Ayer, el senado de la monarquía parlamentaria española aprobó la ley del aborto que autoriza la interrupción libre del embarazo hasta la semana 14 y que ha enfrentado al gobierno del presidente español José Luis Rodríguez Zapatero con la Iglesia católica y los partidos conservadores.
En esa ley, aprobado primero por los diputados del Congreso, se eliminó la calificación de aborto como delito y lo convirtió en un derecho.
Sí, leyeron bien.
El aborto en España es un derecho.
Dentro de cuatro meses, la ley entrará en vigor y autoriza el aborto libre hasta la semana 14 y hasta la 22 en caso de que el médico diagnostique riesgo serio para la vida del bebé o la madre.
Además, la ley permite abortar a menores de 16 y 17 años sin consentimiento paterno.
Mientras tanto, en México, 18 gobiernos estatales han aprobado leyes antiaborto, en un claro acuerdo intramuros entre el PRI y el PAN; y, en algunos casos, con apoyos del PRD y del PT.
En esas leyes se criminaliza a la mujer y se le trata como menor de edad, en el mejor de los casos; o como loca, en el peor de los casos (Veracruz) De esta manera, los principales partidos políticos avanzan, silenciosamente, hacia una ley federal anti aborto.
Sin necesidad de acuerdos electorales; sin ventilarlos al aire.
Los hechos hablan por sí mismos.
Se ve difícil que en México, un país sumamente conservador, exista una ley que permita a las mujeres a decidir sobre su cuerpo.
Ningún político en México, excepto Marcelo Ebrad, ha tenido los pantalones para promulgar una ley que apenas se aproxima a la ley española.
Mientras España y Europa se encaminan a un mundo con mayores derechos civiles que protegen a sus ciudadanos, nuestro país va en retroceso.
Y no nos debería extrañar.
Se lo debemos agradecer a nuestros políticos, de todos los colores, corrientes e ideologías, que se dedican a ver por sí mismos.
Que solo se preocupan por ganar las siguientes elecciones y no se ocupan en proteger a las próximas generaciones de mexicanos.
En España, un diputado de la Comunidad Valenciana tuvo un accidente automovilístico y se le comprobó ir por encima de la tasa de alcoholemia permitida por la ley.
Este diputado, que en el momento del accidente jamás usó su fuero ni presumió su cargo, renunció a su puesto en la Comisión de Seguridad Vial, de la cual formaba parte.
En México, un diputado de la asamblea legislativa del D.
F. , rompió una puerta porque no se la abrían; posteriormente agredió a un funcionario para hacer un show.
El dipuhooligan, así lo bautizó la prensa, alegó que podía hacer esas cosas porque tenía fuero.
Esas son las diferencias entre los políticos extranjeros y nacionales.
Aclaro: no creo que haya, en el mundo, políticos 100% limpios.
Y en todos lados habrá políticos congruentes e incongruentes.
Ya saben, en todas partes se cuecen habas; pero en México, nos pasamos de cocción.
Por último, quiero agradecer a Don Federico Arreola que me haya dado la oportunidad de publicar algunos de mis textos en este espacio.
Nuevas tareas me esperan y me impiden seguir colaborando aquí.
A todos, lectores y detractores, les mando un saludo.
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