lunes 24 de abril de 2017 | 08:24
Columnas

Honduras y el riesgo populista en Centroamérica

@mayraveracruz lun 20 mar 2017 14:44
México ha ignorado países con los que les une lazos fuertes
México ha ignorado países con los que les une lazos fuertes
Foto propiedad de: Internet

 

 

Recorriendo Centroamérica, uno puede darse cuenta fácilmente del error que hemos cometido durante siglos la sociedad mexicana y sus respectivos gobiernos, al ignorar a los países de una región con la que nos unen lazos de sangre, históricos, geográficos y culturales, por tener la mira puesta en el vecino del norte, en su economía y en su estilo de vida.

Cuando no había fronteras, ni amenazas de muros, los mayas recorrían Guatemala, Belice, Costa Rica, Nicaragua, Honduras y El Salvador, y se instalaban en sus territorios llevando y construyendo desde entonces esa relación cultural que sobrevive a pesar del olvido y la falta de una política clara de acercamiento a un mercado potencial de 41 millones de habitantes que en conjunto tienen un Producto Interno Bruto del orden de los 171 mil millones de dólares.

Ciertamente México ha firmado a partir de la década de los 90s una serie de tratados de libre comercio con todos los países de la región y el intercambio comercial que es del orden de los 10 mil 900 millones de dólares, crece a una tasa anual del 13 por ciento, pero lo realizado parece muy poco frente a lo que se puede construir con base al natural entendimiento de países que en más de un sentido somos como hermanos.

El principal reclamo que se le hace a México desde estos países no es sin embargo por el poco trato comercial, sino por el tema de los migrantes que se internan en México rumbo a los Estados Unidos. Si bien hay aprecio e incluso cierta dosis de admiración por la cultura mexicana, el problema del resentimiento por el maltrato que le estamos dando en nuestra frontera sur a nicaragüenses, hondureños, guatemaltecos y salvadoreños, principalmente, crece de manera preocupante y me parece que es una advertencia de algo que puede volverse contra nuestro país ahora que con Donald Trump se ha terminado abruptamente nuestro propio espejismo, más que sueño americano.

Hay ciertos personajes mediáticos y políticos que trabajan en ese sentido, en el de distanciar a nuestras sociedades más de lo que nos han distanciado la inacción de nuestros propios gobiernos. Por ejemplo, en Honduras, donde el debate sobre los migrantes, el narcotráfico y las inversiones mexicanas son parte del discurso de las campañas rumbo a la elección presidencial de noviembre próximo.

Uno de los personajes que encarna este sentimiento anti-mexicano en ese país es el conductor de televisión y cronista deportivo Salvador Nasralla, que fue candidato presidencial en 2013 y logró el cuarto lugar en los resultados. Ahora, éste que es el émulo de Xavier López “Chabelo” en la televisión hondureña, ha construido una plataforma electoral a través de la televisión, siguiendo el ejemplo de Enrique Peña Nieto, que lo ha posicionado de manera natural a ser uno de los aspirantes en una eventual Alianza de partidos opositores al gobernante Partido Nacional, del presidente Juan Orlando Hernández, quien busca la reelección.

Recientemente hubo un escándalo en las redes sociales de Honduras porque Nasralla, de 64 años de edad y casado el año pasado con una ex miss Honduras 39 años menor, fue evaluado psicológicamente por un experto de la Universidad de Nueva York, el psiquiatra Rafael de la Peña Rodríguez, quien le diagnosticó delirios de grandeza, inestabilidad emocional, poca tolerancia a la frustración y otras características de los políticos mesiánicos que sienten que su papel en la vida es dirigir los destinos de su país.

El conductor de televisión odia a los mexicanos a partir de que un árbitro compatriota nuestro de cuyo nombre de veras no pude acordarme, pero que apodan “Chiquidrácula”, le anuló un gol a la selección hondureña en un partido contra Costa Rica rumbo al mundial de futbol, y alaba el buen gusto de Donald Trump para elegir sus corbatas. Aunque Honduras ha recibido a más de 10 mil migrantes repatriados de los Estados Unidos en los dos primeros meses del año, nada dice en defensa de esta población y sí en cambio apoya la construcción del muro y es un aliados de Manuel Zelaya, el ex presidente amigo de los extintos Hugo Chávez y Fidel Castro, que lanza recurrentes críticas a la empresa privada y ha bloqueado en algunos sitios, inversiones mexicanas a través de protestas “ecológicas”.

 

Nasralla, a quien algunos consideran “El Trump Hondureño” dice todo eso que le gusta escuchar a la gente desesperada por lo que siente que son pocos o al menos, lentos resultados de los partidos tradicionales, el Nacional y el Popular. Personaje que recurre al insulto y a la agresión contra sus detractores y adversarios, es uno de los representantes de ese populismo tan arraigado en América Latina que en tiempos electorales se encarga de dar respuestas fáciles pero inviables, a problemas complejos.

Recientemente se votó en Guatemala por un personaje similar a este político hondureño, el actor cómico Jimmy Morales, quien también era entrón, bronco y agresivo contra los políticos tradicionales, muy bueno en el discurso de campaña, pero un fiasco y una decepción tremenda como gobernante: su hermano y su propio hijo, fueron detenidos en un escándalo reciente de corrupción y fueron a parar a la cárcel.

Frenar estos proyectos populistas y antisistémicos parece ser una de las tareas prioritarias para la democracia en América Latina, porque la irrupción de personajes rupturistas en Estados Unidos, en Holanda, en Francia, en Alemania, son una enfermedad contagiosa que puede llevar a escenarios devastadores para la economía y las sociedades de la región centroamericana.