Así como critique que ciertos sectores autoidentificados con la izquierda deshumanizaran a Salvador Cabañas tras la agresión que sufrió con los salvajes pretextos de que era “una cortina de humo” y otros comentarios malaleche no exentos de odio de clase, así voy a señalar también la repugnante actitud de Calderón respecto a los jovencitos miembros de un equipo de fútbol asesinados en Ciudad Juárez.

Como bien señalan Erich Moncada y Federico Arreola Castillo en sus respectivas columnas de hoy, mientras para los familiares de Cabañas hay llamadas personales para ofrecerles consuelo y promesas de justicia, para los chicos de Juárez solo existe la descalificación post-mortem, el argumento típico de la ultraderecha monstruosamente inhumana del estilo “si los mataron, fue por algo”.

Mientras la flor de la juventud mexicana -a pesar de tratarse de chicos de bajos recursos, lo siguen siendo, es de mencionarse además que se trataba de chicos sanos y deportistas- es masacrada en Juárez y en Torreón, Calderón se dedicaba a lanzar lontananzas descalificatorias contra los adolescentes muertos después de horas de humillante silencio.

No cabe duda que en México hay dos clases de justicia, una para quienes pueden ejercer presión mediática o ser aprovechados para lucirse en los medios y otra para la masa, anónima e indefensa. Y eso no lo puede negar nadie, ni siquiera quienes se dedican a agredir diariamente a quienes colaboramos en este medio. Es por eso que muchos nos unimos al trending topic #CalderonAsesinoen Twitter.

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