lunes 27 de marzo de 2017 | 04:31
Columnas

Real Política. El Partido de la Revolución Defraudada IV El PRI, un fantasma, una obsesión

@RubenIslas3 lun 20 mar 2017 17:22
El PRD vive una relación edípica con el PRI.
El PRD vive una relación edípica con el PRI.
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El PRI y su cultura política son endémicas en el México moderno. Nace el PRN como la aglutinación de las fuerzas emergentes del caudillismo un 29 de marzo de 1929, bajo la convocatoria nacional impulsada por el General Calles. En 1938 aparece del Partido de la Revolución Mexicana planteándose una estrategia de partido de sectores nacionales: Obrero, Campesino, Popular y Militar. Una alianza de trabajadores y soldados para hacer valer los logros de la Revolución, bajo el lema “por una democracia de trabajadores.

Miguel Alemán Valdés crea al PRI y Salinas lo inserta en la modernidad líquida. La vaguedad de su declaración de principios y programa de acción lo hacen un partido ideológicamente indefinido, su ideología (cuando gobierna un presidente priista) es la del Presidente en turno. El PRI siempre ha sido y es un apéndice del Presidente de la República.

El Sistema Político Mexicano se caracteriza por su matriz presidencialista autoritaria, la figura presidencial se ha constituido en centro de imputación de todos los fenómenos histórico sociales del país. Rasgo singular del sistema no ajeno a la cultura y a la tradición histórica del pueblo mexicano. El problema de la democracia mexicana no es político, es cultural. Permea a toda la vida política del País y es el sello que marca al PRD.

El PRD vive una relación edípica con el PRI; se trata del padre perverso al que hay que matar por haber ultrajado a la madre Revolución. El padre que violando los principios sagrados de la justicia social privatizo economía nacional, firmó el Tratado de libre Comercio de América del Norte, que reformó el 27 constitucional para hacer la contrareforma agraria, el que ha entregado el petróleo y la electricidad a los extranjeros; el represor de estudiantes en 1968 y el responsable de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. El padre corrupto que manipula elecciones y nos somete bajo el garlito del bien común de la Nación, bajo el halo protector del Pacto.

Por eso, para que todo cambie y amanezca la aurora de la felicidad y la justicia, hay que sacar al PRI de Palacio Nacional (y también de los Pinos) forjando todas las alianzas posibles y postulando a todo aquel converso (aunque la coversión sólo dure hasta el día siguiente de la toma de protesta) que se asuma antipriista de hueso amarillo.

El PRI es el fantasma y la obsesión de un PRD agónico, que carente de propuestas disputa las migajas. En vez de ver hacia la totalidad del sistema, el PRD se ha perdido en la particularidad de lo casual. ¡El PRI no es el problema, mentecatos! El PRI es sólo un instrumento de la fuerza real de poder que gobierna a la Nación y de la cual ha sido cómplice el PRD.

El PRI, se ha mudado ya dos veces de Palacio Nacional y de los Pinos, y todo sigue igual; el sistema sigue siendo el mismo, aún cambiando las instituciones y acortando el poder del Presidente.  Lo que no cabe en la cabeza de dirigentes de partido y corriente en el PRD, es que México demanda un partido de izquierda maduro y responsable. Que no vea en la paja del PRI el mal de todos los males de la Nación, sino que se atreva (con un Programa de Estado) a competir en la disputa de la República. Una izquierda que sepa identificar al titiritero, para enfocar sus baterías políticas a donde el pueblo demanda.