En la derrota de México ante Ecuador en el "corral"
Omnilife de Chivas observamos lo que terminó siendo una reiteración
de los problemas del fútbol mexicano en los últimos 20 años:
Una completa falta de organización que hace que
selección tenga no dos sino ¡tres! directores técnicos en un año,
incluyendo dos nefastos "interinatos".
El abaratamiento del representativo nacional, a
costa de campañas publicitarias como las estúpidas playeras del
"Bicentenario", ah pero esi sí, "edición limitada".
La inclusión en la alineación de jugadores con
nivel muy bajo y que cualquier persona con sentido común se
pregunta que carajos hacen ahí, como el caso de Memo Ochoa y en
especial de Enrique Esqueda (casualmente, ambos del América).
La displicencia con la que algunos jugadores
afrontan este tipo de partidos, como por ejemplo Rafael Márquez,
que ayer se portó como verdadera vedette.
En realidad el fútbol mexicano, más que estancarse,
ha retrocedido. No parece 2010, parece 1990 y ahora resulta que ¡hay
que temerle! a equipos que ni siquiera calificaron al mundial, por
maletas, como Ecuador y Colombia.
Aunado esto al hecho de que el nuevo estadio de Chivas
ni siquiera se llenó y a que el partido terminó en un sonoro y
merecido abucheo para la selección, el partido de ayer que debió
haber sido un "festejo" terminó convertido en un duro despertar
tanto para aficionados como para mandamases. Dudo, sin embargo, que
este momento de claridad sea aprovechado de manera ventajosa por
quienes rigen con mano de hierro los destinos del fútbol mexicano y
en especial de la selección.