jueves 27 de abril de 2017 | 01:47
Columnas

SEP: Escuelas, Docentes y Autonomía

@jcma23 jue 16 feb 2017 23:33
Foto propiedad de: Internet

En próximos días  la Secretaría de Educación Pública (SEP), a través de su titular, Mtro. Aurelio Nuño, dará a conocer los documentos “pedagógicos blandos” de la actual Reforma Educativa. Lo digo así porque la parte “dura” está contenida en la reforma al Artículo 3º. de la Constitución Política del país, así como en la Ley del Servicio Profesional Docente, la Ley General de Educación y la Ley del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación.

“En ese sentido, -dice el Modelo Educativo 2016-, el planteamiento pedagógico —es decir, la organización y los procesos que tienen lugar en la escuela, las prácticas pedagógicas en el aula y el currículo— constituye el corazón del modelo”. En esa lógica, la propuesta pedagógica general viene a ser el sistema cardiovascular del Modelo Educativo. Si seguimos con las analogías: ¿Cuál será el sistema nervioso central de la reforma educativa de la actual administración federal?

Con este marco, las escuelas hoy en día, de nivel básico sobre todo, se enfrentarán al dilema de cumplir o no con los términos establecidos, al pie de la letra, del plan y los programas educativos (en términos de contenidos, métodos, estrategias de evaluación, materiales didácticos, tiempos, espacios, etc.), es decir, “ajustarse” o no a los dispositivos curriculares que establecerá, en breve, la autoridad educativa federal (SEP).

Pero si la escuela “decide” no cumplir con esos requisitos o criterios normativos, desde el punto de vista pedagógico, (que son los mínimos, obligatorios y únicos, por su carácter de aplicación en todo el territorio nacional), entonces la escuela, es decir: directivos, docentes, estudiantes, los demás integrantes de familia y asesores, entre otros, habrá de optar por la “autonomía curricular”, que deberá estar debidamente sustentada y argumentada, como para defender un proyecto educativo propio o alternativo, pertinente y oportuno, “ad hoc” a las necesidades y condiciones específicas de la comunidad cercana a la institución escolar.

Dicho en otras palabras, la escuela (al centro o no) deberá argumentar por qué no adopta los criterios rígidos establecidos por la autoridad federal o estatal en materia curricular, aunque sí tendrán que asegurar el  logro de los aprendizajes escolares fundamentales, sobre todo en lengua, comunicación y pensamiento matemático.

¿Realmente el nuevo Modelo Educativo y la normatividad correspondiente abrirán paso a la “flexibilidad curricular” y de verdad pondrán en la cancha de la “escuela” el balón de las decisiones respectivas sobre los contenidos, materiales y métodos educativos?

Se dice en los círculos académicos, que la autonomía curricular será relativa, porque las escuelas sólo podrán modificar un bajo porcentaje de los contenidos curriculares (aún no se sabe si será más o menos del 30 por ciento). De tal manera que la “flexibilidad” será acotada. Sin embargo, esta cesión de facultades a favor de los actores escolares, de darse, sentaría un precedente importante en la historia de las políticas públicas en educación, puesto que los dispositivos curriculares siempre han estado cerrados y sancionados de manera burocrática, por las autoridades federales y luego, operadas, controladas o vigiladas por las autoridades estatales.

Según el Modelo Educativo publicado en 2016, la comunidad escolar estará en posibilidad de proponer cambios en términos del qué y cómo se habrá de aprender, y se pronuncia a favor de un esquema menos rígido o cerrado en el plano pedagógico-curricular, con la finalidad de alcanzar de una manera más armonizada los fines de la educación. Suena muy bonito, pero hay que verlo en la práctica cotidiana del complejo “sistema” educativo.

 “De aquí la importancia de contar con un currículo flexible, que establezca los contenidos comunes al tiempo que permita su enriquecimiento y adecuación en el ámbito local” (dice el Modelo Educativo 2016).

La pregunta entonces es: ¿Hasta qué punto el nuevo Modelo Educativo 2017 de la SEP, dejará la puerta abierta para que la escuela emprenda las adecuaciones específicas y locales que requiere? ¿Cuál será el papel y el protagonismo de la escuela, los docentes y la autonomía en el futuro próximo? ¿O la escuela seguirá siendo una agencia de administración de los dispositivos burocráticos y clientelares? ¿Hasta qué punto los tiempos para aplicar estas ideas y buenas intenciones serán suficientes para convertirlas en políticas públicas?

Este difícil y sinuoso camino de la Reforma Educativa del gobierno de Enrique Peña Nieto, me recuerda a los pintores del puente Golden Gate: Cuando ya están a punto de terminar de dar mantenimiento a la mole completa, luego de meses de trabajo, requieren nuevamente repintar desde el comienzo.

 

 

 

*Profesor de la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Querétaro.

[email protected]