Histórico

¿Celebrar o no celebrar?

Erich Moncada

22-08-2010

El gobierno federal parece preocupado.

Sus repentinos cambios de ánimo lo delatan.

Alonso Lujambio, secretario de Educación, dijo el miércoles que quien no quisiera celebrar el bicentenario "que no lo haga".

El viernes las críticas a la canción "El futuro es milenario" provocaron el retiro de Aleks Syntek de Twitter e hicieron que el sábado la SEP se retractara de su posición original, diciendo que la horrible canción nunca fue el tema oficial.

Aunque en el comunicado de prensa nunca se mencionó la palabra "oficial", lo cierto es que fue presentada como tal.

Qué tanto se estará difundiendo la idea de no celebrar el día del Grito para que el sábado Lujambio saliera a los medios para advertirnos que sería un "desperdicio imperdonable" no sumarnos a la celebración del derroche de 3 mil millones de pesos del erario, un error que nos reclamarían las futuras generaciones.

El funcionario se manifestó inquieto porque muchos mexicanos se están preguntando qué diablos estamos festejando.

En lugar deser autocrítico y comprensivo, Lujambio adjudicó la disidencia bicentenaria a la "mezquindad entre los mexicanos" y afirmó que "la mayoría aplastante estamos convencidos que tenemos mucho qué festejar, porque debemos festejar nuestra existencia, nuestro ser, nuestra cultura.

. . nuestra justicia".

Ahora resulta que expresar un legítimo cuestionamiento sobre el estado de la nación es ser mezquino, háganme el chingado favor.

Lujambio pasó a montarse sobre el trillado discurso de la unidad en torno a la figura presidencial: "Estamos convencidos de que la manera más eficaz de enfrentar los problemas colectivos que vive el país es uniéndonos los mexicanos, subrayando lo que nos une, desenfatizando lo que nos divide (.

. . ) y una manera de subrayar lo que nos une y desenfatizar lo que nos divide es precisamente festejando.

. . este es un método, es una forma, es un mecanismo para consolidar nuestra unidad".

Apenas el domingo 15 Felipe Calderón lanzaba el mismo mensaje durante el evento de traslado de los restos de los héroes a Palacio Nacional.

Citando a Miguel Hidalgo, Calderón dijo: "No necesitamos sino unirnos.

Si nosotros no peleamos contra nosotros mismos, la guerra está concluida y nuestros derechos a salvo.

Unámonos todos los que hemos nacido en este dichoso suelo.

. . Unámonos todos los que hemos nacido en este dichoso suelo.

La unión de todos los mexicanos es primordial.

. . es fundamental la unión de los mexicanos.

. . la unidad entre todos los mexicanos es crucial.

. . estemos unidos.

. . " ¿Así o más burdo?

El asunto de fondo no es celebrar o no celebrar.

La noche del 15 de septiembre la plancha del Zócalo lucirá abarrotada.

Las televisoras se encargarán de difundir el evento a millones de mexicanos.

Mucha gente de buena voluntad asistirá a pasarse un buen rato y no hay bronca.

También habrá quienes no decidan sumarse al jolgorio y sus motivos y preocupaciones son acertadas y respetables.

Sí hay muchas más causas para no celebrar que para hacerlo.

Pero en lo personal yo sí festejaré con mis compañeros como desde el 2006, en el Grito de los Libres.

Mientras el oficialismo lanza fuegos artificiales y pronuncia el llamado a la independencia desde un balcón, nosotros no necesitamos de un gran presupuesto; entre todos nos organizamos para decorar la plaza, poner la música, preparar y compartir antojitos, servir aguas frescas y pasar un bonita velada.

Creo que podemos hacer una fiesta sobria que no signifique adherirse a los excesos de un gobierno herido de muerte que se acerca poco a poco a su final.

Celebremos, porque "vamos a rescatar a México como se pueda, con lo que se pueda y hasta donde se pueda".

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