariciones en público.
Creo que, con las limitaciones propias de su función, ha hecho un buen papel en
Los Pinos. Cuando ella y su Calderón llegaron al poder pensé que, por su
trayectoria (la señora Zavala ha actuado en política durante años), iba a
actuar con un enorme protagonismo, es decir, intentando gobernar tanto o más
que su marido. No ha sido así. O, al menos, yo no lo he percibido de esa manera.
Todo lo contrario, su desempeño ha sido discreto y, por lo mismo, positivo,
sobre todo comparado con el de la otra "primera dama" panista, Marta Sahagún de
Fox.
Recientemente vi a Margarita Zavala, acompañada de Felipe
Calderón, desayunando en el restaurante El Cardenal ubicado en Lomas de Chapultepec,
en el Distrito Federal. Mientras esperaba a que llegaran las personas con las
que yo iba a desayunar, observé a la pareja varios minutos. Ambos se conducían con
absoluta normalidad. Sin poses, sin ganas de hacerse notar. Comenté en Twitter
que los otros clientes de El Cardenal agradecíamos al Estado Mayor Presidencial
no molestar a nadie en el restaurante.
He visto a otras "primeras damas" en público. Todas ellas
salen a la calle evidentemente arregladas por profesionales. En mi opinión, hasta
lucen ridículas por aquello de que, aunque la mona se vista de seda, mona se
queda. Otra vez, pienso sobre todo en la inmediatamente anterior. No fue el
caso de Margarita Zavala hace 15 días en el que es, a mi juicio, el mejor
restaurante de la Ciudad de México. A la señora Zavala la vi hasta vestida con sencillez.
Parecía más una ama de casa de clase media que la esposa de un gobernante o que
una profesional de la política. Eso es bueno.
Hace un par de días Margarita Zavala se vio involucrada en
un incidente con jóvenes Boys Scouts de Chihuahua que le cantaron la porra que
grita la gente en Ciudad Juárez: "¡Todos al suelo!". Debió ser muy incómodo
para la señora Zavala escuchar eso, que por lo demás fue muy celebrado en las
redes sociales por los mexicanos que, aterrorizados, ya no soportan tanta
inseguridad. Lamentable.
Al margen de quién tiene la culpa de lo que está pasando en
nuestro país en guerra, lo cierto es que el problema es de todos. Y es muy
grave. Se han presentado ya acciones francamente terroristas provocadas por las
mafias del narcotráfico.
Ignoro qué pase por la cabeza de Felipe Calderón y sus
colaboradores cuando ocurren matanzas terribles como la de Torreón, Coahuila,
que ayer domingo fue nota en todos los diarios digitales del mundo. Lo cierto
es que Calderón ya debe admitir que está rebasado y que necesita ayuda, sobre
todo la que pueda brindarle el movimiento de resistencia civil encabezado por
Andrés Manuel López Obrador, al que no ha escuchado a pesar de que plantea soluciones
distintas y, en mi opinión, eficaces para salir de la crisis de violencia que
nos está destruyendo.
No estoy pensando en que Calderón se reúna con AMLO, sino en
algo mucho más práctico: que empiece a aplicar, cuanto antes, algunas de las
propuestas de Andrés Manuel, sobre todo las relacionadas con cambios profundos en la política
económica que debe dejar de favorecer solo a unos cuantos multimillonarios.
Por nuestra parte, los que participamos en la resistencia
civil tal vez debemos empezar a entender que, en medio de tanta violencia, ya
no ayuda, sino estorba que en vez de recurrir a la crítica racional a los que
gobiernan caigamos en las burlas vulgares, como algunas de las que han
aparecido a propósito de lo que le dijeron los Scouts a la señora Zavala.
Pero, que quede claro, no estoy pidiendo censurar nada. El
que quiera seguir con sus malos chistes, que lo haga, allá él. Solo he pedido
moderación y sensatez porque nuestra nación se está incendiando y ya estuvo
bueno de tanta frivolidad de aquellos y de nosotros.