sábado 25 de febrero de 2017 | 03:39
Columnas

¿A quién defendemos?

@hestrada_otero vie 17 feb 2017 13:04
Foto propiedad de: Internet

 

Uno de los grandes problemas de nuestro país es la falta de un sistema de justicia eficiente y expedito, donde la máxima de que el ciudadano es inocente hasta que se pruebe lo contrario sea la constante, y no al revés como ocurre cotidianamente, donde él, el ciudadano, es quien tiene que buscar los elementos que lo defiendan, y no así la parte acusadora para demostrar la culpabilidad.

Saco el tema a colación, ya que desde los acontecimientos en Nayarit del pasado 9 de febrero, en los que un helicóptero artillado de la Marina abrió fuego sobre una instalación en la que se encontraba atrincherado el presunto narcotraficante, Juan Francisco Padrón Sánchez, alias el H-2, quien fuera considerado por las autoridades como un importante capo del cártel de los Beltrán Leyva, se han levantado múltiples voces cuestionando el actuar de las fuerzas armadas, y en particular, el de la Marina.

Voces que acusan con ignorancia, y en un caso en particular con lo que pareciera ya a todas luces, demencia senil; voces que cuestionan el actuar de la Marina en la defensa de la población y que irresponsablemente lanzan reclamos sobre supuestos niños muertos; voces que prefieren defender a los delincuentes y victimizarlos, que darles a nuestras fuerzas armadas el justo reconocimiento de la labor realizada.

¿Y todo para qué? Para poder tener sus 30 segundos de medios y así seguir en campaña electoral; todo para salir después a dar explicaciones estúpidas a sus dichos (“niños de 30 años”); todo para seguir en el reflector.

Sin embargo, parece que el tiempo se acaba y que la senilidad le llegó al Peje. No hay manera de defenderlo bajo ninguna óptica, el señor ha sistemáticamente mandado al diablo a las instituciones de este país, inclusive, ha jugado al “presidente legítimo”, pero sus argumentos y denuncias rayan ya en la necedad de la vejez.

Mientras no defendamos a nuestras instituciones, las fortalezcamos y exijamos que funcionen, dejando de ser apáticos y conformistas, todo lo demás será palabrería patriotera y viviremos expuestos a seguir siendo culpables hasta que podamos probar nuestra inocencia.