Broma de mal gusto: "Hoy se respira en el

país, como nunca antes, plena libertad de expresión" (Mensaje de Twitter

de Javier Lozano Alarcón, secretario del Trabajo, con motivo del despido de Cármen

Aristegui, 08.02.2011).

El caso de Cármen

Aristegui es sólo la punta del témpano de una interminable serie de ataques y presiones

contra la libertad de prensa en México. Miles de periodistas a lo largo del país han experimentado estas agresiones, en ocasiones sutiles y con frecuencia burdas,

pero al carecer del alto perfil de la comunicadora agraviada, terminan en el

anonimato.

Carlos Moncada, mi padre,

escribió en 1988 sobre la trombosis que afectó la salud deRodolfo Félix Valdés,entonces

gobernador de Sonora, obligándolo a ausentarse de sus

funciones sin informarle a la ciudadanía*.Los colaboradores del mandatario estatal y los medios oficiales se esmeraron, con poco éxito, en aparentar que no pasaba nada.

Diez años después, el

gobernador confesó que los rumores fueron ciertos y que tomó la decisión de

ocultarlo porque pudo haberse visto como "una debilidad" que afectaría su

imagen ante los medios.

Los artículos de mi padre

provocaron la ira del gobernador. Así como con Aristegui, las presiones económicas

del gobierno del estado hicieron que lo despidieran del periódico en el que

trabajaba. Además, dos agentes judiciales asaltaron nuestro domicilio, del cual

sustrajeron pertenencias y documentos. La violencia de Félix Valdés le cerró

tantas puertas a mi padre, que se vio obligado a publicar sus artículos en un

pizarrón en el exterior de nuestra casa.

En noviembre del año

pasado circularon

rumores similares en la entidad sobre la salud del gobernador panista

Guillermo Padrés Elías, supuestamente afectado por un cáncer de páncreas,

mismos que nunca quedaron plenamente aclarados. La única diferencia fue que no

hubo represalias graves contra los periodistas por haber tratado el

asunto.

El estado físico de

nuestros gobernantes, aunque constituya una parte delicada del ámbito privado,

debe ser de amplio dominio público. Es legítimo cuestionar si están física

y mentalmente aptos para gobernarnos. En el caso de los gobernadores señalados

sus padecimientos pudieron poner en riesgo la estabilidad del estado y la

seguridad de los sonorenses, más si se ausentan de sus cargos sin solicitar una

licencia temporal o una renuncia definitiva para ser atendidos. En cuanto

a la situación de Felipe Calderón, de ser cierto que sufre alcoholismo, deberá

separarse de su cargo y buscar atención medica a la brevedad. De lo contrario, deberá comprobarle a

los mexicanos que no tiene un problema de adicción.

Concluyo esta

colaboración con un extracto del artículo de mi padre sobre Félix Valdés, con

algunos añadidos de mi parte:

"Es indispensable que un

gobernador [presidente], éste o cualquier otro, goce de salud excelente... La

soberbia de este régimen aristocrático, que se niega a dar explicaciones al

pueblo, es la causa de que las versiones más diversas circulen y se acepten

como verdades (algunas lo son)... El gobernador [presidente] es un ser humano y

se encuentra en riesgo de enfermarse; pero por el hecho de ser gobernador [presidente],

está obligado a informar al pueblo qué le sucede. No es justo para Sonora [México]

que ocupe la gubernatura [presidencia] un hombre con limitaciones de salud".

* Carlos Moncada Ochoa. "En

1988 tuvimos un gobernador con trombosis". Reportaje,

primera quincena de octubre de 1998.