Ver a Felipe Calderón, el presidente más "salado" que ha tenido México en su historia, sostener la Copa del Mundo es algo, más que ofensivo, cruel e inhumano.
Que un fracasado como lo es el chaparrito peloncito de lentes mancille con sus sucias manos la presea que signa el mayor triunfo deportivo a nivel mundial -más que una medalla de oro olímpica, por simples alcances mediáticos- es, vaya, una mentada de madre. Se trata de algo simple y sencillamente grotesco.
Por lo pronto, México ya se "saló", de plano, en la siguiente Copa del Mundo. No se hará ese papel histórico que, sin muchas bases pero con muchos deseos, se anhelaba. Y desde ahora pronostico que el siguiente país que recibia la copa también se impregnará de la "pava" del breve mandatario. Lo siento mucho por Italia, que no podrá ser bicampeón del mundo.
Por lo pronto, la macabra salación calderonista del fútbol mexicano ya se dejó sentir: Chivas, equipo que rompió un récord mayor número de juegos consecutivos ganados a partir del inicio de una temporada, vio cortada su racha ante un equipo malón como lo es Jaguares de Chiapas, que llevaba aproximadamente 8 meses sin ganar en su propio estadio. ¿Coincidencia? No lo creo.
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