El día de ayer el representante de Salvador Cabañas, José María González, declaró que teme por la seguridad del futbolista paraguayo. Esto porque una persona que falsamente se identificó como la tía del futbolista, estuvo a punto de ingresar al pabellón de terapia intensiva donde se atiende al deportista agredido hace más dos semanas.

Entre los planes del señor González y de la familia de Cabañas se encontraría el llevarse al futbolista a terminar su recuperación a EE. UU. o a Paraguay. Ese hecho, exacerbado por la hasta entonces fracasada captura del "JJ" y sus relaciones con el narcotráfico que lo hacen permanecer hasta ahora libre, en la más completa impunidad, los habría motivado a tomar esta drástica decisión.

De llevarse a cabo la huída de Cabañas, la imagen de México, de por sí ya devastada y adjetivada en muchos lugares como "Estado Fallido", terminaría por hundirse completamente.

Significaría que el gobierno federal no puede garantizarle la seguridad a nadie. Ni siquiera a un rico futbolista empleado de la cadena televisiva más importante de latinoamérica.

Significaría que el narco, efectivamente, controla completamente el país a su antojo.

Significaría que las figuras del fútbol sudamericano que consideren venir a jugar a México lo pensarían dos veces antes de venir a arriesgarse a este estado fallido. Quizás por eso los Indios de Ciudad Juárez juegan tan mal. Quizás los futbolistas de ese equipo simplemente tienen miedo y ya quieren largarse de esa ciudad bañada en sangre.

Se que es fácil decir "¡que se largue Cabañas!" agitando el puño en un dengue patriotero, pero piénsenlo. Esta situación sería más grave de lo que parece.

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